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Un gallego con baraka

lunes, 18 de enero de 2016
Lo dijo Rajoy, entre paseos por la playa del Silgar en Sanxenxo. "Esto es un lío". Sobre todo para un personaje perezoso y acostumbrado a que sólo las cuestiones que se resuelven solas, son las que tienen solución. Además, nunca puso demasiado entusiasmo en nada, los nombramientos le vinieron dados sin pedirlos, siempre estuvo allí como convidado de piedra para ser el comodín necesario, y así desde que le tocó ser el baluarte de AP cuando Barreiro Rivas y sus impacientes seguidores gallegos se decidieron a echar al inoperante Fernández Albor.

Estaba en el lugar indicado para sustituir a Mayor Oreja cuando se presentó a Lendakari y perdió las elecciones vascas. Primero en el Ministerio del Interior y luego, tras la renuncia de Rato, a ser el ungido de Aznar. No despertaba entusiasmos, pero tampoco rechazos. Era un hombre gris y casi de fiar ante un Aznar que se retiraba a la FAES para permanecer vigilante del proceso siguiendo el modelo de la Iglesia que siempre mantuvo un órgano en la Curia para garantizar los principios fundamentales de la Doctrina o evitar las desviaciones.

Cuando Esperanza Aguirre le quiso poner la zancadilla, se las arregló para que, desde Valencia dónde el tiempo nos ha señalado que había una fuerte organización consolidada en los negocios de la corrupción y la financiación, le ayudaran. Era como si Mariano fuera el inquilino perfecto en el edificio de Génova, para no preocuparse demasiado y seguir haciendo lo que convenía a los de Gurtel.

Mientras él se dejaba querer, necesitaba alguien que trabajara duro y diera la cara. Lo encontró en las Abogados del Estado. De Cospedal y Sáenz de Santa María. Con ellas en el staf podía fumarse tranquilamente un buen habano mientras disfrutaba de la lectura del MARCA.

Tras la pérdida de la mayoría por obra y gracia de aquella pésima gestión del 11-M, tuvo la suerte de tener en frente a ZP y sus mediocres. Lo hicieron tan rematadamente mal que provocaron una perversa mayoría absoluta, extendida a todos los resortes del poder público, en plena crisis económica que resuelven los mismos que la promueven, y para los que Mariano resulta un peón útil y manejable, con su correspondiente vigilante -el Ministro De Guindos- que una vez más, y como pasó con los que entregaron Viriato a los romanos, "Roma no paga traidores".

Tras instalarse en la mayoría absoluta, que da para repartir cargos a muchos fieles y oportunistas, se vuelve más perezoso. Se acostumbra a usar dos muletas para el mansurrón de una oposición zaherida. Unas veces, les recuerda la herencia ZP, y otras, les aplica el rodillo del número de escaños, en Las Cortes o en los Parlamentos Regionales.

Pero, al igual que les hacían a los Papas, aquel algodón impregnado en alcohol, siempre termina por consumirse; es cuestión de tiempo y aunque el poder siempre deja un residuo, al final si los caudales no se administran bien, llegan las pérdidas y menos mal que no alcanzaron la ruina que algunos pronosticaron.

Poco antes del 20-D, la Curia de la calle Génova -edificio remodelado con dineros negros procedentes de pagos por favores- urgió al perfecto imitador de Don Tancredo a cambiar la imagen en televisión de los portavoces del primer partido en el reino de España. Y así, escalan posiciones en el organigrama vasquitos a los que tengo el disgusto de conocer.

Primero fue Alonso, ex alcalde de Vitoria gracias al pacto PP-PSE-UA -primer gran acuerdo para poner al PNV en los bancos de la oposición- El joven abogado nieto de un ex Presidente de la Diputación Alavesa (Aranegui) ungido por el Ministerio de la Gobernación en tiempos de la oprobiosa, además de lucir palmito por la vetusta calle Dato -que muere en la estación de la RENFE a la que llegaban los españolitos con la maleta de madera a trabajar en la industria vasca- representa a esos señoritos de provincias que al no disponer del dinero de sus antecesores, se apuntan a la política, como en tiempos del Nuevo Mundo, se apuntaban a ser soldados de los Tercios o conquistadores de inmensas riquezas que, desgraciadamente, fueron un modelo económico causal de la decadencia del Imperio.

Alfonso Alonso Aranegui, llega a Diputado de las Cortes por Álava, sabía nadar y guardar la ropa en las reyertas palaciegas, y acierta al colocarse en la fila; en este caso de la "pequeña" Sáenz de Santa María, que a base de trabajo silente y sacarle las castañas del fuego al de Compostela, termina siendo el banderín de enganche de la nueva generación para muchachada alegre y combativa de la derecha. Portavoz con buena cara y verbo comprensible, para aprovechar un resquicio por las sillas en el Consejo de Ministros y compensar el nombramiento de Arancha Quiroga -Opus Dei- con la cartera de Sanidad, al salir la abrasada Mato.

El que antecede tiene una guardia de corps. Los vitorianicos, Maroto y Oyarzabal. A los dos guardianes del poder en el PP vasco, se los lleva a la ciudad de la señá Cibeles. Al primero tras perder la Alcaldía en la capital de Euskadi. Al segundo al perder la Secretaría General del partido en tal lugar del norte.

Maroto se convierte en un "vice algo" para la comunicación. Oyarzabal se convierte en un fontanero más de los que pululan a modo de Ronda Toledana, por la pléyade de cortesanos en una Sede Central dónde chocan los sables entre las diferentes facciones de la derecha. por aquellos pasillos que guardan el espectro del ánima fundacional de Don Manuel, y hay puñaladas entre los partidarios del incombustible señorito Arenas, la arisca señora De Cospedal, las visitas siempre conflictivas de la Aguirre, y desde luego, las oraciones de los acólitos para que se llegue a un mal acuerdo -mejor que un buen pleito- con el antiguo tesorero Bárcenas, grabador infatigable de conversaciones y repartidor de sobres a diestro y siniestro, incluso, gestor de los ingresos engordados con caudales procedentes de empresarios afines a la causa.

Y Don Mariano sin enterarse… Hasta que estallan los resultados del 20-D. Que no son tan malos como podían haber sido. Y es que el del incidente en Pontevedra -casi le parten la cara- es hombre con baraka. En el peor momento de imagen e intención de voto a la derecha corrupta y desvertebradora, irrumpen tres hechos que le salvan la piel.

La crisis de los socialistas, que no quieren a un mal actor como secretario general.
La proclamación de la República en Cataluña, que requiere de firmeza y unidad.

La inseguridad propiciada por las hordas del Estado Islámico, que requiere no sólo de medidas militares, también de una unidad política sin fisuras por el peligro de guerra de guerrillas que estamos viviendo.

Y ahora llega el momento clave. La formación de una mayoría capaz de sustentar a un Gobierno de España. La verdad es que por mucha imaginación que uno aporte, las cifras de escaños con su procedencia ideológica irrenunciable, no suman, y menos hacia la derecha con olor a naftalina de Rajoy.

Estamos abocados o a un experimento en torno a Sánchez, que duraría muy poco, o a la convocatoria de nuevas elecciones generales, a las que antecede la designación de candidatos. Y, me atrevo a pronosticar. El gallego Rajoy, lo tiene mal. El gallego Feijoo, lo tiene bien, por ser hombre de consenso entre barullos y conspiraciones.
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


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