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Hoy abre la Plaza de Abastos provisional

martes, 10 de noviembre de 2015
Hoy por fin se abre la plaza de abastos provisional que se ha instalado en la Plaza de la Soledad. Una carpa que durante 33 días, si todo va bien, albergará 14 puestos de diferentes tipos que han tenido que desalojar la plaza para hacer las obras de modernización que se pagarán con fondos del plan URBAN.
La nueva ubicación es realmente buena, y o muy equivocado estoy o los placeros que están allí temporalmente van a echarla de menos. Están a pie de calle, en una zona de mucho paso, y encima el montaje ha quedado muy bien, gracias a que la empresa instaladora se ha dejado los cuernos y que ellos llevan desde el sábado montando como locos los puestos que les han asignado.

Hasta aquí todo muy bien. Pero hay una historia detrás bastante menos agradable. La de unos días de histeria tras meses de incertidumbre.

Como la asociación que presido tiene varios socios en la plaza afectados por el traslado, me llamaron para ver si les podía echar una mano y entre todos racionalizar la situación, que era la siguiente: el viernes de la semana pasada, día 6 de noviembre, aún no sabían ni cómo iba a ser el traslado, ni las instalaciones que tendrían, ni las fechas, ni si podrían acceder o no a sus puestos durante la obra… ni siquiera si lo del día 10 era seguro, ya que cuando se pidió confirmación les contestaron con un lacónico “ya iremos viendo”, y eso no me lo contó nadie que estaba yo delante. Por supuesto ni una palabra por escrito. Salvo honrosas excepciones, los representantes del Ayuntamiento han tratado a esta gente a patadas.

¿Cuál es el fondo del asunto? Sencillo: se interpreta que como les han puesto la carpa para trasladarse y no se les cobrará la mensualidad de noviembre por los perjuicios causados (es obvio que estos días de trasiego han perdido y perderán mucha venta) no pueden abrir la boca y quejarse, vamos, que la idea es “¿pero qué más quieren?”. Sencillo: que les dejen trabajar y les informen de cómo lo podrán hacer.

Ayer mismo por la tarde tuve una discusión amable (mi contraparte es un amigo con el que sé que me entiendo bien aunque no pensamos ni parecido) con alguien cuya opinión se resume en “es que estos placeros que están ocupando un suelo público encima se creen que les van a arreglar la vida”.

Queda muy feo contestar ese argumento en público sin derecho a réplica por su parte (bueno, la sección de comentarios está abierta, ya lo saben) pero como me parece que es una visión bastante extendida, quizás porque hay interesados en difundirla, creo que es importante explicar que las cosas no son tan sencillas.

Los placeros tienen puestos en la plaza porque les han sido adjudicados en un proceso público, con lo que digamos que es una especie de “oposición” que les asigna una concesión temporal de ese espacio. Desde ese instante son arrendatarios de un espacio en que el Ayuntamiento es su casero. Si en vez de ser el Ayuntamiento quien les trató como lo hizo fuera un centro comercial o una gran empresa no habría dudas sobre de parte de quién está la razón, pero ahí, incomprensiblemente, una parte de la población se pone de parte del grande y no del pequeño empresario, a quien ese nombre incluso le queda ancho porque hablamos de tenderos en el buen sentido de la palabra: autónomos con un empleado o ninguno, gente que lucha día a día por sacar su pequeño puesto adelante.

Nadie le ha pedido al Ayuntamiento ningún privilegio. Solo se les pidió que durante el cierre se les indemnizase por el parón (como haría cualquier casero en caso de forzar a su inquilino a cerrar) o les dieran otra alternativa. Se optó por esto último con gran satisfacción de los placeros porque lo que quieren es trabajar y atender a su público, ya que cualquiera que tenga un negocio sabe que es muy peligroso cerrar un mes y pico (las obras se sabe cuándo empiezan pero ya veremos cuándo acaban) y dejar que la gente se acostumbre a comprar en otro sitio.

La actitud de “que se cojan vacaciones”, que también la escuché por parte de portavoces municipales es de una miopía rayana en lo delictivo. ¿De verdad creen que estas personas pueden cerrar 33 días por vacaciones? Muchos no han cogido más que días sueltos en diez o quince años, y no porque sean unos avaros que quieren ganar un céntimo más sino porque sus modestos negocios no les permiten esos lujos que otros damos por sentados.

Hoy abre la carpa pero alguno de los negocios no puede trabajar con normalidad porque las instalaciones que les han proporcionado no funcionan bien o, directamente, les faltan elementos básicos como un asador de pollos para quien se dedica a asar pollos.

La improvisación, el parche de última hora, los nervios y la descoordinación han sido la tónica general durante estos últimos días de infarto, y no me vale lo de que “es que faltaba poco tiempo” porque sabían que esta obra se haría desde hace dos o tres años. Han puesto histérico a todo el mundo sin necesidad, porque si hace cuatro meses se sientan a planificar un traslado ordenado habría mucho, mucho, mucho tiempo para solventar las cuestiones que pudieran ir surgiendo.

Volviendo al principio de la cuestión, lo único bueno de todo esto es que la ubicación temporal es magnífica, y no descarto que hasta pidan quedarse durante la campaña de navidad, porque el sitio va a funcionar de maravilla. No hay nada para una actividad económica como estar en una calle céntrica y en zona de paso, y eso se nota, ya lo verán.

Acérquense por la Plaza de la Soledad desde hoy y disfruten de una Plaza de Abastos callejera, y quienes no suelen ir por Santo Domingo comparen los productos y los precios con lo que compran en las grandes superficies. Se llevarán una sorpresa y quizás se habitúen a recuperar una tradición tan hermosa como saludable (en lo económico y lo vital) como es la de ir a “hacer la compra” sin un carrito de esos que se van contra las estanterías.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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