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En la esquina montevideana

lunes, 28 de septiembre de 2015
¡Una linda primavera aurinegra!. En el“Rover” la barra se está castigando con unas pizzas a caballo para festejar la llegada de la primavera al Cerrito de la Victoria. El encuentro semanal discurre entre fútbol, voto exterior y emigración gallega en la República Oriental del Oriental.

FLACO: Bueno, muchachos, habrá que ir preparando las banderas para la inauguración de nuestro gran estadio carbonero. Lo vamos a llenar de emocionados carboneros que festejan la concreción del viejo sueño de un estadio propio. Voy a ir preparando la garganta con miel calentita para poder gritar fuerte el primer gol del equipo en un escenario que está acorde con la categoría deportiva del Club Atlético Peñarol.

POCHO: Va a ser inolvidable. Estoy deseando que llegue el día. Además de mi gran alegría, voy a disfrutar al verle la jeta a los “bolso” que no podrán disimular lo que les rompe que el “Campeón del Siglo” tenga una de las mejores canchas del mundo. Los otros son boludos. No agradecen que de ahora en adelante perderán siempre contra nosotros pero en un césped impecable por donde la pelota se desliza con ritmo sostenido.

TANO: Hay también que reconocer que tenemos unos grandes dirigentes. Supieron administrar con eficacia los fondos sociales para construir una obra de futuro. No se metieron en ninguna coima que los beneficiase a título personal. Lucharon por Peñarol para juntar guita como dignos representantes de los socios.

DON JOSÉ: Ahora somos más fuertes. Nuestra pasión aurinegra se expresará con la máxima deportividad en un espacio propio que agrandará nuestra gloriosa trayectoria en el fútbol mundial. Aunque ustedes la conocen, les recuerdo la frase del maestro Eduardo Galeano: El hombre es capaz de cambiar de religión, de partido político o de mujer pero nunca de equipo de fútbol.

FLACO: Estoy pensando en Josecito. Al hablar del estadio me vino a la memoria la linda historia que nos contó sobre el casamiento en Galicia de un italiano originario del municipio piamontés de Pinerolo. El amigo gaita de don José es un serio investigador, especializado en apellidos gallegos en el Uruguay. El año pasado, si mal no recuerdo, cuando se acercó a la esquina nos informó de que había localizado la partida de matrimonio del emigrante del norte de Italia con una gallega del municipio gallego de Dumbría. No me acuerdo del apellido pero creo era un músico militar al servicio de la monarquía española.

POCHO: ¡Es un tipo bárbaro el Josecito! Me acuerdo que mencionó los dos apellidos gallegos de los secretarios de Artigas: Barreiro y Monterroso. Eran gente preparada que admiraban al “Jefe de los Orientales” y responsables de la redacción de importantes documentos y de las palabras incluídas en las históricas frases que se le atribuyen a nuestro héroe nacional.

TANO: Tenés razón, Flaco, me sorprendió que en aquella época hubiese quien viajase tan lejos para casarse. Mi curiosidad me llevó al mapa de Italia. Al ser hijo de unos laburadores emigrantes de Pordenone era mi obligación el ubicar a la Città di Pinerolo. Está a unos 40 quilómetros de Turin [así es en lengua piamontesa ya que Torino es toscano] en zona de montaña cercana a los Alpes. Allí abunda una especie de pino llamado “pinerolo”.

DON JOSÉ: ¡Lo que son las casualidades! Acá tengo el último libro de Josecito. Me lo dedicó unos días antes de volver para su Coruña natal. Fue en el local social del Patronato da Cultura Gallega al terminar una de sus charlas sobre apellidos gallegos en el Uruguay. Miren el título: SOBRE GALLEGOS Y ORIENTALES: FAMILIAS Y APELLIDOS DE DOS ORILLAS. Lo leí en una semana. Son más de 300 páginas que ayudan a entender que la sangre gallega nutrió a la Banda Oriental desde sus comienzos hasta ayer mismo. Es una obra de consulta obligada para diputados y senadores. Muy recomendable para el grupo de nabos “blancolorados” que se oponen a que nuestros emigrantes puedan votar desde el exterior.

FLACO: Es una linda coincidencia. Me acordé de Josecito y don José viene hoy con su última publicación. Antes de abrir el libro quiero volver a un tema que tenemos medio olvidado. Es sobre el voto exterior. Me preocupa que una parte de nuestra sociedad sea totalmente ajena a los derechos de los uruguayos en el exterior. Hay gente que está convencida de que los que se fueron no deberían poder votar. Los que se borraron para vivir mejor son ahora ciudadanos del país que les da de comer.

POCHO: No tengo muy claro que sea un derecho el poder votar desde el exterior en las elecciones presidenciales. Me opongo a que voten en las municipales. Son uruguayos, no hay duda. Pueden ser más patriotas que yo pero desde lejos no están informados sobre si el “Pelado” está laburando bien o si en la Intendencia se dedican al parchecito por acá en el centro y dejan que los pozos en Paso de la Arena sean eternos.

TANO: Mi posición no ofrece dudas. Quiero que los uruguayos en el exterior voten en todas las elecciones y me importa un carajo las razones que los llevaron lejos. No se construye un país solidario sin los emigrantes. El voto es el lazo oficial que refuerza la unión sentimental. Lo que nunca entendí es la posición restrictiva de los dos partidos tradicionales. Acá tenían un buen tema para atacar al Frente Amplio que tampoco anda enloquecido empujando para que se reforme la legislación. El gayego Pérez Pérez, a quien hace más de 30 años que no veo pero que traté mucho entre 1971 y 1973, nos indica que no es necesaria una reforma constitucional para legislar sobre el voto exterior.

DON JOSÉ: Cuando vuelva Josecito le pediremos que nos hable del voto de los emigrantes gallegos en el Uruguay. Es cierto que nuestro Frente Amplio tampoco se implicó. El tiempo fue pasando y nuestros hermanos de afuera siguen sin poder votar. Creo que en América del Sur somos los únicos que no permitimos que se pueda votar fuera del país. Algo no me cierra, botijas. Tenemos el mejor gobierno y mejoramos en bienestar pero no le damos bola a los que residen fuera del país. Confío en que el galaico Vázquez y el astur-galaico Martínez formen un dúo de activos promotores de una ley que le haga justicia al noble sudor de los abuelos en el Uruguay.

FLACO: Si me permiten, voy a ir a la página 148 del libro de Monterroso Devesa (para nosotros Josecito) para leer la entrada titulada Peñarol casó en Coruña. ¡Mirá vos las vueltas de la vida! Resulta que el nombre de nuestro gran club de fútbol viene del lugar de nacimiento de Juan Baptista Crosa que se casó con Francisca Recamán Pérez en Coruña el 28 de mayo de 1763. En la partida, consta que era clarinetista en el Regimiento de Infantería Mallorca y “natural de la ciudad de Piñerol”. El matrimonio se estableció en Montevideo por ser el destino del músico militar.

POCHO: ¡Pasámelo! Quiero buscar lo de Maroñas. Se acordarán que nos habló del origen gallego del nombre de nuestro barrio. Es otra coincidencia con el Crosa de “Peñarol” porque Francisco Maroñas es también integrante del Regimiento Mallorca en 1765. Leemos que Francisco nació en el municipio de San Vicente da Baña pero que el apellido es originario del municipio vecino de Mazaricos donde hay una aldea y un río llamados Maroñas. ¡El Josecito es flor de capo! Nos brinda una obra excepcional que nos acerca al gran aporte gallego a los pagos orientales.

TANO: ¡Me toca, dámelo! Escuchen lo que escribió en la página 231: ¡Cuántos Acostas, Andrades, Araújos, Balboas, Carballos, Castros, Fajardos, Figueroas, Freires, Lamas, Lemos, Losadas, Machados, Magariños, Mariños, Moscosos, Mosqueras, Nóvoas, Ocampos, Pardiñas, Patiños, Pugas, Quirogas, Ribadeneiras, Saavedras, Silvas, Sotelos, Sotomayores, Troncosos, Ulloas o Varelas son ostentados por gentes americanas que no guardan (ni podrían) memoria de su remoto origen galaico!

DON JOSÉ: El amor de un niño coruñés [Josecito] por su nueva tierra se convierte en un compromiso personal para rescatar del olvido a las innumerables familias gallegas que sementaron honradez en nuestro país. No se olviden, muchachos, de pensar en el choque emocional sufrido por aquel botija --de buena familia, su padre era médico-- que llegó a Tacuarembó en 1951. Se merece el mayor de los reconocimientos y le voy a hablar al “Pelado” Martínez para que lo tenga en cuenta. Más allá de su gran labor investigadora es vecino nuestro ya que vive, acá, la mayor parte del año. Se escapa en invierno para estar presente el 25 de julio en la celebración del “Día da Patria Galega” en Santiago de Compostela. Mañana mismo lo llamo para que vuelva por la esquina.
Suárez Suárez, Manuel
Suárez Suárez, Manuel


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