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El poder y las ideas

sábado, 11 de febrero de 2017
Estamos asistiendo al espectáculo de la política. Podemos pasar de tal, pero a condición de aceptar que la política no pasa de nosotros. Las decisiones que se tomen en el futuro, como las del presente, están íntimamente unidas al espacio de la política. Incluso, en casi toda la sociedad occidental, tal espacio ha crecido tanto que, lo impregna todo. Nos hemos hecho, "político dependientes".

Tras diez meses con un gobierno -ejecutivo- en funciones, y sin legislativo, ahora ha llegado el tiempo de los congresos en los cuatro partidos que controlan el Estado de Derecho. Entre otras razones, por la poca capacidad que le han dejado a la sociedad civil, que además no puede confiar en un sistema caduco de partidos, ya que hasta los denominados emergentes, han decepcionado al pueblo soberano.

A la corrupción, las mentiras, el desprecio por las demandas ciudadanas, los errores, la profesionalización de los partidos y los políticos, debemos añadir la pugna entre poder e ideas. Lo estamos viviendo en la izquierda. Sigue instalada en la derecha.

Tanto la vieja izquierda como la nueva, se despedazan. Cabe preguntarse, ¿qué puede más en el
debate, la conquista del poder en la empresa, o las ideas que serán compromiso y objetivos sociales, para con el pueblo soberano?.

La situación del partido socialista es dramática. Líderes de bajo perfil, gestora que ha tomado el partido, cuando su misión era- de inmediato- convocar un congreso, enemistad manifiesta entre: federaciones, generaciones, responsables y decisiones en el Parlamento de la Nación. El espectáculo de la calle Ferraz, será difícil que lo olvidemos.

La situación de PODEMOS sorprende por la virulencia desatada. Unos personajes, universitarios, que desde la amistad y el compañerismo ideológico, fundaron una alternativa de izquierdas, y se proclamaron como voceros del 15-M, se están eliminando, y así llegarán al Congreso-Asamblea, con el suelo lleno de cadáveres y el peligro de haber trasladado a las bases, un odio africano por el que no comparte al mismo "Moisés". Y es que, en definitiva, parece que se ha impuesto, quien será el conductor de la manada hacia la "tierra prometida".

Tenía la esperanza depositada en las nuevas generaciones. Que gentes preparadas procedentes del mundo universitario, decidieran saltar a la sociedad y movilizarla para cambiar los poderes públicos, cautivos de la vieja partitocracia. Pero, una vez que han sido ungidos por las urnas, se han infectado por los mismos virus que enferman a la democracia.

Y no será que no son nítidos los problemas sociales sobre los que deben operar las ideas. Hacía mucho tiempo que el sistema democrático no se enfrentaba con tantas incógnitas a resolver. No hay duda, estamos en la orilla del mar rojo. ¿Cómo y por dónde lo atravesamos?.

¿Queda alguien para creer en una izquierda capaz de renovar sus ideales al servicio de la causa, antes que la carrera, dónde todo vale, para ser mandarín?. El último de los ingenuos que, por favor, cierra la puerta...

Lo del PSOE estaba cantado. Por eso fueron señalados como viejos y caducos. Por eso formaron parte de aquellos aludidos en las gritos callejeros de "¡no nos representan!". Hasta leyendas como la de Felipe, se fueron al traste. A la postre, "todo hombre tiene su precio".

Pero lo de PODEMOS no estaba descontado por el marcado. Nos llegamos a creer que eran diferentes, en las formas y en el fondo. Que serían capaces de refundar la democracia. Que por formación y oportunidad, optarían por el debate ideológico. Pero lamentablemente, lo que trasciende es que se trata de una lucha sin cuartel entre gallos del corral. Aún no sabemos en qué consiste la transversalidad, pero si en como uno de los comuneros, tras deshacerse de sus compañeros de viaje, le ofrece, el poder menor, al otro que aún resiste en la lucha.

Tengo que reconocer que a estas alturas de mi vida, hasta el último momento les he defendido. Estaba creyendo que la falta de costumbre para ver debates, para promover legítimas diferencias, para ofrecer proyectos distintos, llevaba a tal entusiasmo que, los enemigos de la vieja-nueva democracia, harían perversos discursos sobre una forma honesta de hacer política, dándolo todo, con transparencia, dejando a las bases el máximo protagonismo para decidir el camino. Y una vez establecido el "cómo y por dónde" , señalar al encargado de guiar el paso del Mar Rojo en busca de la tierra prometida.

Pero la lectura de las declaraciones de los que se han quitado de en medio, precisamente por observar la lucha por el poder, me ha sumido en una profunda desafección. Es la vieja izquierda, la que hace cien años tomó el poder, pero una vez en él, fue presa de aquel dictador y su camarilla.

Y es que, cuando estaba convencido de que algo nuevo se movía en el mundo de las ideas, para emerger en el siglo XXI, observo que seguimos dónde estábamos, incluso peor, con un hortera de inmenso poder, iluminado, ignorante, dispuesto a provocar los mismos desastres que sufrieron nuestros padres en el pasado siglo XX. La derecha tiene su Führer, y la izquierda está a punto de encontrar a su "padrecito Stalin".
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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