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Dolores Ben Pena

jueves, 24 de noviembre de 2016
Una loibesa en el mundo del cine y la televisión internacional

Dolores Ben nació en Loiba en 1956. Sus padres fueron José Ben Cociña y Dolores Pena Maragoto.

Desde muy temprano, Dolores despuntó por su afición a los estudios y su meticulosidad en todo lo que hacía. Durante sus juventud padeció algunas enfermedades que le impidieron seguir con normalidad las clases en un aula con el resto de sus compañeros. Como muchos de los bachilleres de su tiempo que no dispusieron de un instituto en Ortigueira, Dolores tuvo que realizar todos sus estudios secundarios por libre, salvo los curso de 6º y COU que los aprobó siendo alumna del Instituto Eusebio da Guarda de A Coruña. Aunque, quizás, en su caso, estudiar por libre no fue más que una buena estrategia para no irse de su tierra, donde podía estar al lado de su abuela, su compañera inseparable, pese a la oposición de unos padres, que siempre intentaron convencerla de que se fuese a estudiar a un colegio de A Coruña.

Cuando le llegó el momento de elegir su formación profesional, su familia le sugirió que se decidiese por la arquitectura, ya que dos de sus tíos eran propietarios de una empresa de construcción en A Coruña, donde ella podría tener asegurado su futuro. Para Dolores, sin embargo, esta no era la mejor opción, aunque tampoco despreciaba el hecho de tener un trabajo seguro. Así que, sin pensárselo demasiado, se matriculó, con 17 años, en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Complutense de Madrid. Un estudiante medio podía acabarla en 8-10 años de media para su finalización, pero sus ganas de vivir y de participar activamente en la bulliciosa vida cultural del Madrid de los 80, no le ayudaron a centrarse plenamente en los libros. Poco a poco, su motivación por su formación fue diluyéndose, y al llegar al tercer año, acabó por abandonarla para pasar a estudiar Sonido y trabajar en la compañía discográfica más importante de España en aquel momento Hispavox, donde permaneció durante 4 años. A sus padres, su renuncia les supuso un enorme disgusto. En especial, a su madre, pero con el tiempo lo fueron entendiendo y acabaron por respetarlo.

Ella cree que su nueva inclinación profesional vino en una buena parte motivada por ser una entusiasta seguidora de los programas radiofónicos que le acompañaron durante su larga enfermedad en su juventud, pero también por la temprana llegada de la televisión a su casa. Y todo ello, sin olvidar la incidencia que tuvo en su formación cinéfila la existencia del "Cine Xaneiro de Loiba", al que, en su opinión, habría mucho que agradecerle.

Ella siempre apunta el hecho de que, en un tiempo muy corto, pasó de Loiba a Madrid, algo que la descolocó un poco, a lo que se sumó la muerte de Franco, y con ello la Transición, una época en que todo era nuevo y había mucho por aprender.

Con el arranque de la Televisión de Galicia, regresó a su tierra, pero esta vez para instalarse en Santiago de Compostela, donde trabajó durante tres años en la CTV, la empresa de referencia en el doblaje gallego.

Posteriormente, da el salto a Vigo para entrar a formar parte de otra empresa del sector, Songasa. En la ciudad olvida decide iniciar un camino profesional que a muchos intimidaría, y más siendo mujer, por lo inusual y desconocido que era en aquellos tiempos de la década de los 80 ser un técnico de sonido y doblaje en Galicia. Algo que, a ella, sin embargo, le atraía mucho, ya que siempre había sido una gran aficionada a todo lo que simbolizaba el mundo del cine, la música y la cultura en general.

Para hacer entender a los demás los argumentos que le llevaron a tomar una decisión tan arriesgada, ella siempre puso como ejemplo la visión profesional que tuvo su padre, y que ella misma había asumido. Durante muchos años, él había sido el propietario de un aserradero en Loiba, donde acondicionaba todo tipo de maderas para la construcción. Pero, debido al paulatino declive de esta actividad en la comarca con la aparición del aglomerado, él tuvo que buscar una alternativa. La opción que eligió fue la de elaborar cajas de madera para el transporte de pescado. Según recuerda su hija, las armaba con tablas gruesas y resistentes que ensamblaba con puntas galvanizadas, para que no se oxidaran, haciendo, así, que durarán mucho tiempo. Esto le molestaba mucho a su madre, que veía como sus competidores utilizaban maderas mucho más finas que unían con las tradicionales puntas de hierro o grapas que, al cabo de cierto tiempo, se desprendían, produciendo lo que hoy llamaríamos la obsolescencia programada del producto. De este modo, mientras el usuario de este material perecedero se veía obligado a encargar nuevas cajas a su proveedor, el cliente de su padre, seguía disfrutando de un buen producto sin ningún coste añadido. Para él, el negocio no se debía sustentar sobre el lucro sino sobre la calidad del producto y la honradez del profesional.

Para Dolores, como para su padre, un trabajo bien hecho y de calidad crea una reputación que se mantendrá en el tiempo y ofrecerá al empresario otras posibilidades de negocio a largo plazo. Una visión que, en el mundo actual, en donde todo es creado para una vida útil breve, empieza a ser muy valorada en ciertos sectores, como es el cultural y tecnológico.

En Vigo, con tan sólo 24 años, y junto con otros compañeros y socios, se dispuso a dar el paso de transformarse en empresaria de un sector que poco tenía que ver con su formación anterior: el audiovisual. La sociedad se fundó con el nombre de Sonido, y trató de especializarse en la grabación y el doblaje de películas en castellano y gallego para cine y televisión. Sus primeros años fueron poco rentables, pero muy intensos, con largas jornadas maratonianas de trabajo. De ellos recuerda sus graves dificultades debidas a una gran falta de liquidez y a que la mayoría de sus socios desconocían el negocio y sólo esperaban una rápida rentabilidad, algo que hacía totalmente ingobernable a una empresa con doce socios.

Ante aquellas acuciantes circunstancias, el único consejo que recibía de amigos y familiares era que renunciase. Sin embargo, su decisión era salvar la empresa a base de sacrificio personal, y apoyándose en la idea de que, a pesar de su corta andadura, Sonido ya disponía de un buen bagaje profesional, y, como en cualquier inicio, ella había puesto en la firma una ilusión, energía y esfuerzo que no deseaba dilapidar. Así que su determinación fue firme y concluyente: si el barco se hundía ella se iría con él. Fue entonces cuando les propuso a sus socios, que en la nueva etapa sólo tendrían cabida en la empresa los que se comprometiesen y esforzasen por sacarla adelante. Poco a poco, Dolores les fue adquiriéndole sus acciones a sus socios. Una vez que se erigió en su única propietaria contrató a dos profesionales que consideraba esenciales para conseguir un verdadero control de la empresa y no volver a incurrir en los problemas del pasado: un gestor-auditor, que se encargaría de la contabilidad, y un abogado, que le ayudaría a tomar las decisiones adecuadas dentro del marco de la legalidad vigente.

A partir de entonces Sonidor empezará a doblar muchas películas internacionales al castellano para su distribución a los cines de toda España. Entre ellas se encuentran algunas tan conocidas como The Firm (La Tapadera), dirigida por Sydney Pollack e interpretada por Tom Cruise y Gene Hackman, o la famosísima Jurasic Park (Parque Jurásico), del no menos célebre Steven Spielberg. Pero también otras, como Clift Hanger (Máximo riesgo), El Fugitivo, Dave, presidente por un día, En la línea de fuego, La edad de la inocencia o Los caraconos.

Con todas estas experiencias, Sodinor fue la prueba objetiva de que Galicia necesitaba de una empresa de envergadura en el ámbito del sonido, una compañía que pudiese abarcar todas las exigencias de un sector audiovisual gallego que cada día que pasaba se hacía más pujante y necesitaba de unas instalaciones y de una oferta de servicios, que hasta entonces tenían que ser buscados en Madrid y Barcelona. Este fue el origen de la creación de la nueva firma de Dolores Cinemar Films, su gran reto por la inversión económica que le supuso, y el esfuerzo sobrehumano que tuvo que asumir por su coincidencia con una grave enfermedad personal, de la que, afortunadamente, se recuperó de forma positiva.

El diseño de Cinemar se lo encargó fue al reputado ingeniero inglés afincado en Galicia Philip Newell, en cuyo amplísimo currículo figuran incorporan trabajos importantes para músicos de la talla de Mike Oldfield o de grupos tan prestigiosos como la Royal Philarmonic Orchestra.

Gracias a Cinemar, desde 2007. los productores gallegos pueden disponer en su tierra de unos equipos completos de sonido Dolby, dejando atrás el tiempo en que debían peregrinar por otros lugares de España, con los sobrecostes que ello les suponía en alojamientos, contrataciones de personal externo, o demoras en sus trabajos, por tener esperar cola.

Cinemar Films está instalada en el parque empresarial de Novo Milladoiro, siendo uno de los 250 estudios existentes en la actualidad en todo el mundo para la grabación de sonido para el cine, y uno de los pocos de España que ostenta la certificación de la empresa Dolby, además de su acreditación de su sala de cine (Sala Máster) como una de las mejores del mundo por la fiabilidad de sus condiciones técnicas y acústicas. Con la calidad de estos servicios, los productores de cine pueden realizar todo el proceso sonoro de sus películas en dos o tres meses, para, posteriormente, poder ser estrenadas en las diferentes salas comerciales.

Dos años después de iniciar su actividad Cinemar, se rodaron en Galicia 14 películas, un hecho que supuso para la empresa poder obtener una carga de trabajo tan grande que le permitió contratar hasta 60 profesionales durante varios meses. Entre este personal estuvieron: técnicos de producción, de sonido y de mezclas, además de lingüistas y dobladores. Estos trabajos le sirvieron para atraerse algunos otros de otras comunidades españolas y de otros lugares de todo el mundo.

Desde las proximidades de Santiago de Compostela, Dolores mira las expectativas de su empresa con optimismo, por la potencialidad que ofrece la capital de Galicia como referente cultural y núcleo del sector. En ella están establecidos la mayoría de sus integrantes más directos: productores, directores, televisiones, representantes de la Administración y las televisiones (TVG y TVE).

Más allá de su empresa, Dolores Ben también está implicada en otros proyectos y actividades profesionales. Así, desde el año 2006, ostenta el cargo de presidenta de la Asociación Galega de Productoras Independentes (Agapi). Esta asociación empresarial es, desde 1994, la precursora del sector audiovisual gallego y donde se concentran la mayoría de las productoras de cine, televisión, publicidad y servicios de Galicia. Asimismo fue la pionera de la organización de los premios del sector, los Premios Agapi, que se celebraron entre los años 1996 y 2001. Estos pasaron a denominarse Mestre Mateo desde la creación de la Academia Galega do Audiovisual, en 2003. Ese mismo año, Agapi impulsó la creación del Clúster Audiovisual Galego (Clag). En el apartado internacional, Agapi introdujo, en 2004, a las productoras gallegas en el MIPCOM (Marché Internationale de Programmes Communications), de Cannes, algo que, gracias al apoyo de la Administración gallega, acabó consolidándose y extendiéndose a otros mercados.

Dentro de los últimos trabajos de postproducción de Cinemar para el cine destacan: Agallas, El menor de los males, Amalia (Portugal), Agua fría de mar (Galicia-Francia), Os crebinsky, O Apóstolo, 18 Comidas, Bolos e boliños (Portugal), Celda 211 (Goya de Sonido, 2010), Lobos de Arga, Todo es silencio, Sonido bestial (Colombia), Invasor, Secuestrados, Arrugas (2 Goyas), La Tropa de Trapo I y II, También la lluvia, Os fenómenos, Extintion (Galicia-USA), El Desconocido (Goya Sonido 2016) y Las Mimosas (Premio del Festival de Cine de Cannes, 2016-Francia), entre otras muchas.

Además, Cinemar ha sido coproductora durante 4 años de la serie de la Televisión de Galicia O faro, y hoy lo es de la serie Fontealba que empezó a emitirse en septiembre de 2016.

Otras actividades de Dolores Ben son su participación en la comisión del Congreso de los Diputados para la redacción de la Ley de Cine de 2008; su colaboración como miembro de la comisión-jurado en las concesiones del ICAA, de los años 2010 y 2011, y comisaria del Premio Nacional de Cinematografía, del año 2012. Tambien ha sido premiada con el Premio de Honra, de los Premios Mestre Mateo 2012 y, como presidenta de Agapi, recogió el Premio da Cultura Galega Audiovisual, en el año 2014.

Siempre agradeció y agradecerá la ayuda y el buen hacer de sus padres José y Dolores, de sus dos tíos Antón y David por sus enseñanzas sobre la vida y a sus queridas profesoras, Carmen y Raquel do Xelo, por su formación durante sus etapas de enfermedad en el bachillerato.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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