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Hace 35 años

viernes, 26 de febrero de 2016
Obviamente, parece que no podemos parar el paso del tiempo; ni siquiera somos conscientes de como se nos ha ido. Hoy, los de mi generación somos historia, con muchas vivencias del pasado, un presente que nos mantiene en estado de alarma entre los grandes descubrimientos, la guerra que no cesa, el fracaso o agotamiento de un modelo económico y social que conforman garantías constitucionales, al parecer insostenibles desde la perspectiva de las cuentas públicas, en un país, azotado por la indecente corrupción, gobernado por mediocres sin ningún sentido del Estado, zaherido por las gravísimas diferencias entre ricos y pobres.

Pero, hoy dos cuestiones son noticia. Una muy presente. La declaración de un tal Torres, socio de un tal Urdangarín, que implican gravemente a la anterior jefatura del Estado en una trama de negocios "infumables", que probablemente, hubieran continuado, con otras fórmulas, pero a inventario de una determinada clase dirigente con patente de corso.

La otra cuestión, ¿qué pasó y dónde estábamos tal día como el pasado martes, un 23-F de 1981?. Evidentemente, aunque no todos los documentos de aquel golpe de Estado han sido desclasificados, hay mucho material que permite tener una información que como siempre, con la verdad, nos permite aproximarnos al sainete que pudo terminar en tragedia, y que visto lo que sabemos, casi fue un pronunciamiento anunciado, televisado, pactado y resuelto con los mínimos daños colaterales.

Aquella tarde de febrero me disponía a dar mi clase de salud Pública en las Aulas del Colegio Universitario de Álava. Iba en mi coche, un Renault Fuego, cuando escuché por la SER como se interrumpía la votación con unos "berridos" amenazantes y a continuación el sonido de los disparos producidos por armas automáticas. No sé lo que serían otros. Algunos proyectos de algo. Otros meros autónomos de empresa familiar. Muchos, simples ciudadanos asustados. Yo era un médico que vivía de mi trabajo, en una ciudad vasca, mientras esperaba cualquier oportunidad festiva para regresar y respirar las brisas de mi Mariña.

Las prisas de mi vida me habían hecho regresar a Vitoria, dónde había sido el Director del Hospital de Txagorritxo, precisamente, la persona que lo fundó tras montarlo y dotarlo de lo necesario en un plazo record, que nadie me agradeció.

Luego anduve por tierras de Burgos, Tenerife y Gerona. Continué con puestos de responsabilidad en la gestión de servicios sanitarios del entonces INP, ya con Ministerio de Sanidad, a punto de desarrollar la estructura del INSALUD.

Tenía un hijo y una hija. Era profesor interino de la Universidad. Sería más tarde y tras casi diez años de ejercicio, cuando convocada la plaza, la ganaría por oposición, completando hasta cuatro oposiciones (Inspector Médico de la S.S. Médico de Medicina General o de Familia. Jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Salud Laboral del Hospital Santiago Apóstol de FASVA en Vitoria. Profesor titular de Salud Pública de la Universidad Pública Vasca). Era, Médico de Empresa, por ser especialista en Medicina del Trabajo de dos factorías vitorianas (Esmaltaciones San Ignacio. Industrias Gálycas).

Había sido el Director de Hospital más joven de España. En 1975, con 28 años de edad, había sido nombrado Director del Hospital General del Complejo Asistencia Hospitalario "Vall de Hebrón". Desde ahí, en 1976, había ido hasta Vitoria a poner en marcha un nuevo hospital, acompañado de un magnífico equipo de médicos formados en La Barcelona de los setenta.

La transición política tras la muerte del dictador, se había convertido en un desgraciado parte de muertos a manos de ETA. A lo que añadimos, las continuas amenazas de los nostálgicos del Régimen surgido tras la cruenta guerra civil de 1936-39 y la durísima posguerra con toda la represión practicada contra aquellos que no eran leales a los principios fundamentales del movimiento...

Con el paso del tiempo, serenado el miedo al ruido de sables, instaurada la democracia, disfrutando con la lectura de obras como la de Cercas o la de Pila Urbano, sobre aquel 23-F, uno que es curioso con la historia del país, tengo razones para sospechar que fueron muchos más los que estaban implicados en el golpe que aquellos guardias civiles al mando de un Teniente Coronel que entraron en el Congreso de la Diputados. Incluso, sigue siendo muy problemática la propia disposición de la Jefatura del Estado, ya que a pesar de los muchos golpes anunciados, fueron los militares de rancio abolengo monárquico, los que a final de cuentas, se atrevieron a desencadenarlo, si bien con un horizonte que recordaba el Directorio Militar de Primo de Rivera con Alfonso XIII. Quizá fracasó por la propia personalidad de Tejero, que no estaba dispuesto a ser instrumento necesario de un pronunciamiento para instaurar un gobierno de salvación nacional, en el que, conociendo la lista de Armada, estaban todos los Partidos, presuntamente democráticos, con representación Parlamentaria.

Supe que mi vecino de vivienda en Vitoria, el entonces Lendakari Garaicoechea, había salido "zumbando" a los primeros disparos de la Guardia Civil. Supe que en la Comandancia de la benemérita de Vitoria, relativamente cerca de mi domicilio, habían comparecido paisanos armados con pistolas y escopetas, para proceder a la limpieza de "elementos subversivos". Supe que se habían quemado archivos políticos y sindicales. Supe de la lista que había preparada para al más puro estilo de las dictaduras latino americanas, proceder a "neutralizar" toda suerte de enemigos de la patria que Franco dejó atada y bien atada...Luego, a la vista de cómo quedó juicio y sentencias, tuve razón para pensar que aquello había sido una coña marinera, al menos en su colofón, no así en sus intenciones, ya que nos pudo costar la piel...
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


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