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Lugo meado (y no solo por mascotas)

lunes, 10 de octubre de 2016
Lugo ha abierto por enésima vez uno de esos debates cíclicos. En este caso es el de dónde se puede orinar y donde no en nuestra ciudad, tanto personas como animales. Las últimas noticias sobre los daños causados a nuestra Catedral, Patrimonio de la Humanidad, en que se están perjudicando unos herrajes medievales que se cuentan entre los más antiguos de Europa, han puesto sobre la mesa un problema que afecta tanto a la imagen de la ciudad como, lo que es más importante, al día a día de quienes vivimos en ella.

Lo de la Catedral es grave por el simbolismo, por supuesto, pero no son menos importantes las molestias que sufren los vecinos que se ven obligados a convivir con las meadas en sus portales y fachadas, tanto de bípedos como de cuadrúpedos. También afecta a todo cuanto elemento público hay, como las piedras de la plaza San Marcos en que los animales dejan su opinión sobre el diseño del entorno en forma de residuos.

Obviamente son dos problemas diferentes, por más que las consecuencias sean similares, pero igualar a humanos y animales en esto, como en casi cualquier cosa, es una auténtica barbaridad. Principalmente porque los perros no tienen responsabilidad alguna sobre sus actos, cosa que es avalada tanto por nuestra legislación como por el sentido común.

Empezando por las mascotas, cuando se toca este tema no puedo dejar de recordar el “pipican”, una iniciativa que trajo a Lugo Joaquín García Díez y que vio en Francia hace más de dos décadas. Consistía en algo tan sencillo como pintar un logotipo que señalizaba las rejillas de las alcantarillas para indicar que ese era el lugar perfecto donde acostumbrar a las mascotas a vaciar la vejiga. Siendo Lugo como es en estas cosas el cachondeo fue mayúsculo, y nuestros convecinos ridiculizaron una iniciativa que años después se recuperará el día menos pensado porque es barata y práctica.

Lo de los caniles no está mal, pero yo lo veo más como zona de esparcimiento de mascotas que como aliviadero de necesidades. Hay otros sistemas más costosos y molestos para el peatón que el “pipican” de Joaquín, como ciertos dispositivos que se pueden situar en aceras amplias pero que probablemente en Lugo no serían una gran solución, pero es cosa de planteárselo.

Hasta hay ciudades que están haciendo pruebas con dispositivos que premian al perro por hacer sus necesidades en el lugar adecuado, lo que es una cuestión de costumbre que hace que tire directamente al sitio oportuno. El problema de esto último es que al Ayuntamiento de Lugo se le da muy bien gastar ingentes cantidades de dinero en poner en marcha “novedades” pero todos sabemos que en tres años o poco menos el dispositivo estaría abandonado a su suerte sin perrito que le ladre, literalmente hablando.

En cuanto a los humanos el asunto solo tiene una solución: la sanción. Dice nuestra alcaldesa que en estos temas lo que hay que hacer es educar y no perseguir. Curioso enfoque. Por esa regla de tres no sé para qué multan a los coches por aparcar mal o a los negocios por incumplir las normas (bueno, menos las casetas del pulpo que pueden incumplirlas alegremente sin ningún tipo de consecuencia por lo que sabemos). Deberían decirles amablemente “estimado señor conductor, el semáforo que usted se ha saltado tiene un código de colores que indica que, estando rojo, no puede sobrepasar la línea imaginaria perpendicular al mismo”. Y no denunciarlo, claro.

Vuelvo al recuerdo de Joaquín García Díez, en su etapa de alcalde, en que reconocía sonrojarse todos los lunes cuando tenía que firmar sanciones por orinar en la vía pública, pero también explicaba que cada vez eran menos porque la gente iba aprendiendo la lección.

El ser humano es como es, y si bien la masa cumple las normas hay un porcentaje de la población impermeable a la educación (observen el ingenioso juego de palabras). A ese grupo es al que solo se le puede adiestrar en los mínimos de convivencia mediante sanciones, porque el resto ya damos por sentado que no hace esas cosas.

También es cierto que en Lugo ahora mismo no hay baños públicos. Bueno ahora mismo sí porque han colocado unos portátiles por las fiestas (por cierto, ¿no podían ponerlos en un sitio menos cantoso que en una de las principales vistas de la Catedral?), pero ya saben que hablo de los “días ordinarios”. Cerrados los quioscos y sin alternativa aparente (abren los del ayuntamiento pero casi nadie lo sabe y no hay indicación al respecto) al usuario solo le queda ir a una cafetería o aliviarse en plena calle o contra la Muralla, imagen que se ve con cierta frecuencia.

Sin embargo el colectivo del que hablamos no es el de la persona que a las cinco de la tarde tiene ganas de hacer pis, sino de los que procesan las muchas bebidas ingeridas tras la cena.

Pero claro, multar resta votos. Lo triste es que no reste más votos no hacerlo.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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