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Crónicas de Lugo

viernes, 04 de septiembre de 2015
Si tienes una pasión y encima la puedes convertir en tu profesión o, al menos, en una dedicación es algo maravilloso. A mí me pasó dos veces: una cuando Joaquín García Díez me llamó para contar conmigo en su equipo de trabajo en el Ayuntamiento de Lugo y otra cuando los amigos de Lugo Monumental me eligieron su presidente. La gran ventaja de esto es que el trabajo y el tiempo que pierdes con esos asuntos ni es trabajo ni es tiempo perdido, porque te gusta y lo disfrutas. Con lo del Cronista Oficial debería pasar algo parecido.
Empecemos por el principio: ¿Qué demonios es un “cronista oficial”? Por el nombre nos imaginamos a una especie de monje copista medieval que se sienta a una mesa a escribir en tiempo real la historia de la ciudad. No es el caso. Realmente su función es la de investigar y defender los valores culturales del municipio, lo que incluye la toponimia, literatura, tradiciones, costumbres, propias de Lugo en el caso que nos ocupa. Que después se haga algún artículo sobre actualidad es otro asunto, que concierte más a la prensa que a esta figura.

El cronista se supone que ha de ser totalmente independiente, alejado de cualquier interferencia política porque su objetividad se parece a la que ha de tener un juez o un funcionario (no se rían, que lo digo en serio). También se le supone una preparación y conocimientos sobre temas históricos ya que se le consultará sobre hechos pasados e incluso heráldica o historia de los símbolos locales. Me imagino que tendría mucho trabajo en una ciudad cuya principal fiesta es de recreación histórica.

Es un puesto honorífico, es decir, que no recibe un euro, por lo que imagino que los candidatos escaseará relativamente, si bien creo que hay varios nombres en la ciudad que podrían tener interés en esta función que les reporta relevancia social, que a veces es tan valiosa o más que la económica.

Cuando escuché lo de que se buscaba uno, me vino un nombre a la cabeza de inmediato que, por no meterlo en un lío, no diré. Como se dice que habrá posibilidad de plantear candidaturas se lo pregunté directamente, porque no quiero meter a nadie en un berenjenal sin su consentimiento, y declinó la oferta con la modestia y el estilo que le caracterizan y que precisamente hacen que lo siga considerando un candidato ideal. Es más, espero que se replantee el asunto porque francamente la tarea que ha de abordar el cronista le queda como un guante.

Dice Carlos Portomeñe que es una figura trasnochada. Puede ser, porque hoy en día no se comprende que alguien haga algo sin cobrar, pero tampoco creo que sobre. Un cronista que con objetividad y profesionalidad asesore sobre nuestro pasado no creo que sea nada malo. Es un “historiador de cabecera” con el que podríamos contar todos, y si bien es nombrado por políticos espero que recuerden que ha de ser algo lo más aséptico posible.

¿Qué no me mojo en ningún nombre? Pues no. Porque si les menciono a Xulio Xiz, Paco Rivera, Adolfo de Abel Vilela, o Felipe Arias a lo mejor les parece que me decanto por alguien. Y sería cierto. Eso ya llegará.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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