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Adoquinar o no adoquinar, esa es la cuestión

martes, 07 de marzo de 2017
Les prometí un resumen de la conferencia de sanidad a la que me invitaron ayer, y cumpliré mi palabra pero no hoy. Si están leyendo esto es que he llegado tarde a casa y no me he puesto a escribir así que tendrán que esperar a mañana. Sé que la impaciencia les corroerá sin duda alguna pero hoy toca así, qué le vamos a hacer.

Por hablar de algo muy pedestre, trataremos el sorprendente caso de la calle peatonal cuyo nombre no conoce nadie y que es la que está entre la antigua cárcel y la estación de autobuses. No sé si les ha coincidido pasar por allí últimamente, pero si lo han hecho se habrán percatado de que por fin se ha abierto al acceso público. Ha quedado preciosa, con sus arbolitos, sus tapas de alcantarilla… y sus adoquines.

Sí adoquines. Quiere el destino que cuando intento decir algo positivo del ayuntamiento hacen algo que lo estropea, y esto viene al caso porque hace no demasiado me dijeron que por qué no escribía un artículo sobre algo que hayan hecho bien y traté precisamente el asunto de la sensibilidad demostrada con los usuarios de sillas de rueda, tacones y personas en general haciendo “recorridos accesibles” en las plazas y calles que cuentan con el incomodísimo adoquinado.

Pues ya ven, basta que digas algo bueno para que vuelvan a hacerlo al revés. Vale que la calle tiene un pequeño margen lateral con baldosa lisa, no lo discuto, pero si quedamos en que el adoquín es incómodo, molesto e incluso peligroso (vuelvo a mencionar el caso de los tacones) no parece excesivamente lógico que las nuevas calles se sigan haciendo con ese material.

Por lo demás, confío en que la novedad de la calle sea la explicación de la ausencia de mobiliario urbano porque aunque soy poco partidario de llenar los pasos de cachivaches (el ejemplo de oro de lo que no se debe hacer es San Marcos) sí se echan de menos un par de bancos por lo menos, digo yo.

También imagino que será temporal la espantosa caja de electricidad, o lo que sea la cosa esa que está en la pared de la antigua cárcel. Un trasto así cuando estaba que daba asco aún se disimulaba, pero ahora que está blanca e impoluta resalta como un puñetazo en un ojo.

En fin, esperemos que las futuras calles peatonales sean lisas. O eso o que dejen de decir que el adoquín es un coñazo. Aunque lo sea.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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