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Enrique Pajón Mecloy

lunes, 05 de octubre de 2015
Orteganos Ilustres: Enrique Pajón Mecloy
Filósofo humanista y creador de cultura

Cuando abordé la biografía de Benigno Teijeiro Martínez su obre me pareció tan inconmensurable que pensé que si hubiese nacido en la época de los ordenadores en lugar de la escritura a pluma pocos temas hubiese dejado de lado y en muchos hubiese profundizado mucho más de lo que lo han hecho otros. Ahora, con Enrique Pajón Mecloy, me pasa un poco lo mismo, es decir, si este hombre que, a través de su ceguera física ha sabido ver muchas cosas que muchos videntes somos incapaces de observar, quizá hayamos perdido a un hombre que si hubiese visto nos haría ver muchas más cosas para las que estamos ciegos. Lo que viene a continuación es un relato de la obra vida y la de un hombre que desde sus ideas ha conseguido transformar el mundo de muchísima gente sin ningún tipo de lucro más allá del reconocimiento a su persona.

Enrique Pajón nació el 25 de enero de 1930 en la localidad cubana de Encrucijada, en la provincia de Villa Clara, antes conocida como Las Villas. Su padre fue un emigrante ortegano de Espasante y su madre una mujer de ascendencia cubana Cuando sólo tenía dos años, su familia regreso a la tierra de su padre. Con tan solo ocho años, en plena Guerra Española, Enrique sufrió un accidente con un artefacto bélico, que le hará perder la vista. Un suceso que marcará su destino, y que él recuerda con las siguientes palabras: “En principio me encontré muy desorientado; luego, subiendo a los árboles, montando en burro, jugando con mis compañeros. En los últimos tiempos, antes de entrar en el colegio de ciegos de Pontevedra, trabajé en un molino de agua de mi padre. El carácter de una persona se forja en los primeros años de vida y, cuando uno no lo tiene fácil, se acaba notando” (1).

Cinco años después, y gracias a su motivación por los estudios, ingresó en el recién inaugurado Colegio de Ciegos nº 2 de la ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles (2)), que esta había erigido en la ciudad de Pontevedra. En este centro, el joven espasantino recibió toda su educación primaria sin grandes dificultades, aunque, según él, parte de su éxito se lo debe a que “tuve mucha suerte con los profesores que he tenido; recuerdo, por ejemplo, a don Higinio Sotuela del colegio de Pontevedra que fue una maravilla” (3). De este modo, el joven Enrique se convirtió en un excelente candidato para continuar su formación en el Colegio de Ciegos nº 1, que la organización poseía en Madrid. En su nuevo centro, Enrique finalizará sus estudios de Bachillerato y, posteriormente, de Magisterio, que concluirá el 30 de junio de 1954. Pero este aventajado alumno no ha cursado durante ese tiempo, exclusivamente, los estudios de la Escuela Normal, sino que los compatibilizado con su preparación para unas oposiciones, por lo que dos días antes de finalizar sus estudios de maestro ya ha había obtenido una plaza como especialista en imprentas y bibliotecas braille.

El senda laboral de Enrique parecía empezar a trazarse y las bases estaban claras. Por un lado estaba su orientación hacia el ámbito de la enseñanza y, por otro, su deseo de abrirse a la cultura a través la imprenta. Su primer destino lo situó en la Imprenta Nacional Braille de Madrid, donde empezó a trabajar el 14 de julio de 1954. Allí, y en tan solo 3 años, el laborioso Pajón consiguió ascender al puesto de director, pero este no iba a ser más que el primer escalón de un largo itinerario laboral que le llevaría hasta las más altas cotas de la cultura en el mundo de la ceguera tanto a nivel español como internacional.

Su primera parada importante en este ámbito se verificó el 1 de julio de 1960, cuando se incorporó a la Sección de Cultura de la ONCE, en donde va a pasar las dos décadas siguientes. Desde su nuevo cargo, Enrique empezó a conseguir muchas mejoras para las condiciones de vida de los miembros de su organización y, sobre todo, en su acceso a la cultura. No en vano, él fue el principal impulsor, en los años sesenta, de la fundación del libro hablado para ciegos de España. Con él se les abrirán las puertas a muchos invidentes que no podían comprender la escritura en braille o que no lo hacían con suficiente soltura todo un nuevo universo gracias a la grabación en cintas magnetofónicas de muchos textos literarios. En este sentido, uno de sus primeros objetivos fue seleccionar unos 9.000 títulos para que formasen parte de la Biblioteca Central Braille (4). Este nuevo servicio lo enriquecerá con la aportación de otros 8.000 libros que hasta entonces se hallaban dispersos por diferentes bibliotecas de la organización. Bajo su dirección, la biblioteca llegó a alcanzar la importante cifra de 26.000 volúmenes.

Pese a todo este ingente trabajo, Enrique se da cuenta de que reunir estos ejemplares no es una labor que esté finiquitada desde el punto de vista de sus lectores, ya que muchos de ellos siguen teniendo enormes dificultades para desplazarse hasta donde está ubicada la biblioteca. Esto le lleva a pensar en la opción de que sea la biblioteca, previa petición del interesado, quien le envíe a su domicilio el libro o la cinta que solicite. Nace así el servicio de libros a domicilio, una iniciativa que les brinda la posibilidad de poder leer u oír las obras elegidas en la intimidad de su hogar. Seguramente, muchos de los que estén leyendo este artículo pensarán que este podría pasar por un logro menor, pero para los que realmente conozcan lo grandes que son los libros en escritura braille, comprenderán la verdadera dimensión del problema que Pajón les estaba solucionando.

El servicio a domicilio para invidentes multiplicó por sesenta la lectura y la audición de obras de la Biblioteca, llegando en pocos años a la nada despreciable cifra de 14.000 lectores al año, y, con ello, también a la necesidad de que estos deseasen comunicar sus ideas al resto de las personas. Ello le dio pie, en 1962, a fundar y dirigir la revista Sirio que tendrá una edición mensual, salvo en los de julio y agosto. La idea de la revista caló bien entre su público, convirtiéndose en una referencia en su ámbito, pero, tras veinte números, la censura interna de la organización la suprimió en 1964.
Este hecho influirá bastante en el ánimo de Enrique, pero su férrea voluntad no sucumbirá a esta vileza, y pronto retomará su lucha por la cultura presentando un nuevo proyecto: una revista para niños y jóvenes ciegos. Su cabecera llevará el nombre del héroe mitológico griego que robó el fuego a Zeus para dárselo a los hombres: Prometeo. Un título que parece representar simbólicamente su pretensión: poner al servicio de los niños y jóvenes la cultura por medio de una publicación para ellos. La revista se editará en braille, con el fin de que, de este modo, se fomente desde la infancia la lectura en este formato. Como complemento a esta, nacerán los Premios Prometeo, que introducirán un valor nuevo en la concepción de los concursos literarios. Enrique pensó que los certámenes entre jóvenes no deberían ser competitivos, y por lo tanto, sus premios no deberían estar cerrados a los primeros clasificados. Su idea abierta del premio permitió que hubiese tantos premios en las distintas categorías como trabajos exitosos se presentasen. De este modo, podrían otorgarse varios primeros premios, varios segundos, y así sucesivamente, en función del valor que les hubiese dado el jurado. Lo importante, al fin, eran los valores literarios de los participantes.

Por otra parte, Enrique tuvo oportunidad de difundir sus ideas gracias a su pertenencia a diversos foros internacionales. Uno de ellos fue el Consejo Mundial de Braille, al que acudió como delegado de la zona de lenguas española y portuguesa, pero también asistió al Consejo Mundial de Ciegos y fue vicepresidente de la GIA (5), durante la celebración de su reunión de Guatemala, en 1961, en la que, además, presentó una ponencia sobre los diversos sistemas de lectura de los ciegos y presidió las reuniones del grupo de estenografía Braille. Al año siguiente, asistirá a la reunión que el Consejo Mundial de Ciegos materializó en Hannover, donde presidió la comisión para la extensión del Braille a los países en vías de desarrollo. En 1964 participó, primero, en la reunión preparatoria de la Asamblea de Imprentas de Braille, en Buenos Aires, y, después, en su celebración, en Montevideo. Ese mismo año, también acudió a la reunión del Consejo Mundial de Ciegos que tuvo lugar en Nueva York. Sin embargo, al año siguiente, no pudo concurrir a la reunión del Consejo, lo que hizo que tuviese que enviarle su ponencia al doctor Lownfeld para que fuese él quien la leyese en su nombre.

Tras concluir la carrera de Magisterio, Enrique accedió a formarse, primero, como pedagogo, y, después, como filósofo, en la Universidad Complutense de Madrid, en donde también realizará el doctorado que concluirá con la tesis Sociología del ciego, por la que recibirá la máxima calificación de sobresaliente cum laude. Unos estudios con los que cualquiera ya se sentiría suficientemente instruido, pero que para él suponían solo una parte de su formación como persona, por lo que hizo un hueco en su complicada agenda para acometer los retos de sacar las diplomaturas de Lengua Francesa y Etruscología y Antigüedades Itálicas.

Por esos mismos años, concretamente en 1972, será, junto con otras personas, encargado de llevar a cabo la organización de la reunión del Consejo que ese año se celebró en Madrid. Además, Pajón participó en él como ponente en su asamblea. Al año siguiente, Enrique asistió a las sesiones del Consejo Panamericano de Ciegos, que se realizaron en Miami, en donde también le fue entregado el premio Doctor E.V.L. Brown, que le concedió la Hadley School for Blind de Brown en reconocimiento a su labor como tiflólogo (6) para el desarrollo de la cultura en el ámbito de la ceguera. Ese mismo año, también participó en el encuentro de las Imprentas y Bibliotecas Braille de países de lengua española y portuguesa que se celebró en Buenos Aires e inició su ciclo como profesor de Historia Comparada de las Religiones en la Facultad de Historia de la Universidad Complutense de Madrid que rematará en 1979. En 1977, el evento de las imprentas tuvo lugar en Madrid y él formó parte de su organización.

Durante estas dos últimas décadas Pajón Mecloy tuvo que realizar diversos viajes a Estados Unidos, Francia, Portugal e Inglaterra por asuntos relativos a su trabajo en la Sección de Cultura de la ONCE. En todo momento, esta labor de representación estuvo avalada por su actividad investigadora en el campo de la tiflología en donde abarcó un amplio abanico de temas, desde las problemáticas psicológicas de los invidentes hasta la creación literaria. En cuanto a sus estudios psicológicos, hemos de decir que Enrique se ha destacado por sus indagaciones sobre las posibles interpretaciones de la psicología profunda de los ciegos mediante el análisis de los trabajos literarios de niños a través de una muestra de 538 casos en los que descubrió unos rasgos que manifestaban unas tendencias específicas debidas a su situación psicológica especial. Para corroborar su tesis, Enrique nos dice que se preguntó "si ocurría igual con los videntes; entonces, pedí a un colegio de Valencia que hicieran un concurso, me mandaron 125 trabajos; encontré que esas tendencias que en los ciegos eran del 80%, en los videntes llegaban al 20%. Tomé los trabajos que se parecían a los de los ciegos e hice un seguimiento de los alumnos. Algunos tenían unos problemas familiares que provocaban los mismos problemas que los que provocaba la ceguera. Esos problemas que se dan en los ciegos, con una buena forma educativa los superan. No son tendencias fijas, son propensiones” (7). Sus resultados fueron recogidos en su libro Psicología de la ceguera (1974), que fue publicado, en primera instancia, por la editorial Fragua, para, posteriormente, ser transcrito al escritura de los ciegos por la Imprenta Braille de Barcelona y por la Imprenta del Comité Internacional pro Ciegos de Méjico. Otros trabajos suyos relativos a estos aspectos fueron publicados en las revistas SEREM y Hacia la luz, de Buenos Aires, así como en un capítulo del libro La rehabilitación médica, que coordinó un reputado especialista en la materia, como es el doctor Rafael González Mas.

De los inicios de su relación con el dramaturgo Antonio Buero Vallejo y su obra, Pajón manifiesta que, en cierto momento, “hubo un gran alboroto [en la ONCE], hablaban de un tal Buero que se metía con los ciegos, ciegos tristes, sufriendo, etc... Quise ver la obra pero el jefe de internado -yo estaba en el colegio- me lo prohibió. [..] Años más tarde, me leyeron la obra [En la ardiente oscuridad] y vi que no había nada de lo que se decía en la ONCE. Después, me enteré que había sido fraguado desde la política por un personaje, que no voy a decir, que quería atacar a Buero, no por la obra y por favorecer a los ciegos sino por motivos políticos. Escribí un pequeño ensayo sobre la obra; un compañero de colegio, que conocía a Buero, se lo dijo y concertó una entrevista con él en febrero del 59 en el Café Gijón. Así empezó una profunda amistad” (8).

Ese será el punto de partida para que, según recuerda Enrique, la primavera de 1961 se haya convertido para él “en una fecha plena de buenos recuerdos y de circunstancias afortunadas. Buero [Vallejo] y yo nos intercambiábamos desde hacía un par de años libros, artículos, noticias. Le hice llegar entonces la página en la que Valentín Haüy describía su encuentro con aquella orquesta de ciegos ridiculizados. Para mí era entonces una noticia más, referente al tema de los ciegos, pero la respuesta de Buero, en una carta del 10 de abril de 1961, me hizo cambiar todos mis presupuestos: «Esa patética historia de la feria de Saint Ovide -decía- me ha conmocionado hasta el punto de que acaso alguna vez me atreva a escribir un drama 'pro ciegos' apoyándome en ella». Menudearon entonces nuestros encuentros, provocados sobre todo por la insaciable necesidad que él tenía de informaciones, documentos y cuantos detalles pudieran servirle para encuadrar de la manera más adecuada su nueva obra. Así nació El concierto de San Ovidio” (9). Y así se puede decir, también, que Enrique Pajón entró en los procesos creativos de uno de los mayores dramaturgos españoles de la postguerra, o como él mismo apuntó: “había alumbrado la mente creadora de Buero Vallejo” (10). Desde entonces, se implicará en el mundo de la literatura y en el estudio de las obras de Buero Vallejo desde la perspectiva de los invidentes. Sus charlas y la interpretación de sus obras propiciarán diversos artículos, además del el libro Buero Vallejo y el antihéroe. Una crítica de la razón creadora, que le llevó 14 años terminar. En él expone que los personajes ciegos de Buero no tratan reflejar en ningún momento un estudio sobre la ceguera sino una investigación filosófica que aborda problemas antropológicos, estéticos, éticos, sociológicos y metafísicos, sobre los que él mismo reflexionará.

Con respecto a sus propias obras, la definición que Enrique Pajón nos da de su literatura es que toda ella es “bastante filosófica. Tengo un carácter muy volcado hacia adentro, pero, por ejemplo, Paisaje de guerra con una paloma al fondo es una novela estructurada sobre el mito de Jano, de dos caras; en esas dos caras, se enfrentan unos ideales del hombre a una realidad del hombre; la primera parte parece una utopía; la segunda es una realidad; dentro de todo ello, siempre el problema humano dominando todo” (11). Otras novelas que ha escrito son, por ejemplo, Manifiesto del que se muere que él califica de “una especie de delirio que puede ser tomado como un poema, como una novela bastante autobiográfica” (12). Pero la obra la fundamental para entender el pensamiento de Pajón Mecloy es la trilogía formada por El ser y el hombre, El ser y la libertad y Ser y pensar, en los que él establece que “el hombre es el único animal capaz de acceder a lo que no existe, capaz de pensar la irrealidad; entonces, en torno a la irrealidad gira todo ese pensamiento, que el ser mismo es irreal lo provoca el hombre, lo provoca el hombre libre, es la libertad y es una forma de pensamiento, ese bienpensar; serían los tres en torno a la irrealidad” (13).

Además de estas obras, Enrique Pajón ha escrito otros ensayos como Ludwig Schajowicz o la razón sin fronteras, Voluntad de hombre, Dos relatos diferentes, y, más recientemente, Filosofía y ausencia, donde expresa que lo ausente es aquello en lo que se piensa, pero que no se percibe, y donde, como en toda su obra filosófica, invita al lector a ir más allá, a traer a la luz un mundo que todavía permanece inexplorado.

Como vemos, Pajón Mecloy ha trabajado tanto en el mundo de las ideas con grandes aportaciones al ámbito de la Filosofía, pero también ha dejado su impronta en el mundo de las realidades. Y no hay nada más emocionante para un creador que su obra perdure en el tiempo, y esto es más que un hecho en el caso de Enrique Pajón para los miembros del mundo de la deficiencia visual a los que no sólo les ha reconocido una forma de interpretar la realidad de forma diferente, sino que también les ha dado instrumentos para escudriñarla. Este es el caso, por ejemplo, de la biblioteca que en su día creó y hoy sigue siendo un punto de referencia para los afiliados de la ONCE. En ella disponen de una sala con 20 puestos de lectura en la pueden consultar libros, un OPAC (para consulta del catálogo por ordenador) y disponen con todos los equipos necesarios para poder acceder a las obras en sistema sonoro, ya sea en formato digital o analógico. Una biblioteca que está atendida por un personal que es cualificado capaz de resolver cualquier consulta de los usuarios, aconsejar sobre posibles lecturas, enseñar el manejo del OPAC o de los aparatos para los libros sonoros. A la que se le añadido una sala de catalogación y clasificación de los libros, cuyo personal autoriza su adquisición y controla las peticiones tanto de los usuarios presenciales como de los distintos centros de la ONCE de toda España. En el caso de los niños, estos son atendidos por el personal especializado de los Centros de Recursos Educativos de la ONCE -centros especiales para estudiantes ciegos o deficientes visuales- que realiza las adaptaciones necesarias de sus libros infantiles o de texto. El Servicio Bibliográfico de la ONCE también dispone de técnicos Braille encargados de llevar a cabo las transcripciones de los libros y de revisar los trabajos de transcripción que se realizan en el exterior.

Fuera del ámbito de la ONCE, Enrique incorporó a la sociedad española elementos tan importantes para los ciegos como la señalización acústica de los semáforos. Una idea que fue recogida, en primera instancia, por el alcalde Enrique Tierno Galván, y que hoy forma parte de la normativa oficial del urbanismo de muchos países. El alcalde madrileño le agradeció vivamente su iniciativa en una primera carta, al entender que está tendría una repercusión muy positiva en la vida de los ciudadanos invidentes de la capital(14).

A partir de entonces, la comunicación entre los dos Enriques se hizo más fluida, lo que dio pie al regidor a que al conocer el cese extemporáneo de Pajón en dirección de la Sección de Cultura de la ONCE, donde había permanecido más dos décadas desempeñando eficazmente su labor, el viejo profesor le escribiese unas palabras de ánimo en las que le decía: “Esperemos que el año próximo le traiga vientos favorables.
Lo que me cuenta más me entristece que me indigna. Es evidente que se pretende una cultura reducida y usted apuesta por un desarrollo intelectual igualitario, sin prejuicios.
Tenga confianza: Entre tanto pedregal la buena semilla siempre fructifica.
Un cordial y fuerte abrazo”(15).
Por último, manifestar que la obra de Enrique Pajón Mecloy ha sido recogida en un libro en el que se trata de reconocer su labor de maestro e intelectual. En él también se incluyen cuatro valiosos documentos, como son una carta de Buero Vallejo, otra de Ludwig Schajowicz, un extracto de la presentación que Laín Entralgo leyó en la Biblioteca Nacional con motivo de la publicación de El ser y el hombre, y, como no podía de otro modo, las sabias palabras de Enrique que están recogidas en un trabajo sugerente, definitivo y novedoso que tituló Ceguera y Literatura., y que, como dice un comentarista de esta obra “Si se dice que una imagen vale más que mil palabras, habremos de decir que cada palabra de Enrique Pajón Mecloy genera, al menos, mil imágenes”.
A pesar de su ajetreada vida, todavía le ha quedado tiempo para crear una magnífica familia con su esposa Ana María Leyra Soriana, con la que ha tenido dos hijos: Irene, nacida el 28 de julio de 1977, y que hoy es una destacada investigadora en el CSIC, e Ignacio, que nació el 12 de septiembre de 1980, y es profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Su mujer también es profesora en la misma facultad donde imparte clases de Estética.

Opiniones de algunas personas sobre Enrique Pajón Mecloy:
Jesús Montoro, maestro y autor de La Historia de los Ciegos, dijo que durante el tiempo que Pajón fue jefe de Cultura de la ONCE, aspiró “a contribuir al surgimiento de una sociedad de ciegos cultos, progresistas y solidarios para que el trabajo intelectual resultase, en la medida de lo posible, una aspiración en que la ceguera no supusiera ningún tipo de trabas”.
Ernesto de Gregorio, periodista ciego, subrayó de él que fue todo un gentleman. "...Se puede compartir o no con él aspectos culturales, científicos, pero todos los que conocemos a Enrique coincidimos en que la valoración de su exquisito trato es lo fundamental, lo definitorio de su personalidad".

Los libros de Enrique Pajón Mecloy:
El ciego como figura literaria, 2012.
La república de la libertad, 2004.
Imágenes de paz en 1936. En El libro de Boisán, 2002.
El irrealismo, 2002.
Filosofía y ausencia, 2000.
Voluntad de hombre, 1999.
Dos relatos diferentes, 1997.
Ser y pensar, 1995.
Manifiesto del que se muere, 1993.
Paisaje de guerra con una paloma al fondo, 1993.
El ser y la libertad, 1992 .
El teatro de Buero Vallejo, Marginalidad e infinito, 1991.
El ser y el hombre, 1989.
Buero Vallejo y el antihéroe, 1986.
Psicología de la ceguera, 1974.

Colaboraciones de Enrique Pajón Mecloy en obras colectivas:
“El Muérdago o la tragedia replanteada”. En El muérdago, 2002.
“El corrector”. En Deixade pois que voe o Paporroibo, que nos conte contos, 2000.
“Nietzsche o el nihilismo artístico”. En Tiempo de estética, 1999.
“Voluntad de luz. Símbolo, metáfora y filosofía en la dramaturgia de Buero Vallejo”. En Antonio Buero Vallejo, literatura y filosofía, 1998.
“Hacia una nueva dimensión de la crítica”. En Ludwig Schajowicz o la razón sin fronteras, como coordinador, 1995.
“La rehabilitación del ciego”. En Tratado de rehabilitación médica, 1976.

Su obra se completa con una gran cantidad de artículos escritos en revistas y periódicos como Sirio, Revista Iberoamericana de Rehabilitación Médica, Cuadernos hispanoamericanos, Boletín de estudios y documentación del SEREM, Nuestra Bandera, Ínsula, Quimera, Anthropos, La Voz de Ortigueira, Cuadernos del Lazarillo, Primavera, ABC (Cultural) o la Revista Iberoamericana de Autogestión y Acción Comunal.
Y entre los estudios que se han hecho de su vida y su obra podemos citar a autores como los de Savater, Laín Entralgo, Donat, María Barreno, Obregón, Santiago Bolaños, Alonso Santiago, Díaz Díaz, Fernández Abella, Fernández Ferreiro, Fernández Soriano entre muchos otros.

NOTAS:
1. “Lo contrario de la cultura no es la ignorancia, es el poder” http://webs.ono.com/luisbraille/pajon.htm
2. La ONCE fue creada en Madrid el día 13 de noviembre de 1938, día de Santa Lucía, patrona de los invidentes.
3. “Lo contrario de la cultura no es la ignorancia, es el poder” http://webs.ono.com/luisbraille/pajon.htm
4. La biblioteca de la ONCE, que actualmente se denomina Biblioteca Central, se creó en 1954 y hoy depende de su Servicio Bibliográfico.
5. GIA son las sigla es francés de Groupement des Intelectuelles Aveugles, en español, Grupo de intelectuales ciegos. Su sede se encuentra en Paris.
6. La tiflologia es la ciencia que estudia las condiciones y los problemas de las personas con discapacidad visual (no vidente y deficientes visuales) con el fin de identificar soluciones para implementar su desarrollo social y cultural plena integración. El término se compone de las palabras typhlology tiflo- (del griego typhlós "ciega") y -logía.
7. “Lo contrario de la cultura no es la ignorancia, es el poder” http://webs.ono.com/luisbraille/pajon.htm
8. “Lo contrario de la cultura no es la ignorancia, es el poder” http://webs.ono.com/luisbraille/pajon.htm
9. ABC (Cultural), de 6 de mayo de 2000, p. 30.
10.  ABC (Cultural), de 6 de mayo de 2000, p. 30.
11. “Lo contrario de la cultura no es la ignorancia, es el poder” http://webs.ono.com/luisbraille/pajon.htm
12. “Lo contrario de la cultura no es la ignorancia, es el poder” http://webs.ono.com/luisbraille/pajon.htm
13. “Lo contrario de la cultura no es la ignorancia, es el poder” http://webs.ono.com/luisbraille/pajon.htm
14. Carta remitida por el alcalde Enrique Tierno Galván a Enrique Pajón Mecloy el 31 de mayo de 1979. En unas segunda carta fechada solo dos semanas después, el 18 de Junio de 1979, le comunica que los técnicos del Ayuntamiento ya están realizando estudios para instalarlas.
15. Carta remitida por el alcalde Enrique Tierno Galván a Enrique Pajón Mecloy el 29 de Diciembre de 1981.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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