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Por imperativo legal

martes, 11 de agosto de 2015
Cuando un cargo público accede a la poltrona, ya sea de concejal, diputado o cualquiera de las escalas que tenemos en nuestras muchas administraciones, ha de prometer o jurar cumplir el ordenamiento jurídico y fidelidad a la Constitución.

Pero hete aquí que llegaron los nacionalistas y se pusieron tontitos con lo de jurar la Constitución, ese documento que les permite decir lo que piensan allá donde les apetezca, y les garantiza que nadie les va a meter en chirona por montar sus espectáculos, así que se sacaron de la manga una coletilla: “por imperativo legal”. Es decir, que juro o prometo, pero porque no me queda otra, una fórmula que el PSOE quiso impedir, con gran criterio, pero que el Tribunal Constitucional consideró válida por asombroso que pueda parecer. Verán la ironía de que quienes no creen en la Constitución la utilicen pidiendo amparo al TC para llevar la suya por encima. Y encima lo consiguen.

Los nacionalistas locales también se agarran habitualmente a esa Constitución que dicen no aceptar para denunciar la invalidez de actuaciones o normas, aunque a la hora de decir públicamente que sí, que vale, que nos parece bien, monten este circo para llamar la atención para sus "groupies".

Lo que es la ignorancia...

El Ayuntamiento de Igualada, en Barcelona, ha dado un paso más y como no le quedó más remedio que poner la bandera de España junto a las demás, y encima en lugar preferente, tuvo la ocurrencia de añadir una pancarta a su lado en que dice que ponerla la ponen, pero que por “imposición” del gobierno central y en cumplimiento de una sentencia judicial.

Lo que es la ignorancia. Es triste que quienes llevan las riendas de una administración sepan tan poquito de derecho. Lo primero que habría que explicarles es que el Gobierno no impone nada, porque no es quién para tal cosa, sino que lo que les ha hecho tragarse el sapo es una sentencia de un juzgado que aplica una ley, aprobada por las Cortes Generales (Congreso y Senado) y no por el Gobierno. A ver si nos vamos enterando.

Lo que me pasma es que esto se acepte como normal. Prueben ustedes a decir el día de su boda que “sí aceptan” pero “por imperativo legal”, ya verán qué divertido y lo rápido que se acaba el convite. O cuando les pregunte el notario si aceptan las condiciones de una hipoteca. Se llaman vicios del consentimiento, ya que estás diciendo claramente que no estás de acuerdo aunque digas que sí, y no se trata de una “reserva mental” sino que lo pones negro sobre blanco, con todo el descaro.

Pero lo aceptamos, porque somos así de chulis y de progres. Que la norma suprema de nuestro ordenamiento sea acatada a regañadientes es una cosa, pero que se jure en falso es otra, y eso es lo que pasa aquí sin sonrojo alguno. En Gran Bretaña, por ejemplo, el Sinn Féin es mucho más consecuente que nuestros aprendices de revolucionarios. Por no querer jurar lealtad a Isabel II perdieron sus escaños en repetidas ocasiones, y eso es lo que se llama coherencia. Con un par. Aquí no puede pasar tal cosa que los principios son muy importantes pero la pela es la pela.

Lo más gracioso es que la Constitución lo abarca todo, porque prevé su propia reforma. Puedes jurar nuestra Ley fundamental sin creer en la monarquía, en las comunidades autónomas, o en la división de poderes, porque el propio documento dice cómo tiene que ser modificado, así que no es necesario que te lo tomes al pie de la letra en las partes que no te gustan porque se pueden cambiar. Cuando juras la Constitución juras unos principios, unas normas que se pueden modificar, un espíritu y un modelo. De la misma forma cuando juras bandera estás comprometiéndote con España, y no con las ingentes cantidades de chorizos que la manejan.

Por poner un ejemplo que hastas los nacionalistas puedan entender, su compromiso con Galicia se podría interpretar como un apoyo a Feijoo siguiendo su deficiente lógica. Pues no, señores míos, no es lo mismo. Una cosa es el fondo y otro la circunstancia. Ni imperativo legal ni rabo de gaita.

Probablemente sea mucho pedir que cierta gente llegue hasta ahí, pero por intentarlo que no quede.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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