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Pudimos tener un fin de semana más de barracas a cambio de algo para los que lo necesitan

martes, 11 de octubre de 2016
Víspera del Pilar, última noche de las fiestas de San Froilán. Aprovechen que esto se acaba y hoy hay orquestas en varios puntos de la ciudad, incluida la Panorama (¿en qué quedó aquello del chantaje del empresario de las orquestas?) para que los que quieran echar un pie puedan hacerlo y despedir las patronales con broche de oro. Mañana habrá tiempo para dormir.

Este año las fiestas han tenido el mejor de los alicientes posibles: un tiempo excepcional. El San Froilán necesita sol como los tomates para madurar, y no siempre lo tiene. Recuerdo años en asomabas la pierna por fuera del portal y ya tenías que subir a cambiarte de ropa porque estabas hecho una sopa. Los que ya tenemos una edad recordamos incluso el Hortensia, aquel famoso huracán que tumbó árboles del parque de Rosalía (no sé si fue de aquella cuando cayó aquella espectacular secuoya que teníamos).

Tan buen tiempo ha hecho que el Ayuntamiento no va a tener más remedio que hacer su tradicional aumento de 50.000 personas a la asistencia del año pasado y seguir en esa absurda huída hacia adelante para decir, tan tranquilos y sin sonrojo, que a las fiestas han venido 600.000 personas. ¡O más! ¡Y si llegan a aceptar la propuesta de los barraquistas podríamos haber llegado al millón!

Reconozco que me ha sorprendido que la propuesta de los feriantes cayera en saco roto. Por si no saben de qué va, se ofreció al Ayuntamiento que a cambio de que les dejaran quedarse cuatro días más rebajarían un día el precio de las atracciones a la mitad y otro día se pagaría con alimentos que serían donados a la entidad que el propio Ayuntamiento decidiera. Obviamente es de suponer que los días a hacer estas actividades serían el jueves y el viernes, dejando el sábado y el domingo montados los chiringuitos para hacer caja, que a fin de cuentas no se puede olvidar que esta gente vive de esto y su intención, legítima, es ganar dinero.

Cuando yo era pequeño recuerdo que había el “día del niño” o algo así, en que pagábamos la mitad por subir a las barracas. No sé si se hacía como contraprestación para que las atracciones se mantuvieran más tiempo montadas o como estrategia para que faltáramos al cole, pero por lo que fuera se hacía. Tengo esa memoria de la música de las barracas llamándonos desde el exterior de las aulas como el flautista del cuento, y la tentación de ir al Muro de la Muerte que siempre coincidía que se ponía delante de la Aneja, mi colegio, o al Pulpo, la bailarina o las tazas, según los años, que se instalaban al principio de Ramón Ferreiro.

Si les soy sincero yo no le vería problema a dejar que se queden hasta el domingo con esas condiciones, ya que de los cuatro días uno se rebajarían notablemente los precios y el otro se recaudarían importantes cantidades de alimentos para quienes lo necesiten, ya sea a través de la cocina económica o de alguna entidad tipo Cruz Roja o Cáritas, que han demostrado sobradamente saber qué hacer con esas cosas.

Alega el Ayuntamiento que ya se les permitieron unos días más porque abrieron el 30 y que hay que ahorrar molestias innecesarias a los vecinos. Me sorprende el uso de esos dos argumentos porque son contradictorios. Si se deben ahorrar molestias a los vecinos, ¿cómo es que las bases autorizaron la apertura de las atracciones el día 30, cuatro días antes de que comenzaran las fiestas? Y si era lógico darles cuartelillo unos días antes, ¿en esas fechas no se molestaba a los vecinos? ¿Solo incordian los días del Pilar para adelante? Quizás una fórmula podría ser regular los horarios y el volumen de la música para esas fechas adicionales.

Las bases de adjudicación dicen claramente que la Comisión de Fiestas puede ampliar esas fechas, pero según leo en la prensa es el gobierno el que ha tomado la decisión, con lo que sospecho que una vez más el procedimiento se ha amoldado a los caprichos de algunos. ¿Han convocado a la comisión o ha decidido esto unilateralmente la concejala de turno o el gobierno local? No es un tema menor, es una competencia claramente asignada a un órgano al que me da en la nariz que no se ha consultado.

Dice la Constitución que se garantiza la “interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos”. Quiere decir que quien ejerce la actividad administrativa no puede caer en injusticias arbitrarias, pero aquí parece que hay un doble rasero.

Es llamativo el control que ejerce el Gobierno Local sobre las barracas mientras hace la vista gorda ante los manifiestos y evidentes incumplimientos de las bases de algunas de las casetas del pulpo (confiesen que ya les extrañaba que no las mencionara antes), sobre todo cuando las normas han sido hechas a medida para que, éstas sí, cada vez estén más tiempo. Un mes se tiran en el parque desde hace ya una temporada, y aunque las han multado por poner mesas en el exterior (cosa que, por cierto, no sería mala idea plantear en futuras bases con la consiguiente tasa de ocupación de vía pública) han pasado por encima de las violaciones directas a lo establecido en las bases, como ya hablamos, quizá porque no sabían qué hacer ¿desmontarlas?, ¿ponerles una sanción?, ¿hacerse los locos? Han optado por lo último, a ver si nadie se daba cuenta.

Este año los barraquistas han ganado dinero en las fiestas, y me alegro sinceramente por ellos. Es una profesión dura, ambulante, con la familia a cuestas y con la incertidumbre eterna de depender del clima y de los caprichos del politiquillo de turno, que tanto les puede abrir la mano como cerrarles el chiringuito porque no han rotulado en el idioma correcto. Dejarles cuatro días más supondría que ganaran más dinero, y me parece muy bien porque están dispuestos a hacer una rebaja en el precio y en crear una fiesta solidaria otro día. ¿Que lo hacen por interés? ¡Pues claro!, pero si salimos benficiados todos, ¿dónde está el problema? ¿En que no pagarían tasas por esos días? Si revierte aunque sea parcialmente en las familias que lo necesitan no le veo objeción. O al menos que les propongan pagar una tasa extra por ese periodo, pero al menos que den argumentos que no se anulen entre ellos.

Pudimos tener un fin de semana más de barracas a cambio de algo para los que lo necesitan. La respuesta fue "no". Desde luego lo que es evidente es que si las bases contemplaban la posibilidad de ampliar los días de las barracas es porque no es algo descabellado. Que ahora se diga que no implica que algo ha cambiado. Quizás otra opción habría sido abstenerse…
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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