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Manuel Rodríguez Molinos

lunes, 01 de febrero de 2016
El promotor de El Faro de Veiga, el primer periódico escolar de la Galicia rural.

Manuel Rodríquez Molinos era natural de Ferrol, hijo de un practicante de la Armada. Cursó sus estudios en la Escuela Normal Superior de Santiago, donde finalizó su formación como maestro de escuela elemental en el mes de junio del curso de 1903/04.
Su primer destino como docente lo tendría en la escuela mixta de la parroquia de Ínsua, aunque lo desestimaría el 3 de febrero de 1906, alegando estar enfermo. Tan solo unos días después se incorporó al Colegio de San Adrián, a donde fue recomendado por el impresor ortegano David Fojo Díaz, por entonces, secretario de la junta de educación del centro creado y costeado por la Sociedad de Instrucción San Adrián, fomada por los emigrantes sanadrianeses en Santa Clara (Cuba) bajo la presidencia del hacendo empresario del café José Antonio Crego.

Tras conocer la actividad periodística que desarrollaba José María Lage con sus alumnos de la escuela de Ortigueira, Manuel se sintió impulsado a acometer él también una experiencia similar en su nuevo centro. La oportunidad de tener su propio medio de comunicación cuajó pronto entre sus alumnos, que le enviaron una carta de felicitación al director del centro ortigueirés que fue escrita por Daniel Armada Alvelo, y publicada en el número siete de El Escolar, el 13 de mayo de 1906. La experiencia piloto surtió el efecto deseado los chicos del Colegio de San Adrián, así como para sus padres, vecinos y emigrantes sostenedores del plantel educativo, convirtiendo El Faro de Veiga en una realidad para todos. Su primer número será editado el 1 de noviembre de 1907, tras la desaparición del El Escolar, que hasta entonces había sido el primero de medios de comunicación infantil editados en la comarca del Ortegal y en Galicia.

El periódico escolar fue distribuido de forma gratuita entre los alumnos y allegados al citado centro escolar, además de enviado a sus paisanos emigrados en Cuba, transformándose, de este modo, en una vía de comunicación abierta entre las dos márgenes del océano Atlántico. Algunos de sus números recibieron sus letras de molde gracias a la utilización de la máquina de escribir Underwood obsequiada al Colegio San Adrián por el vecino afincado en Cuba José Salgueiro, y que sus jóvenes periodistas utilizaban ya con una cierta maestría.
El periódico mantuvo su cita quincenal con sus lectores hasta el 15 de febrero de 1913, superando, así, el tiempo de edición de El Escolar. Es decir, fue publicado durante cinco años y tres meses, apareciendo sus últimos ejemplares señalados con el número 61.

Una de las consecuencia más palpables de su edición, como señala Neira Cruz (1), fue la creación de una estela de periódicos escolares escritos por alumnos de otros centros de formación igualmente subvencionadas por emigrantes.

Pero no sólo destacó Manuel Rodríguez por esta actividad escolar, ya que tampoco hay que desdeñar el hecho de que fue crítico con la adecuación de las escuelas levantadas por los emigrantes gallegos en su patria chica. Uno de sus reparos lo puso a su labor inspectora. Sobre este particular, el profesor destacaba, que “no hace tantos años que los maestros oficiales clamaban contra la existencia de la Juntas locales de la enseñanza y pedían a voz en grito su completa anulación; porque se inmiscuaban (sic) en lo profesional de tal manera que hacían vejación del maestro; el cual tenía que estar supeditado al cacique si quería los votos de gracias y que le dejasen tranquilo. Si su conciencia respugnaba estas vergüenzas, ¡ah! Entonces formábansele expediente tras expediente y el pobre maestro, perseguido, aniquilado, trasladaba su residencia comenzando para él un Calvario en su carrera profesional.

Contaban las citadas Juntas locales, en aquel entonces, con personas nombradas a gusto de los caciques y para todo servían; hoy forman parte de ellas, afortunadamente, personas ilustradas exentas de todo vínculo politico. No obstante los Gobiernos, fundados en justísimas razones, atáronle todas sus atribuciones y hoy sólo son puramente administrativas: el Inspector de la Zona es el encargado de revistar las escuelas de su cargo y estado de la enseñanza y, como pedagogo, su juicio ha de ser y efectivamente lo es, más ajustado a la verdad que el vemente de los aleluyas sujetos al cacique.

Las Sociedades de Instrucción domiciliadas en Cuba deben conocer esto, seguramente que lo conocen; y sin embargo, aunque guiadas de sano espíritu de deseo que su obra no sea corrompida por la insana politica y de que se obtengan los mayores frutos que se buscan, nombran Delegaciones en las parroquias que han de recibir los beneficios que persiguen, constituídas por personas muy honorables, pero que de enseñanza no entienden; y es triste verlas -con notorio desagrado por parte de ellas- inspeccionar y juzgar en exámenes y actos escolares. Sus mismas lamentaciones hacen que se abandonen un tanto en el deber que les impone el cargo que aceptaron y se les oiga decir con mucha frecuencia: “Nosotros somos mandatarios de los de Cuba, es cierto, estamos revestidos de atribuciones para inspeccionar y juzgar; más ¿cómo hemos de hacerlo si tenemos que comenzar por reconocer que nosotros somos los primeros en estar desnudos de la elemental ilustración necesaria para no hacer un papel desairado o ridículo ante los niños que, las más de las veces suelen darnos lecciones?
Hay que convenir con nosotros, que esto causa notable perjuicio a la enseñanza, a los niños y al maestro y, por tanto, a las Sociedades de Instrucción” (2).

Ante esta situación, “La Delegación de la Sociedad “San Adrián”, buscando siempre el mejoramiento de la enseñanza, procurando que la constante y tenaz labor del maestro sea reconocida en el floreciente estado educativo e instructivo de los niños que dirije (sic) ha resuelto que los Tribunales de exámenes lo constituyan en lo sucesivo personas de reconocida competencia en la educación primaria […] La Sociedad Puente de Mera lo hace ya. Háganlo asimismo las demás Sociedades de Instrucción” (3).

Otras expectativas que avalaba el maestro y que deseaba que fuesen apoyadas por sus colegas, a la vez que por los sostenedores de las escuelas indianas de Galicia, eran, entre otras: fomentar la relaciones entre las escuelas y las familias, crear cantinas escolares y ofrecer desayuno escolar a los alumnos, fomentar los exploradores (termino con el que en España se conoció a los boys-scouts), estimular en los niños la asistencia a clase, promover entre los maestros congresos, conferencias, conversaciones, certámenes pedagógicos, etc., “ya que los Nacionales del Partido [Judicial] hace años que no se ocupan de esas pequeñeces” (4).

Hay que apuntar, además, que su preparación e iniciativa pedagógica se vio recompensada con un premio de 100 pesetas a su trabajo Cervantes Educador en el Certamen Científico-Sociológico celebrado, bajo el patrocinio del Centro Obrero de Ferrol, en el Teatro Jofre de Ferrol durante la segunda quincena del mes de mayo de 1916 con el objeto de conmemorar el centenario de Cervantes.

Molinos fue corresponsal-colaborador de la revista Labor Gallega, que se editaba en Cuba, a la que le transmitía las novedades que se producían en esta parte del terruño, bajo el encabezamiento de Desde el Condado de Ortigueira, y en la revista quincenal Galicia Pintoresca, de Vilalba.

Notas:
1. Neira Cruz, X. A. (1998), "Aproximación a la historia de la prensa infantil en gallego", en Actas del II Congreso de Literatura Infantil y Juvenil "Historia Crítica de la Literatura e Ilustración Ibéricas", Cáceres, 3-6 de diciembre de 1998.
2. Molinos, M. Desde el Condado de Ortigueira. A las Sociedades de Instrucción. 1917: año 2.
3. Ibídem.
4. Molinos, M. Desde el Condado de Ortigueira. Para Labor Gallega. 1916: año 1.

Saber más:
Neira Cruz, X. A. (1998), "Aproximación a la historia de la prensa infantil en gallego". En Actas del II Congreso de Literatura Infantil y Juvenil "Historia Crítica de la Literatura e Ilustración Ibéricas", Cáceres, 3-6 de diciembre de 1998.
Neira Cruz, X. A. “El Escolar y El Faro de Veiga, dos periódicos escolares en los orígenes de la prensa local gallega”. Revista Latina de comunicación social. http://www.revistalatinacs.org/aa2000yen/139VAneira.html
Peña Saavedra, P. “Relatos y representaciones de la escuela en la primera prensa escolar infantil de Galicia”. En III Foro Ibérico de Museísmo Pedagógico y V Jornadas Científicas de la Sociedad Española para el Estudio del Patrimonio Histórico Educativo. Murcia. 21 noviembre-23 noviembre, 2012.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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