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Filharmonía y Filarmónica

martes, 20 de diciembre de 2016
Filharmona y Filarmnica La Sociedad Filarmónica Ferrolana acaba de celebrar en el Auditorio de la ciudad un concierto de excepción en el que la Real Filharmonía de Galicia, la orquesta de “vocación universal” y “espíritu abierto, conciliador y amable”, dirigida por Ross Marbá -a la par Director Titular de la Cátedra de Orquesta de Cámara Freixenet de la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid- brilló resplandecientemente con la interpretación de obras de Brahms, el compositor que afirmaba que “cuando siento la necesidad de componer, empiezo por dirigirme directamente a mi Hacedor y preguntarle por las tres cosas más importantes en la vida: de dónde, por qué y adónde”. Difíciles preguntas para las que sirvan quizás las palabras de otro de los grandes, Schumann: “Creo que Brahms es el verdadero apóstol que también escribirá revelaciones”. Sí, reveladora la música que – respondiendo adónde- escuchamos en Ferrol y que a nadie dejó indiferente. La Filharmonía, integrada por cincuenta músicos de incuestionable profesionalidad, acompañó en la primera parte al pianista mexicano Jorge Federico Osorio, notable por su amplia trayectoria internacional (aparece en los escenarios musicales de Estados Unidos, Cuba, Sudamérica, Austria, Rusia, Japón…), siendo conceptuado como “uno de los pianistas más eminentes de nuestro tiempo” y “aclamado por su maestría y dominio absoluto del instrumento”, algo que podemos constatar tras escucharlo con el Primer Concierto para piano en Re menor, Op. 15, conocido también como Sinfonía con Piano Obligado del Maestro alemán calificado por Bernard Shaw como “el divagador leviatán”. Un concierto que transcurre a través de tres movimientos: El Maestoso, en el que sorprenden los angustiosos silencios y trinos sobre el trémolo de los timbales precediendo al dramático diálogo; el Adagio- “Benedictus qui venit in nomine Domini”- y el Rondo: Allegro non troppo, de tema magnífico, aunque no del nivel de los precedentes. Cristalino el piano de Osorio que obtuvo la clamorosa ovación. Ya en la segunda parte, la pletórica Filharmonía, interpretó la Sinfonía Nº2 del compositor, que un día dijo sobre ella: “No sé si tengo o no una sinfonía buena; para saberlo debería preguntar a personas más inteligentes” (adquiere el valor de otro Genio añadido: el de la modestia). El tiempo-como siempre- vino a hacer justicia con la obra de plena vigencia y diáfana luminosidad. Un idilio en Re Mayor que también puede llamarse Pastoral ya que se trata de la música más alegre que Brahms compuso y en la que deja ver su fantasía melódica. Comenzó con el Allegro non troppo y el llamamiento en la madera, seguida por los aquí traviesos violines y el oboe y una danza de alegre energía que se presenta nuevamente en los violines, todos brillantes, especialmente el del concertino James Dahlgrem y su ayudante Adriana Winkler, animando y sugiriendo escenas apacibles que concluyen con la “soñadora” coda. El segundo movimiento, el Adagio non troppo, comienza con un tono pesimista en la amplia melodía de los violoncellos para contrastar seguidamente con la sincopada siciliana que pone fin a la sepulcral voz de las trompas. Sigue el Allegeretto graziosso (quasi Andantino) con un “minué” en el que el oboe presenta su encantadora melodía para concluir con el Allegro con spirito, de música (y final) feliz. Tan feliz como la sensación que experimentamos al terminar este concierto con el que la Filarmónica despide el 2016 hasta la próxima cita el 9 de enero. Hasta entonces que permanezca en nosotros la esencia viva de la música y de este concierto.
Dopico, Julia
Dopico, Julia


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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