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Luis Alonso Santiago, el polifacético Luis del Asilo

miércoles, 02 de septiembre de 2015
Orteganos en el mundo:
Luis Alonso Santiago, el polifacético Luis del Asilo

Luis Alonso nació en Cariño el 31 de diciembre de 1929, pero desde su más temprana infancia estuvo acogido en el Asilo de Ortigueira, a donde tuvo que acudir por encontrarse allí también el Hospital de San Roque, donde fue tratado de una enfermedad común entre los niños de la época. Tras dos años en el centro sanitario, volvió a Cariño, pero su destino parecía desde un principio unido al centro asistencial porque dos años después tuvo que regresar a él a causa de una enfermedad en un pie y ya se quedó definitivamente como un residente más. Por este motivo, todo el mundo le conoce por el sobrenombre de Luis do Asilo. Este alias nunca le supuso ningún estigma, y cuando puede, saca a relucir comentarios gratificantes de su paso por una de ella. Pese a todo, él siempre le guardo un gran afecto a Cariño, y siempre que ha podido se ha acercado hasta allí para conversar y compartir sus vivencias con sus gentes.

Su madre falleció cuando solo tenía 26 años, pero tras de sí dejó cinco hijos, que quedaron, junto con su tío Bernardo, a cargo de sus abuelos, Vicente Santiago Sampedro y María Freire Fustes. Cuando Luis cumplió los diez años, también le murió su abuelo, una gran referencia hasta entonces para él por el cariño que le mostraba a todo el mundo y lo poco que se alineaba con las ideas del fascismo.

Sus primeras letras las escribió en Cariño, para después completar sus estudios de ingreso y primero de bachillerato en la Academia de Don Jesús en Ortigueira. Esta breve formación nunca fue un obstáculo en su vida, ya que su carácter autodidacta hizo que se formase en diferentes temas gracias a su innata capacidad para aprender y su muy buena memoria y mejor talante.

Si alguno de sus muchos conocidos tuviese que definir a Luis por sólo dos aspectos, seguramente diría que lo que mejor le describiría sería su amor por el teatro y su afición por el coleccionismo, ya fuese este en su vertiente fotográfica o en la de los carteles de cine.

Sus primeras intervenciones teatrales tuvieron lugar dentro del espacio del asilo junto a algunos de sus vecinos de Miñaño, entre los que se encontraban Cristina y Vicente Balteiro, Josefa y Salvador Lage, y Teresa y Maruja Barro. Su opera prima fue la que llevó por título ¡Quién fuera obispo! Tras ella les llegó el turno a Vivir la muerte y Rosas y espinas, igualmente representadas en el asilo ante sus compañeros y vecinos. Algún tiempo después se estrenó como titiritero con las comedias El fracaso de Caperucito Rojo y La princesa juerguista, que, en esta ocasión, fueron puestas en escena en la sede del Frente de Juventudes de Ortigueira.
Con la última, Luis cosechó su primer galardón artístico, nada menos que el primer Premio Nacional de la especialidad. Posteriormente, volvería a dirigir otras representaciones en el centro de acogida de mayores, como, por ejemplo, cuando la madre superiora celebró su onomástica el día del Pilar de 1953. En aquella ocasión el dramaturgo puso en escena una obra de un acto titulada El nietecito, de la que es autor Jacinto Benavente, y en la que intervinieron, además de él, Teresa Orjales, Vicente Balteiro y Vicente Bellón, la representación se completaría con recitaciones poéticas y bailes.

En 1949, se representó en el Gran Cine Ortigueira la obra Una provinciana en Madrid, dirigida por el académico y coadjutor de la iglesia de Ortigueira Tomás Moar y Garazo, en la que, además de Luis, participaron algunos de los actores más celebrados del teatro ortigueirés, como fueron José María Díez o Teresita Teijeiro. Al año siguiente, concretamente con motivo de la festividad del Pilar, la compañía aficionada ortegana dirigida esta vez por José María Peña, representó en el asilo dos obritas: La mirada de Jesús y ¡Jesús, qué criada! Hasta allí se acercaron muchos vecinos para pasar un rato agradable. Tanto Luis como el resto de sus compañeros de reparto quedaron muy impresionados por la buena acogida que tuvo la obra, lo que les motivó a acometer nuevos retos. El primero fue el de actuar sobre un gran escenario: el del cine de Fojo. Según cuenta Luis, “con más entusiasmo que arte iniciamos los ensayos en los locales de Educación y Descanso que nos había cedido amablemente aquel entusiasta Antonio Alonso” (1). La obra elegida para su estreno en el nuevo foro sería El doctor Faustino, de Luis Fernández de Sevilla. Pero al finalizar la primera semana de ensayos, José María Peña se presentó ante la troupe para decirle que eran unos actores demasiado primerizos para encarnarla, por lo que lo primero que hizo fue sugerirles que la cambiasen por alguna menos ambiciosa. Por su parte, los comediantes le convencieron de que fuese él quien obrase el milagro de transformarles en verdaderos actores. La obra elegida para ello fue la de Puebla de mujeres, de los hermanos Álvarez Quintero.

Luis volverá a participar en otras obras igualmente dirigidas por José María Peña como Una señora y un caballero, como también lo hizo a las órdenes de Marta Alonso en El landó de seis caballos, entre otras.
A partir de 1955, Luis Alonso pasará de actor a director, dándole solera al teatro local entre los años 1956 y 1963, antes de emprender su camino a la emigración parisina. Su primera representación fue Juego de niños, de Víctor Ruíz Iriarte, en la que colaboraron Marta Alonso, Charo Suárez, Estrellita Daporta, Manolo Lens, Luis Diéguez y Adolfo de la Lama. Tras su primer éxito, probó con La mordaza, que, como él mismo escribiría después “era una obra verdaderamente difícil y que exigía de los intérpretes un sacrificio total” (2). Algo que, por lo visto, no pudieron llevar a cabo sus actores, teniendo que dejar sus ensayos a medias, para dedicarse a llevar por otros escenarios Juego de niños. Su primera parada fue Viveiro, sin embargo, a la mala publicidad que se había hecho de la representación se le sumaría la circunstancia de que el día de la actuación fue realmente lluvioso, y, por si ya fuera poco, también tuvieron el infortunio de que se les rompió el escenario.
Ante este paroxismo de calamidades solo les faltaba que el número de espectadores que acudiesen fuese mínimo, como así sucedió. Pero para sorpresa de todos, la interpretación de los artistas orteganos les resultó muy interesante, y unos meses más tarde dispusieron repetir la función en el mismo local. Sin embargo, el gafe volvería a cernirse nuevamente sobre la obra y, en esta ocasión, sería la indisposición del intérprete principal la que impediría una nueva representación. Al año siguiente, probaría con otra obra: La sangre de Dios, de Alfonso Sastre.

Ya en París, Luis siguió alimentando su pasión por el teatro, por lo que, además de concurrir a todas las salas en las que se presentaban buenas obras, se incorporó al Club Luz y Calor, donde creó su propia compañía bajo el mismo nombre, de la que fue su consagrado director durante muchos años. Con ella se acercó en numerosas ocasiones a la comarca para representar obras como Llama un inspector, El caballo desvanecido, Las mariposas son libres, Los enemigos no mandan flores y Estado civil: Marta, en los años 1971, 1972 y 1975, respectivamente, y que supusieron grandes triunfos tanto en los escenarios de Cariño como de Ortigueira o Vilalba, al igual que le había sucedido en los de Versalles, Saint Germain de Laye o en los centros españoles diseminados por toda la capital francesa e, incluso, en Saint Germain de Prés.

Otros dramas representados por la agrupación parisina fueron Eva, Adán y Pepe y Deja que los perros ladren. Su puesto al frente de su grupo artístico le permitió, además, poder convertirse en miembro de la reputada federación de Loissirs et Culture. Luis aprovechó ese momento para darle las gracias a todos sus colaboradores y especialmente al Instituto Español de Emigración, por su particular apoyó tanto a las manifestaciones artísticas como a las actividades deportivas del Club Luz y Calor.

La segunda faceta cardinal de la vida de Luis ha sido su afición al coleccionismo. A ello se ha dedicado con verdadera entrega desde muy pequeño, lo que le ha permitido transformarse en todo un experto en dos temas: el cine y la historia fotográfica de la Comarca del Ortegal.

En relación al cine, hay que decir que Luis ha ido acopiando a lo largo de su vida todo tipo de artículos sobre el séptimo arte, pero si tuviese que elegir el que tiene un mayor valor sentimental su decisión sería clara: su extensa colección de programas de mano. Esta recopilación de folletos cinematográficos la inició como una mera distracción cuando todavía era un niño, por el atractivo que tenían para él aquellos pequeños carteles dibujados o fotografiados en los que se anunciaban las películas que se iban a proyectar en los cines. De aquellos primeros programas hoy no guarda ningún ejemplar. Según él mismo cuenta, ello se debe a que “durante una misión, los frailes que vinieron a predicar nos dijeron que el cine era la antesala del infierno y tuve que quemar todos aquellos tesoros. Algunos niños me los dieron y yo para salvarlos de la quema se los di a un amiguito de Cariño e íbamos a medias. Más tarde los vendió porque se marchó a Brasil” (3).

Una vez que llegó a Francia, a principios de los años sesenta, continuó con su afición cinéfila, recorriendo los cineclubes para visionar todas aquellas películas que, a causa de la censura franquista, no podían exhibirse en España. Y allí también retomó su pasión por el coleccionismo de programas, al comprobar que lo que para él había sido una experiencia infantil, otros lo tenían como un verdadero hobby. Su despertar de nuevo al coleccionismo de programas se produjo cuando se encontró con un anticuario que poseía varios álbumes. La impresión que le causó su reencuentro con sus añorados papeles hizo que retomase con una ilusión renovada su afán coleccionista y, de cuando en cuando, y tras cobrar su paga, fuese a comprarle alguno. Como buen aficionado, puso al tanto de su interés a sus amigos y familiares, que pronto se sumaron a su hobby guardándole todos los que podían, e incluso, en ocasiones, comprándole algunos.

Su coleccionismo acabará teniendo recompensa, y nada menos que de la importantísima Cinémathèque française. Esto ocurrirá en la celebración del concurso que convocó con el fin de conmemorar el centenario de la creación del cinematógrafo por los hermanos Lumiere (4) (1995). Luis acudió a él con dos álbumes en los que reunió una selección de sus carteles más originales, con los que conquistará un merecidísimo tercer premio.

Sin embargo, su mayor satisfacción no fue la gratificación económica que le concedieron ni siquiera su diploma, sino el hecho de saber que su anhelo de completar aquella colección era valioso. Desde entonces, le ha seguido sumando nuevos programas hasta llegar a alcanzar la suma respetable de casi 6.000 ejemplares con que cuenta en la actualidad. De entre ellos, el ejemplar que considera más valioso es el del filme de 1938 titulado El pan y el perdón, y cuyo título original en francés fue La femme du boulanger (La mujer del panadero), por estar firmado por los actores Raimu y Marcel Pagnol. De hecho, para conseguirlo tuvo que pagar una cantidad importante de dinero. También obran en su poder otros igualmente excepcionales, como son algunos de los que están los troquelados o que fueron editados en los años treinta, todos ellos muy deseados por los aficionados. Otra de las curiosidades de su colección es el programa de la película de Frank Capra de 1938 Vive como quieras, que adquirió por 500 pesetas, y por el que el recordado actor de Donde vas Alfonso XIII, Vicente Parra, tuvo que pagar 20.000 pesetas para hacerse con otro igual.

Otros objetos que completan la colección cinematográfica de Luis son un sinfín de películas grabadas y originales, y una gran biblioteca con todo tipo de temas sobre él. En cuanto a sus preferencias, Luis destaca que su película predilecta es Cuentos de la luna pálida de agosto, que dirigió el japonés Kenji Mizoguchi, y que ya en el año de su estreno (1953) ganó el León de plata en el festival de Berlín, y, dos años más tarde, optó al Óscar. Entre sus actores preferidos están: Orson Welles, Spencer Tracy y Peter O´Toole, mientras que entre las actrices se encuentran Bette Davis, Anna Magnani e Ingrid Bergman, y de los directores destaca Orson Welles y Robert Flaherti. En cuanto al cine español, sus preferencias se decantan por Bardem, Buñuel, Berlanga, Víctor Erice y Amenábar.

Tras el coleccionismo cinéfilo, se encuentra el fotográfico, principalmente de las fotografías antiguas de la Comarca de Ortigueira. De esta, además, ha sido un excelente difusor. Durante muchos años, se ha mostrado muy interesado en que los demás participasen de sus colecciones y que las visionasen todas las veces que fuese necesario, tanto en público como en privado. Unas veces con un título y otras con otro, Luis siempre se prestó a exponer a los demás sus programas de mano y fotografías. Así, algunos orteganos aún recuerdan como en el año 2002 presentó su colección de carteles bajo el título Ensueños de papel, con la que se podía repasar la historia del cine a través de la publicidad, o como en el 2011 mostró varias películas rodadas en la comarca como complemento al ciclo de cine que programó la Fundación Ortegalia.

Otro tanto ocurrió con la colección fotográfica, que año tras año Luis exhibía durante las vacaciones navideñas y estivales ante un numeroso público que deseaba ver como habían cambiado las cosas en su terruño. Más tarde, estas exposiciones darían lugar a la edición en papel del libro titulado Crónica gráfica de la Villa Condal, para el que seleccionó una breve muestra de su amplísima colección de imágenes, incluyendo aquellas que eran reveladoras de los hechos más significativas de la vida de los orteganos y de sus lugares más emblemáticos. El álbum compila 150 instantáneas, que inician su recorrido en los años finales el siglo XIX y llevan al lector hasta las últimas décadas del siglo XX. Como dejó escrito su amigo Antonio Rivera Losada, con esta obra se manifestaba la “labor paciente de muchos años de Alonso Santiago, reflejo de curiosidad, sensibilidad, esmero y acertado criterio en la selección de fotografías por lo que estas significaban para la comprensión de la historia de la Villa, de Santa Marta y, por ende, de la comarca” (5).

Nadie que conozca a Luis puede olvidarse de incluir en su biografía la importante relación que ha mantenido con La Voz de Ortigueira. Luis ha permanecido, y todavía permanece, fiel al semanario local más veterano de Galicia. A través de él, ha podido mantener en contacto permanente con los orteganos, estuviese donde estuviese. Tanto es así que el pasado 25 de febrero de 2015 ha celebrado su 60 aniversario de maridaje con él, algo a lo que muy pocos autores habrán llegado en el mundo, un hecho que, además, le ha convertido en su articulista más prolífico. Durante todo ese tiempo, Luis ha introducido en la letra impresa todo tipo de noticias, recuerdos, pensamientos y anécdotas. Pero si hubiese que dar cuenta de las temáticas más relevantes que ha abordado, habría que nombrar, la futbolística, la teatral y la parisina.

Durante mucho tiempo, su periodismo deportivo se ciñó a ser el comentarista oficial de los partidos que se celebraban en toda la comarca. En ese plano, se puede decir, en honor a la verdad, que sus artículos siempre estuvieron alejados de las pasiones del seguidor de un equipo, y que en ellos destilaba de forma crítica todos los lances del juego de ambos contendientes. Ese mismo periodismo crítico lo ejerció cuando tenía que comentar las puestas en escena de cualquier compañía, local o visitante, que accedía a los escenarios la comarca.

Por último, desde París acercó a Ortigueira y a todos los lectores de su Voz sus vivencias en la capital francesa gracias a su columna Impresiones de Paris o Crónica de Paris. A través de ellas les transmitió la emoción que le producían sus encuentros con personajes conocidos, pero también, como el hombre culto y dispuesto a aprender que era, les mostró las singularidades del ambiente y la cultura que se vivía en la ciudad de la luz. Su estilo pausado, reflexivo y ameno no sólo cautivó a los lectores del semanario ortegano sino también a los de La Región Internacional y del Diario 16, en donde dejó sus impresiones sobre todo tipo de acontecimientos y estampas de Ortigueira. Finalmente, también hizo lo propio en algunos capítulos editados en los libros de la Editorial O Paporroibo.

Si hubiese que resaltar un año especial en la vida de Luis Alonso, ese sería el de 1970. Ese año formó parte de la comisión que representó al Club Español de Paris en la recepción que los príncipes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, dieron en la sede de la embajada española en la capital francesa. Con él acudieron el vicepresidente, Fermín Moya, el secretario, Mariano Castaño y la contadora, Amparo Catalá. Luis fue presentado a los príncipes como presidente de la comisión, exponiéndole a sus majestades algunos de los problemas de la emigración de los españoles en Francia.

Ese mismo año, el Instituto Español de Emigración lo designó como uno de los miembros de la comisión para el estudio del Proyecto de la Nueva Ley de Emigración. Esta delegación se reunió en Madrid, donde celebró unas jornadas de debate entre los días 12 y 17 de febrero. Posteriormente, el consulado español hizo lo propio para que representase a los españoles en la celebración de los congresos que se constituyeron en Paris, Oviedo, Gijón y Santiago de Compostela. Y todavía le quedaron fuerzas ese año para actuar con su compañía en los sainetes La real gana, de Ramos Martín, y Un fallero mes, de carácter valenciano, en la obra de Presley, Llama a un inspector, y aún para dirigir a sus actores infantiles en la función del siglo XVI Auto de Navidad.

Uno de los últimos actos públicos en los que participó fue el pregón de la fiestas patronales en honor a Santa Marta. Un acto en el que expuso su profunda relación con el pueblo de Ortigueira, consiguiendo emocionar a muchos de los presentes con su candor y su humildad.

Como colofón a su intensa vida entregada a los demás hay que mencionar que Luis Alonso ha obtenido la Medalla de Honor de la Emigración Española, la Medalla al Mérito en el Trabajo, en la categoría de plata, el Premio periodístico David Fojo o la Copa al mejor grupo teatral de los clubes españoles de Paris. En el año 2000 recibió su última distinción, dentro del concurso convocado por la Asociación Yoor, por un texto sobre la Navidad titulado La última ofrenda.

Para finalizar, solo queda por decir que pocos orteganos han recibido en vida tantos homenajes de su pueblo y de sus amigos como Luis. Y en todos ellos siempre se le significó y agradeció su calidez, su empatía y su entrega altruista a los demás, manifestación que, como siempre, recibió con el cariño y la sencillez que le caracterizan.

NOTAS
1. Alonso Santiago, Luis: “En torno al teatro local”. La Voz de Ortigueira, 26 de abril de 1985.
2. Alonso Santiago, Luis: "Ortigueira, años cincuenta". La Voz de Ortigueira, 15 de mayo de 1987.
3. Hablando de cine con Luis Alonso Santiago, La Voz de Ortigueira, 19 de julio de 2002.
4. El título con el que la cinemateca celebró los 100 años del cine fue Patrimonio del cine.
5. Rivera Losada, A. “Extraordinaria acogida a un libro den Ortigueira”. La Voz de Ortigueira, 14 de agosto de 1987.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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