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Juan Bosco Modesto Paz Camps, pintor de las marinas del Ortegal

miércoles, 09 de diciembre de 2015
Juan Bosco Modesto nació en Loiba el 19 de abril de 1933. Fue hijo de dos maestros ejercientes en la localidad, Santos Paz Infante, natural de San Miguel de Negradas, en el municipio lucense de O Vicedo, y María Camps Elías, natural de Barcelona. Modesto, como todo el mundo le llamaba, fue el cuarto hijo que llegaba a la familia, aunque no el último, ya que tras él vendrían otros cuatro hermanos más. Con ocho hijos que mantener, los sueldos de dos maestros cubrían escasamente sus necesidades familiares, máxime en una época de España en que se libraba un duro enfrentamiento civil, al que sucedería una también triste y calamitosa etapa de postguerra. Sin embargo, como en su día suscribió Chao Espina, el capellán de la parroquia en aquellos momentos, “todos nuestros queridos feligreses pudieron vivir tranquilos, no se fusiló a nadie, y aquí no se sufrió lo que en otras parroquias” . Durante ese tiempo relajado, Modesto iba y venía por la aldea como un niño más, sin más preocupaciones que las de ver como se desarrollaba la vida en el mundo rural. Muy cerca de su vivienda se encontraba algo que le atraía poderosamente, el mar, algo que será muy representativo de su obra pictórica, donde quedará reflejado en sus múltiples formas.

Durante sus años infantiles, Modesto se mostró como un chico aplicado y al que le gustaba el dibujo y la pintura, aunque tampoco se le da nada mal el canto, una habilidad de la que hacía gala en los actos litúrgicos de su iglesia. En su aldea alternó sus juegos con sus estudios, como era preceptivo en un hijo de unos maestros. No obstante, sus padres ya pensaban entonces en su futuro, por lo que aceptarán de muy buen grado cualquier oportunidad de traslado que se les dé la opción aproximarse a un destino cerca de una capital en la que sus hijos puedan proseguir sus estudios medios e incluso superiores, ya que en esos momentos, la única alternativa que les ofrecía Ortigueira era acceder a la Academia de Don Jesús. Y esto era algo bastante difícil para cualquier alumno que viviese alejado de la capital municipal debido a las líneas escasísimas líneas de transportes de viajeros y a que los desplazamientos a pie por caminos angostos y enfangados en las largas noches de invierno suponían un excesivo castigo para los frágiles cuerpos de sus potenciales alumnos.

Ante esta situación, sus padres tomaron la decisión de irse acercando a Santiago, la capital la educativa de Galicia por excelencia. Con el objetivo claramente definido, su madre elegirá, en 1942, la plaza vacante en una escuela del ayuntamiento de Ames. Desde ella, los 12 km que sus hijos tendrían que recorrer desde Loiba a Ortigueira aumentarían hasta los 17 que separaban Ames de Santiago, pero ahora sus dificultades de transporte disminuirían considerablemente, ya que, además de autobuses, dispondrían de trenes. A pesar de ello, y como suele ocurrir con algunos cálculos oportunistas de los padres, estos acaban desmoronándose cuando la realidad se les impone, y este fue el caso de Modesto, quien pasará a estudiar no en Santiago, como parecía evidente, sino en Mondoñedo, donde ya se encontraba cursando la carrera eclesiástica su hermano José María. En el seminario de Santa Catalina, el joven estudiante estuvo interno los siguientes cinco años. Una etapa en la que no sólo se formará académicamente, sino también en otra de sus aptitudes naturales: el canto. Sus tutores verán en él a un auténtico virtuoso de la voz por lo que le ofrecerán la oportunidad de integrarse en el coro del seminario, donde demostrará su valía tanto en el grupo como solista.

Sus dotes para la canción proceden de su rama materna, quien ya había dado varios parientes cuya afición la habían convertido en profesión. Él, sin embargo, no pasará de hacerse algún hueco como solista en alguna coral de Santiago con la que actuará en varias ocasiones.

En el curso 1948/49, la familia tuvo que desplazarse hasta la localidad de Teo, donde su madre había obtenido una plaza en una escuela mixta. En el curso siguiente y hasta su jubilación, en 1966, pasará a ocuparse exclusivamente de la escuela de las niñas. Sin embargo, no será hasta 1950, cuando su padre pueda, al fin, aproximarse a la escuela de su mujer y compartir con ella y sus hijos una verdadera vida familiar.

Dos años después, y tras observar que los hábitos sacerdotales no eran del agrado de su hijo, deciden traerlo de nuevo al hogar y dejar que se ejercite en su verdadera vocación, que no es otra que el dibujo y la pintura, que incentivará enviándole a las clases del pintor santiagués Antonio Folgar Lema.

Su obra artística se encontraba entonces en un escenario intermedio entre el surrealismo, el realismo y el expresionismo. Una encrucijada que cautivaba a sus espectadores hasta el punto de apremiarlo para que preparase una exposición pública de sus cuadros. En esa primera exhibición de su arte, va presentar un lienzo en el que aprecia una mano con el envés hacia abajo sobre lo que se semejan las rías gallegas y que él denomina La mano creadora, aunque también sugiere otros títulos como Génesis o Mano de Dios, por el recuerdo que trae de la famosa sentencia gallega de que cuando Dios terminó su creación apoyo su mano sobre el territorio de Galicia dejando con sus dedos impresas sus rías occidentales.

Durante los años siguientes, el joven Modesto se va trasformando en un experto pintor que inicia un sinfín de composiciones bien resueltas en las que estudia diferentes temáticas. Entre ellas la marina, que capta volviendo a sus lugares de la infancia: Loiba, Ortigueira, O Barqueiro, … en donde consigue trasferir la belleza natural de sus hermosos paisajes a unos maravillosos cuadros que parecen revitalizarla. En ellos encuentran acomodo títulos como El Barquero, Acantilados de Loiba, Os Castelos, etc.

Ese mismo curso de 1952/53, prepara su reválida en el Colegio Manuel Peleteiro de Santiago lo que permitirá acceder a la carrera de Derecho dos años después. Sus estudios no le impedirán seguir trabajando ahora en dos temáticas muy definidas Los que juegan y Los que aran, cuyas obras que mantendrá bajo su tutela durante toda su vida, al igual que hará con muchos otros que fue realizando posteriormente y que nunca tuvo intención de vender.

Durante esos años vivirá con sus hermanos en un piso de la compostelana calle del Hórreo, en donde pintará lienzos con motivos de paisajes de Baamonde, Pontevea, Ponte Ulla, San Pedro de Vilanova, Trobe y Vedra, pero también teñirá las telas con la monumentalidad de las piedras compostelanas (Carballeira de San Lorenzo, Santa María Salomé, …), e, incluso, volverá a descubrir y contemplar los edificantes paisajes norteños de Ortigueira y O Barqueiro, plasmándolos una y otra vez en sus marinas.
A partir de 1960, se decidirá definitivamente a abrir exposiciones en varios lugares. Ese mismo año, inaugurará la primera de ellas en Santiago, en el local de la Unión de Artesanos, en la céntrica Rúa do Vilar. Su arte cautivará a sus múltiples espectadores, consiguiendo un éxito rotundo y las felicitaciones tanto del público como de la crítica. Su satisfacción personal crecerá y con ella sus miras profesionales apuntarán a nuevos objetivos. Decide entonces emprender el camino del retrato para el que elige como sus primeros modelos al entonces decano de su facultad Paulino Pedret y a su profesor Barcias.
Dos años después volverá a exhibir su obra, esta vez en el Centro Gallego de Madrid. Entre sus nuevos cuadros, colocará una vez más el cuadro Mano creadora, que será muy apreciada por gente tan popular como el actor Pepe Isbert, quien, además, se dignará a dedicarle una reseña en que destacó que “una de las cosas que me han entusiasmado en mi querido amigo Bosco Paz Camps es que pinta lo que ve, y sabe interpretar con los pinceles sus bellezas. El mar lo hace mover, que bien encontrar un pintor joven de la “vieja ola”” .

Un año más tarde sus lienzos partirán hacia la ciudad condal, en donde tendrá ocasión de exponerlos en la Sala San Jaume, en el famoso Paseo de Gracia. Tanto la prensa como la radio se hicieron eco de su talento artístico, ensalzando, principalmente, las pinturas en que tenían como motivo la catedral compostelana. Solo unos meses más tarde, Paz Camps abrirá al público su cuarta exposición, pero esta vez, al otro lado del océano Atlántico, en la capital uruguaya, donde llamará poderosamente la atención el colorido y realismo con que trata el granito compostelano, lo que evocará no pocos recuerdos de Galicia entre sus asistentes.

A su regreso, seguirá publicitando sus cuadros en nuevas salas, como la del Hostal de los Reyes Católicos, donde, a los cuadros ya exhibidos, añadirá otros nuevos, entre los que estará el retrato de Paulino Pedret. Ese mismo año de 1965, retornará a las tierras del Ortegal para plasmar los paisajes agrestes del cantábrico con la ría de O Barqueiro como elemento clave, un encargo que le solicitó el doctor Manuel Lorenzo Abella. En este nuevo trabajo, titulado La ría del Barquero, se aprecia su claro realismo, elemento que introducirá en toda su obra posterior. La ría, con el bancal de arena emergiendo de la superficie del agua y su perímetro anegado bajo el azul marino, son ingredientes importantes del cuadro, así como también lo son las casas cubiertas de pizarra o los campos de la ribera de la ría salpicados de los tonos entrecruzados de los cultivos, tan característicos de una zona en la que predomina la agricultura minifundista y de autoconsumo. Ese año Modesto terminará sus estudios de Derecho y continuará viviendo en el piso del Hórreo con sus hermanos y hermanas, casi todos ya con sus carreras concluidas y repartidos por diferentes escuelas de la provincia.

Entre 1966 y 1973, se jubilarán sus padres, que trasladarán su domicilio a la ciudad del apóstol. Por su parte, él pintará algunos bodegones y su retrato más querido, el del célebre cardenal compostelano Fernando Quiroga Palacios, que dejará expuesto durante algún tiempo en un local comercial de la Praza do Toural, para después donárselo al Museo de la Catedral. En esos 7 años, realizará otras cinco exposiciones. La primera de ellas en la sala del Centro Gallego de Sevilla, en donde los comentarista del diario ABC y la TVE elogiarán sus bravas marinas del norte ortegalés y las apacibles rías del sur gallego.
En 1969, Paz Camps se trasladó a Estados Unidos con muchos de sus cuadros para abrir en Miami una exposición en la prestigiosa Bacardi Art Gallery, del Barry College. Este viaje le dará, además, la oportunidad de asistir al lanzamiento del cohete Apolo IX que, por primera vez, le dará la oportunidad a un hombre de poner un pie sobre la superficie lunar. Concretamente será su comandante Neil Armstrong, quien dejé testimonio de este hecho gracias a la impresión de la huella de su zapato y a una frase que quedará para la posteridad: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad".
Modesto exprimirá su estancia norteamericana cogiendo de nuevo sus pinceles y pintando algunos cuadros marineros, entre los que están los rompeolas y otras imágenes de su costa Este. Finalmente, celebrará otra exposición en la Gault Galleries, del Hotel Fontainebleau, de Miami, en donde venderá un buen número de cuadros, aunque no tantos como le solicita el público, por su deseo de conservarlos.
A su vuelta, en 1970, la Sociedad de Vedra en Buenos Aires le pedirá que le pinte un cuadro de su iglesia parroquial, que una vez terminado fue colgado en una de las paredes de su sede como símbolo y recuerdo entrañable de su tierra.

Tres años después, regresará a EEUU con el objetivo de organizar varias exposiciones. La primera de ellas será en el Estado de New Jersey, para después trasladarse a Washington y Nueva York.
Entre 1974 y 2001, Modesto Paz dejará de exponer su obra en España. Casi tres décadas en las que no dejará claro el por qué su actitud, que, incluso, dejará perplejos a sus más próximos, pues él era un hombre al que le gustaba ser admirado por su labor pictórica. Su biógrafo y amigo Guillermo González opina que pudo ser debida a que los ingresos que percibía por las obras que vendía directamente le llegaban para vivir, además de que ya había tenido un pequeño problema con una investigación que le había hecho Hacienda, con la que había entrado en un contencioso.

Durante ese largo periodo Paz Camps se dedicará a pintar paisajes de la Galicia central: Ponte Ulla, Gimonde, pero también de Santiago y sus calles, y de las marinas de las playas del Barbanza, Costa da Morte, así como bastantes bodegones, de los que pocos acabará vendiendo, pasando, casi en su totalidad, a formar parte de su pinacoteca particular.

Entre los años 2002 y 2012, el ortegano le donará 80 de sus cuadros al museo municipal de Vedra, al que la corporación le impondrá su nombre. Dentro de él reservó un espacio para un taller en el que seguir confeccionado su obra plástica a la vez que les impartía clases a sus alumnos. En ocasiones, Modesto Paz también ejercía de cicerone, llevando a sus visitantes por las distintas salas. En esos últimos años, pinta varios cuadros, entre ellos, el del monumento a Santiaguiño, de San Pedro de Vilanova, los Molinos de San Pedro, o el retrato del alcalde Odón C. Cobas.

A partir de 2011, su salud será cada vez más delicada, lo que le impedirá cumplir con normalidad con las tareas a las que estaba acostumbrado. Al año siguiente acomete su última exposición, esta vez en la Sala Manrique del Pazo de Xelmírez, en la catedral compostelana que llevó por título Primera Colección Modesto Paz Camps sobre la Catedral de Santiago, organizada por él y la Fundación Catedral de Santiago.

Los efectos del Parkinson no dejarán de avanzar, a los que se sumará una rotura de sus caderas que lo llevaron a tener postrarse en una silla de ruedas a principios de 2014. Su vida terminará el 7 de noviembre de 2015. Sin embargo, como le ocurre a todos los grandes artistas, su exquisita obra perdurará, no solo en sus lienzos, sino también en los numerosos estudios que se han hecho de ella y seguirán haciéndose por todos aquellos que aman la buena pintura. Constancia de esto último es que, pocos días después de su muerte se abría en el Centro de Mayores de Afundación, en Santiago de Compostela, la exposición que llevó por título Tierras de Santiago, en la que se exhibieron 46 obras cuya temática gira en torno a la capital de Galicia y a los paisajes de la Sierra del Barbanza. Esta muestra será la decimoctava de su vida artística y la quinta que se materializa en Santiago.

Para saber más:
González Raviña, G. (2014.) Juan Bosco Paz Camps: Sesenta años de una pintura dulce y sensible. Guillermo González Raviña. El libro incluye en sus 322 páginas 153 cuadros y fotografías. Su autor presenta una descripción de la vida y la obra del pintor, abarcando sus pinturas marinas: desde Vivero a Rianxo, y temas del centro de la provincia coruñesa, principalmente, del Val do Ulla, así como óleos de la catedral y de la zona monumental de Santiago de Compostela. También muestra sus bodegones y retratos, sus exposiciones, su música y la vida bohemia.

Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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