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¿A qué juegan?

miércoles, 16 de septiembre de 2015
Los catalanes siempre presumieron de ser los españoles más europeos, civilizados y pragmáticos. Aprendí en mis largas estancias laborales en Barcelona y Gerona que había tres hechos diferenciales con el resto de los pueblos hispanos. "Lo que no son pesetas, son puñetas". "Barcelona es una ciudad abierta del sur de Europa, mientras Madrid es un conjunto de todos los pueblos de la España cañí". "El catalán no es más trabajador, simplemente es más y mejor organizado, por eso rinde tanto".

El seny que trata de recordar el nuevo o escindido partido de Durán,-Unió, fundadores de la Internacional Demócrata Cristiana- se caracteriza por el pactismo; tal conducta era muy valorada y puesta en positivo, ante la violencia integral del nacionalismo vasco en su contencioso con el Estado español.

Pero debemos señalar que mientras los vascos usaban a ETA como vanguardia de sus aspiraciones, en un sangriento proceso que ha concluido tras los atentados de las Torres Gemelas con la cooperación internacional frente al terrorismo; los nacionalistas catalanes han "negociado" siempre con España, con dos victorias: Inversiones en Cataluña muy por encima de la solidaridad nacional y la igualdad de oportunidades, estirando al máximo la asimetría del Estado de las Autonomías. Los nacionalistas catalanes no han dejado, ni un momento, de avanzar "pacíficamente" en su desapego hispano, hasta la oportunidad que identifican con la crisis que vive la Nación Española tanto con ZP como con el PP, para esprintar hacia la meta de independizarse de España y constituirse en Estado de la UE.

Solía preguntarle a Manuel Fraga, en nuestras comidas mensuales en el "Vilas" de Compostela, que habían querido decir o lograr cuando los padres de la Constitución Española proclaman la existencia de regiones y nacionalidades, amén de las disposiciones adicionales que garantizan los Derechos Históricos de los Territorios Forales, esto último, considerado por muchos, como privilegios de Vascos y Navarros.

El último gran estadista -al margen de discrepancias en las formas y en ciertos criterios de fondo- siempre me dijo que quedaba a libre interpretación del lector del texto constituyente, como quedó durante mucho tiempo la incógnita sobre la residencia de la soberanía nacional, hasta que una sentencia del Tribunal Constitucional aclaró que tal soberanía era del pueblo español, en su conjunto, y que residía en Las Cortes.

Así, para muchos españoles, aludir a nacionalidades era el respeto a la cultura y sus signos de identidad, que en comunidades con idiomas propios, constituye una clara diferencia del Español-Castellano, máxime tras "a longa noite de pedra", en la que la dictadura había impuesto la unificación o la abolición de los elementos patrimoniales de los pueblos gallego, catalán y vasco.

Por el contrario, el nacionalismo no español, vio en tal reconocimiento Constitucional, primero, la fuerza legal para exigir autogobiernos de máximos, hasta el punto de señalar Herrero de Miñón, que tales nacionalidades con sus Estatutos de Autonomía, conformaban los denominados "fragmentos de Estado". Luego, su derecho a decidir, que les diferenciaba de la simple descentralización competencial para llevarles a la teoría del Estado plurinacional, dónde Cataluña tendría derecho a pactar o negociar, su futuro, de igual a igual, con la Nación Española.

A todo esto, mientras en Euskadi comprendimos que el contencioso violento entre vascos y vascos con españoles, se resolvía apartando al nacionalismo del poder, ya que no podían ser parte de la solución, por ser parte del problema, al nacionalismo catalán siempre se le trató de usía, se le permitieron licencias de todo tipo. Curiosamente, mientras el Pase Foral fue una figura consuetudinaria vasca, fueron los catalanes quienes la usaron -se acata, pero no se cumple-

Y llegamos al momento presente. Entre las elecciones plebiscitarias del 27-S y las generales de diciembre. Y digo ambas, por las razones que tengo para señalar la existencia de estrategias perfectamente calculadas por la derecha y el nacionalismo. Estos saben que el Gobierno del PP lo que quiere es mantener el poder. Aquellos saben que la defensa de la soberanía nacional española no le da votos en Cataluña pero se los da en España. Cuanto peor se ponga el problemas catalán, más españoles olvidarán el fracaso económico y social del PP, incluso la corrupción, y cerrarán filas con un voto útil en defensa de la unidad de España. Curiosamente, es lo mismo que hacen los nacionalistas catalanes, cuando esgrimen ¡España nos roba!.

¿ Y el socialismo español?. A la deriva. Con problemas internos de toda índole. Con un líder guapo y sonriente pero sin el aplomo del hombre de Estado, necesario para pronunciar un discurso con soluciones a los problemas del Estado. Hasta Felipe González ha dejado de ser un jarrón chino y se ha convertido en una mosca…que busca notoriedad en un cansino juego de afirmar y desdecirse de inmediato.

Pero, peor es la situación del socialismo catalán. ¿Alguien sabe lo que significa la tercera vía?. ¿Alguien sabe lo que aporta el Estado Federal en un Estado con las máximas competencias descentralizadas?.¿Alguien sabe en qué consiste y que sancionaría la reforma Constitucional que anuncian?.¿Con quién les gustaría volver a pactar en la Generalidad?. desde luego con el PP o con Ciudadanos parece que no. Es la vieja historia del complejo de frentistas. ¿Frente a qué?. Quizá no se han enterado. Frente al régimen corrupto del pujolismo.

Parece que si no hay mayoría absoluta de independentistas, cosa muy poco probable, Ciudadanos y Podemos, serán las fuerzas claves en la alternativa a la independencia. Ahí pueden mostrar su capacidad reformista de la política española. Ahí tendrán un test de política de Estado, más allá de la lucha contra la corrupción que, resulta indispensable para que las gentes recuperen la confianza en las Instituciones Democráticas.
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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