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Error y acierto de Marta Rivera de la Cruz

viernes, 16 de octubre de 2015
No conozco personalmente a Marta Rivera de la Cruz. Que yo sepa (soy muy despistado) solo nos hemos visto una vez, en una firma de libros que hizo en la extinta librería Souto, a donde en plan “groupie” le llevé uno de sus libros, concretamente “En tiempo de prodigios”, para que me lo firmara. Era un regalo para mi madre, porque después de la muerte de mi abuela me ayudó mucho leer ese libro y la intención es que a ella también. No sé si lo conocen pero se lo recomiendo vivamente, porque tiene mucho de novela interesante pero muchísimo más de reflexión sobre la vida y la forma de encarar los duros tragos que nos toca superar en este valle de lágrimas.

También leo esporádicamente sus artículos de prensa y la veo en tertulias de la tele (aunque algo menos porque lo de esas especies de “Sálvame” de política me ponen muy nervioso), lo que te da una falsa sensación de conocimiento que realmente no existe. Siempre me llama la atención cuando nos cae bien o mal una persona con la que no hemos cruzado palabra o un personaje de ficción, a mí también me pasa. Supongo que precisamente esa es la intención y que si consigues apasionar al lector o al espectador hasta el punto que el personaje le genera rechazo o simpatía es que estás haciendo bien tu trabajo.

Marta Rivera está de actualidad por haber fichado por Ciudadanos para el Congreso de los Diputados, y en las redes sociales por su incendiario artículo sobre la vestimenta del Alcalde de Ferrol en un acto oficial en el Ayuntamiento de Lugo. Le llamaron de todo menos bonita por decir que este señor no iba correctamente vestido para un acto oficial, y la confusión entre fondos y formas en la que cayó en su artículo.

Una gran escritora puede escribir un mal artículo, y ese día a Marta Rivera le pasó eso. Nadie es perfecto. Mentiría si no les dijera que me sorprendió, y no agradablemente, un texto en que estoy de acuerdo con una parte (las formas son importantes) pero no puedo compartir otra (la extensión de lo que considero un prejuicio).

Sin embargo, ayer leí un segundo artículo de Marta Rivera sobre el tema. Contaba que tras la belicosa reacción del mundo virtual recibió un mensaje del propio Alcalde de Ferrol en que, con gran elegancia, lamentaba las agresiones digitales contra Marta. Una parte de su artículo resume el espíritu del mismo: “Nunca sabrá este hombre, al que no conozco, lo que agradecí su generosidad conmigo, pues seguramente no la merezco. Otro en su lugar se estaría frotando las manos. A veces nos olvidamos de que frente a nosotros, en las antípodas, bien lejos de lo que somos y de lo que defendemos, hay personas a las que deberíamos conocer un poco mejor”.

Cierra el artículo reafirmándose en que no le gustan las vestimentas inadecuadas para cargos representativos, y tengo que decir que estoy bastante de acuerdo. Igual que uno no iría a una boda en chándal, porque sería una falta de respeto a los contrayentes, no va al fútbol en pijama ni de frac porque haría el ridículo. La vestimenta de algunos de los líderes actuales es una declaración de intenciones que a mí, personalmente, no me acaba de convencer. El Alcalde de Ferrol no va vestido así por casualidad, es una forma de expresarse que igual que puede ser apoyada puede ser denostada, con respeto y sin caer en el insulto, pero que no tiene por qué gustarnos y podemos decirlo, creo yo.

Eso no hace que el traje sea obligado (aunque en determinadas ocasiones debería) ni que garantice nada, ya que los más grandes ladrones que ha dado este país en los últimos años usaban, y usan aún, corbata a diario. No se trata de eso, sino de que si a una boda vas razonablemente arreglado, un acto oficial de otro ayuntamiento (quizás no el tuyo, que llevas como Dios te da a entender) merece un respeto, incluso en las formas.

Sé que estoy mezclando dos temas: el de la conveniencia o no de respetar unas convenciones sociales en determinados actos y los artículos de Marta Rivera, pero es que no sería sincero si no reconociera que le doy parte de razón en el primer artículo y toda en el segundo.

Por último una reflexión: mucha de esa gente que se rasga las vestiduras por el “clasismo”, el “ataque” o la “pijería” de este tipo de ideas debería ver lo que escribe en el Facebook, porque se ríen mucho con amenazas contra gente que les cae mal (llámese Rajoy, por poner un ejemplo evidente) y con ofensas contra todo el que no piensa igual, pero no aceptan que una escritora vea mal ir con la camisa por fuera a un acto oficial. Ahí exigen un respeto que no otorgan a los demás, para los que disfrazan de libertad de expresión lo que son insultos.

Parece que esa rebeldía social solo se puede ejercer unidireccionalmente, de siniestra a diestra, y que cualquier mención en sentido contrario es fascismo. Puede que lo sea, pero de serlo lo es todo, vaya en el recorrido que vaya.

Marta Rivera se ha equivocado, y ha acertado. Ha errado y ha corregido. Ha fallado y lo ha reconocido. Es una rareza en este país que debe ser objeto de mención y, al menos por mi parte, de elogio. Estés o no de acuerdo con sus ideas.

Posiblemente si no se hubiera metido en política la reacción no habría sido tan visceral. A Reverte le reímos las gracias y los insultos (bueno, a mí me hace mucha, por lo menos) porque no se ha presentado a las elecciones, aunque vaya usted a saber. Bienvenidos a España.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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