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Ángel Rodríguez Leira, Cariño López

miércoles, 16 de noviembre de 2016
Ángel Rodríguez Leira, Cariño López
El cañonero cariñés que entró triunfante en París

El hombre que adoptará el seudónimo de Cariño López durante la II Guerra Mundial nació en A Pedra y fue bautizado con el nombre de Angel Rodríguez Leira el 16 de marzo de 1914, el mismo año en que se inició la Primera Guerra Mundial.

Como muchos jóvenes de su época, Ángel pasó bastantes penurias tanto durante su infancia como en su adolescencia. Hay que tener en cuenta que, cuando él solo tenía cuatro años, en 1918, tanto Cariño como el resto de Europa pasaron por una terrible pandemia de gripe, conocida internacionalmente como gripe española, que diezmó bastante su población. Tras ella, los españoles entraron en la década de los años 20 sometidos a un gobierno dictatorial, lleno de problemas y dificultades de todo tipo.

En lo que atañe a su propia vida, cuando Ángel alcanzó una edad suficiente para poder acompañar en sus faenas diarias en el mar a los marineros y percebeiros lo hizo con todo su brío por la necesidad de luchar por su sustento. Pero sabiendo, también, que en aquella ruda vida era mejor formar parte de un sindicato que andar por libre, pues, como siempre se dice, la unión hace la fuerza. Y, en una época en la que imperaba un marcado caciquismo, luchar contra los terratenientes era todo un desafío y una causa perdida si uno no estaba afiliado a un sindicato de clase. Y él se asoció a la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores), el principal sindicato anarquista de la comarca, y el que congregaba al mayor número de trabajadores del mar de toda Galicia.

Con el Alzamiento contra la II República del ejército comandado por Franco, Ángel se vio reclutado por el ejército nacional entre finales de 1937 y principios de 1938. Era entonces un hombre casado y padre de una niña, Marina, y su mujer estaba esperando su segundo retoño para los meses siguientes. Su incorporación al ejército franquista fue toda una afrenta para él debido a sus ideas libertarias. Un motivo más que suficiente para desertar de la tropa nacional para pasar a formar parte de las milicias republicanas junto a un buen número de compañeros.

Durante la Guerra Civil estuvo presente en diversos frentes, hasta que, al finalizar esta con la caída de Madrid, se exilió de España con otros doce compañeros por el puerto de Guardamar del Segura (Alicante) a bordo de una pequeña embarcación. Sin embargo, la ruta elegida no fue hacia el norte para cruzar la frontera con Francia o con otros países europeos, como hicieron muchos otros republicanos, sino hacia el sur, hacia las costas de África. Para su travesía, los tripulantes se aprovisionaron de un buen cargamento de naranjas con las que poder alimentarse durante los 17 días de navegación que tuvieron que soportar antes de desembarcar cerca de la población argelina de Beni-Saf. Desde allí, el grupo fue trasladado al campo de Morand a Boghari, el campamento preparado por el Gobierno colaboracionista francés, que dirigía general Petain desde Vichy (no hay que olvidar que, por entonces, Argelia era una colonia francesa). Según dicen las hijas francesas de Ángel, es probable que antes de que llegarán a este campo de refugiados ya hubiera pasado por el de Susini a Boghar, situado a algunos kilómetros de Morand.

El campo se encontraba totalmente saturado por los entre 2000 y 3000 hombres que residían en él. Al insufrible hacinamiento hay que sumarle el infernal calor africano para comprender que muchos de ellos no pensasen en otra cosa que en su huida, pero eran pocos los que lograban escapar de aquel tormento. Ángel lo intentó en varias ocasiones, pero sin conseguirlo. Sus nuevos intentos tuvieron lugar desde otro campo, el de Colomb-Béchar, situado en una localidad cercana a la frontera marroquí al que fue trasladado.

Tras su fuga, Rodríguez Leira fue obligado por los mandos de las tropas francesas colaboracionistas a enrolarse en la Legión extranjera francesa junto con otros refugiados. Una opción que no pudo rechazar, pues la otra era la de ser fusilado. Durante el tiempo que permaneció en ella, participó en la campaña de Túnez, al igual que lo hicieron otros 143 compatriotas uniformados como soldados americanos. En esa misión cayó herido, lo que nuevamente le llevó a pensar en la posibilidad de desertar. Su último día en la formación legionaria fue el 27 de junio de 1943, en que pudo huir para, al día siguiente, incorporarse voluntariamente a las tropas de los conocidos como Cuerpos Franceses de África. Este fue un doble cambio, ya que desde ese mismo momento, tanto él como otros muchos compañeros, adoptarían un alias que les identificaría con su lugar de origen. En su caso, pasaría a llamarse Ángel Cariño López, una identidad que mantendrá después en la vida civil hasta el final de sus días.

Tres meses después de su alistamiento en el ejército regular, el 16 de septiembre de 1943, entró a formar parte de la 9ª Compañía del 3º Regimiento de Infantería del Chad, a las órdenes del capitán Dronne, que acompañaba a la División Blindada Leclerc. Desde ese momento y hasta el final de la guerra, Cariño pasó a ocupar el puesto de sargento cañonero en un carro semioruga con el nombre de Guernica (1).

Entre los días 30 de julio y 6 de agosto del año siguiente, el ortegano tuvo ocasión de participar en una de las batallas más decisiva de la contienda en el continente europeo: el desembarco de las tropas aliadas en Normandía. Una operación en la que su 9ª compañía sirvió de punta de lanza para la llegada de los destacamentos aliados a las arenas de las playas francesas. Su momento de gloria se produjo gracias a su gran puntería desde el puesto de cañonero del antitanque del 57.

Un año después, París se sublevó contra los alemanes, y De Gaulle recibió la orden de Roosevelt de liberarla. Nuevamente, la división elegida para este cometido fue la Leclerc, y de esta su 9ª compañía. Los soldados españoles que todavía se mantenían en ella debieron recorrer en una solo jornada los 200 kilómetros que los separaban de la capital francesa. La decisión de que fueran ellos los que se destacasen sobre el grueso de la expedición se debió a la gran experiencia adquirida en España en las estrategias en la guerra de guerrillas. Así pues, fueron los primeros que entraron en una ciudad invadida por unos 20.000 soldados alemanes.

Con el oficial Raymond Dronne al mando, los españoles cruzaron las puertas de la ciudad a las 21:22 horas del 24 de agosto de 1944; sortearon los soldados de Hitler, y avanzaron hasta la plaza del Ayuntamiento disparando desde sus tanquetas sobre los fusileros y los nidos de ametralladoras alemanas con los que se tropezaron a su paso. En paralelo, otros carros conquistaron el Parlamento, el Hotel Majestic y la Plaza de la Concordia. Al día siguiente, los el ejército alemán se rindió a los soldados republicanos, que se convirtieron convirtiéndose en los héroes de la desocupación. A continuación, irrumpieron en París el resto de los combatientes de los ejércitos aliados. Con todas las tropas reunidas, De Gaulle ordenó la celebración de un gran desfile en el que él paseó triunfalmente por las calles escoltado por tanques con nombres españoles, entre los que estaba, en primera fila, el Guernica de Cariño López, pero también los Ebro, Madrid, España Cañí, Quijote o Guadalajara. Desde entonces, el ortegano pasó a ser conocido como El Cañonero por su gran puntería.

Tras la liberación de París, La Nueve regresó al frente el día 8 de septiembre. Su siguiente reto será la reconquista de la región de Alsacia, un hecho que ocurrió cuando tomaron la ciudad de Estrasburgo el 23 de noviembre de 1944. Desde este punto fronterizo, las tropas aliadas partieron hacia Alemania, cruzando el Rhin, donde los españoles quedaron paralizados por un crudo invierno con temperaturas de hasta 22 grados bajo cero, que les produjo muchas bajas por hipotermia.

Al finalizar el invierno, La Nueve reemprendió su marcha, y Ángel Cariño tuvo ocasión de conquistar, con la 101ª División aerotransportada americana, bajo las órdenes del general Patton, el Nido del Águila, el refugio secreto de Hitler en Berchtesgaden, el 5 de mayo de 1945. Según se afirmó, tras el asalto a la sede central de la inteligencia alemana, Ángel se cobró como botín de guerra las sábanas de Hitler y un reloj de oro. Pese a la llamativo de la anécdota, esta no fue la única ni la más curiosa que cuentan de él, pues también se asegura que Ángel intercambiaba con los americanos soldados nazis por tabaco, botas, e incluso un jeep. Aunque con estos trueques, los que siempre salían ganando eran los estadounidenses, ya que a ellos podrían conseguir un ascenso como recompensa por haber capturado un soldado alemán.

Concluida de la guerra, el Gobierno francés galardonó al cariñés con la Cruz de Guerra con palmas por destruir cinco tanques alemanes en un solo día. La insignia le fue impuesta por el general De Gaulle en Nancy (Francia) el 26 de septiembre de 1944. En aquel solemne momento, el héroe gallego, que no se había amedrentado ni ante los alemanes ni ante sus mandos, tuvo la osadía de decirle al general jocosamente cuando le estaba colocando la medalla en su uniforme, que traspasó hasta clavarle el pincho en la piel: “Va usted a conseguir lo que no consiguieron los alemanes en todo este tiempo”. Su comentario no debió tener ninguna influencia en el ánimo del oficial francés, puesto que, poco tiempo después, Ángel entró a formar parte de su selecta guardia personal, conocida como Los cosacos, con la que acabó realizando la parada triunfal de los ejércitos aliados por los Campos Elíseos el 26 de agosto de 1945.

Tan solo un mes antes, el republicano cenetista ya había recibido del mando de la 2ª División Blindada del III RMT su certificado de buena conducta. Tras su desmovilización, Cariño López se quedó a vivir en el departamento L´Indre, en donde fundó una nueva familia con su esposa y sus dos nuevas hijas, Maryluz y Anita. Allí trabajó durante un tiempo como obrero en una fábrica que él mismo ayudó a construir. Posteriormente, se trasladó a Essonne, cerca de la capital francesa, por motivos profesionales
Cariño López falleció el 26 de octubre de 1979, a los 65 años, sin haber vuelto a pisar suelo español. Pero, según decía, cuando visitaba durante sus vacaciones la región de Bretaña, le parecía volver a Galicia. Allí, al igual que en su juventud, podía ir a navegar con sus amigos marineros. Según las memorias del oficial de su compañía, Raymond Dronne, “A Cariño López lo espoleaba un inmenso deseo de revancha y de victoria”. Él fue un combatiente por la libertad, que, al igual que todos sus compañeros españoles, pensaba que con la derrota de Hitler los aliados acabarían con Franco. Todos se equivocaron. Dronne pronto se percató de que los españoles “no tenían espíritu militar, eran incluso antimilitaristas”, pero también de que estaban decididos a combatir por la libertad.

Por último, hay que mencionar que la memoria de los españoles que lucharon y vencieron en la II Guerra Mundial solo empezó a recuperarse a partir del año 2004. Pero será, sobre todo, a partir de 2014, cuando cobre realmente se le empiece a dar la importancia que siempre mereció tener. Y esto se debió, principalmente, gracias dos mujeres: la periodista española Evelyn Mesquida y la nueva alcaldesa de París, Anna Hidalgo. Evelyn Mesquida dedicó 10 años a recopilar documentos y testimonios directos para investigar las proezas de La Nueve y como esta contribuyó a ganar la guerra al bando aliado. Mientras que Anne Hidalgo, hija y nieta de republicanos españoles, le proporcionó su reconocimiento oficial desde su puesto de alcaldesa del Ayuntamiento de París honrándola a través de los hombres que todavía permanecían vivos en 2014. A partir de entonces, se han ido sucediendo diversos homenajes y agradecimientos de muchos mandatarios europeos, que van desde el presidente francés, François Hollande, hasta los Reyes de España. Hoy, La Nueve también da su nombre a un pequeño jardín en el centro de París, cerca de las dependencias del Ayuntamiento que liberaron en 1944.

Otro hecho importante que hay que mencionar es el de que, en el año 2010, Galicia le rindió su propio homenaje, colocándole una placa sobre un monolito en el paseo del Puerto de Cariño. En ella puede leerse el texto: “a Cariño López e aos outros combatentes pola liberdade”. Durante la jornada en que fue descubierta, el profesor de Historia Contemporánea Española en la Universidad de París, Robert Coale, disertó en el auditorio cariñés sobre el papel de los soldados gallegos de La Nueve.

NOTA:
1. Guernica era, por entonces, todo un símbolo para los republicanos españoles, pues esta pequeña ciudad vasca había sido arrasada con sus bombas por la aviación nazi de la Legión Cóndor y la aviación legionaria italiana durante la Guerra Civil.

PARA SABER MÁS:
. Mesquida, E. Los españoles que liberaron París. Ediciones B. Grupo Zeta
. Schwart, F. Héroes de días atrás”. Espasa Libros 2016
. Documental: La Nueve, los olvidados de la victoria. https://www.youtube.com/watch?v=RBDxOePswng
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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