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Arcadio do Valadouro

viernes, 29 de abril de 2016
Hace unos días-muy pocos- estuve en su casa de Foz. Además de ser y actuar como médico, lo hice como amigo y admirador del gran músico y la buena gente, generoso y solidario con todas las causas de nuestro país. Me cabe la satisfacción de su afecto y su participación en todos aquellos eventos culturales que organizamos en esta bendita provincia de Mondoñedo. La última, con motivo de los premios Ardelle que organizamos Os Aventados, y actúa como mantenedor otro gran amigo común, Sito Otero Regal.

Se nos va al infinito uno de los mejores músicos que ha dado nuestra madre tierra, la que limita al norte con Inglaterra mar por medio. Deja una ingente obra musical.

Aun recuerdo su presencia en Ferreira con motivo de la presentación del libro que -otro gran amigo común hizo- Paco Piñeiro dedicó a las queridas orquestas del Valadouro, en las que siempre estuvo Arcadio, con guitarra, trompeta, trombón de varas, bajo y voz. Deja una ingente estirpe de músicos que siguieron sus pasos de maestro para el pentagrama, especial mención para la última Big-Band con sede en A Vila Mariñeira de Foz. Sus composiciones, dedicadas a personajes, paisajes y sentimientos, forman parte del patrimonio musical de nuestra vida y punto de encuentro entre generaciones que tenemos el buen gusto de sentir la música como idioma universal.

Ya no podré reunir a Los Valles, tal como compartía con Paco Piñeiro, Lino Rico y Toñito Veiga. Y es que siempre aprendo que las ideas hay que llevarlas a la práctica de inmediato, pues somos historia, incómodo presente y muy incierto futuro. Así es la vida...

Arcadio seguía ensayando melodías en Santa María de Bacoi, con su querido amigo y pariente Juan Carlos García, profesor del Conservatorio de Viveiro y orgulloso hijo del vocalista de la orquesta Maseda en la que tocó Arcadio Mon. La última vez que estuvo en San Ciprián, tuvo la oportunidad de saludar a otro Aventado, nuestro gran maitre Ceferino, que como tantos nacidos en el Valadouro, son gente honesta, trabajadora y viajeros en busca del conocimiento para luego aplicarlo en nuestra Mariña.

Tuvo la oportunidad de ser miembro de aquel mítico grupo que capitaneó el gran Pucho Boedo. Los Tamara le requirieron para su formación, pero era hombre de palabra y su compromiso le llevó con las grandes orquestas de A Coruña a recorrer el mundo, escribiendo la página más hermosa de los gallegos. La que ponían música en los más recónditos y elegantes salones de baile en un siglo XX que se debatía entre guerras, inventos, artistas plásticos, ciudades europeas y americanas, crisis o enriquecimientos. Todo ello, tiene una melodía, en directo, no como ahora, cuando la electrónica, robótica e informática, sustituyen al músico que sólo actúa, desde el escenario, como una polichinela.

Siempre sostuve que nuestra gente es inmortal. Desde el momento que es nuestra costumbre recordarlos y hacerlos presentes en todos los eventos socio culturales que organizamos. La inmortalidad se la ganan con el camino hecho durante su vida pisando nuestras playas, puertos, cascos históricos y romerías.
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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