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D. Ramón María García Abad

lunes, 15 de mayo de 2006
El que posteriormente seria llamado Apóstol de Galicia, nació el día 7 de setiembre de 1836, en la señorial casa de Lexos, lugar de Caparís feligresía de san Julián de Mos. Falleció en la ciudad de Lugo el día 7 de marzo de 1887.
La vida de García Abad bien se merece el calificativo con el que hemos comenzado estas escuetas notes en las que pretendemos dar a conocer de una forma resumida toda la amplísima semblanza del hijo pródigo da Chaira lucense.
El Reverendo D. Ramón María pasó los primeros años de su infancia en la casa que le vio nacer, en donde ya comenzó a sentir vocación sacerdotal, aunque no había cumplido diez años sus padres decidieron que fuesen sus tíos sacerdotes quien lo instruyesen para el ingreso en el Instituto de Enseñanza Media, que estaba por aquel entonces ubicado en el actual Colegio de los Escolapios (Monforte). Donde obtuvo el titulo de "Bachiller"; al concluir dichas enseñanzas regresa a Lugo para ingresar en el Seminario de San Lorenzo, actual colegio de los Padres Franciscanos; donde otro seminarista alcanzó la Gloria de estar elevado a los Alteres, San José de Suegos (José María Díaz Sanjurjo).
En el Seminario lleva brillantemente sus estudios, obteniendo la mayor parte de la veces calificaciones de sobresaliente en casi todas las materias. Ingresó en la Academia de Clásicos, tras superar el correspondiente examen, ocupando en la misma al poco tiempo el cargo de secretario.
Con solo veinte años era ya D. Ramón profesor de segundo curso de Humanidades, y a su vez continua él siendo un destacado alumno, principalmente en Sagrada Teología; compaginando, sus estudios, con las enseñanzas que impartía y el cargo de Vicerector del Seminario.
En 1858 concluye la formación teológica con el titulo de "Bachiller", siendo el primer alumno del seminario que obtuvo dicho titulo. Es en este centro donde aconsejado por quienes hasta aquel momento habían sido sus profesores, decide trasladarse a Toledo, para allí concluir la licenciatura de Teología y Cánones.
Fue ordenado sacerdote el día 24 de septiembre de 1859, ordenación que la realizó el obispo de esta Diócesis lucense D. José de los Ríos Lamadrid, con dispensa del de Mondoñedo, a cuya jurisdicción pertenecía, pues la parroquia de san Julián de Mos en lo eclesiástico forma parte del obispado mindoniense.
Recién cumplidos los 24 años de edad, es García Abad uno de los sacerdotes con mejor formación de la provincia diocesana de Santiago, perfilándose como canónigo. En 1865 accede a la canonjía de Doctoral, después de haber superado con toda claridad la oposición, convirtiéndose así en el miembro más joven del Cabildo.

Su etapa como misionero
Es aquí donde se dejan ver sus grandes dotes de predicador elocuente, y le toca hacerlo en un periodo político difícil, el país se halla sumergido en una profunda crisis de valores, la iglesia era víctima de constantes iras, e incluso se llegan a dictar leyes antievangélicas; pero ello no ha sido causa para él ni estorbo para que D. Ramón siguiera firme y aferrado a sus principios, a su formación y sobretodo a su Vacación, esa vocación de transmitir a los demás la palabra de Dios.
En 1861 recibe de manos del Sr. Obispo el título de “Misionero apostólico", credencial concedida por S.S. Pío IX; comenzando así de una forma oficial su primera misión en la feligresía de santa Cruz de Brosmos (Sober) y la segunda en Silleda (Lalín). Llegando a predicar unas ciento cincuenta misiones; recorrió toda Galicia, e incluso llevó su labor apostólica a feligresías de León, Zamora y Astorga.
Como fecundo publicista que fue, dio a la luz las siguientes obras:
“Clamores del Divino Pastor a las ovejas descarriadas, o sea, lecciones de Jesucristo a los pecadores olvidados de su salvación" (Barcelona 1861).
“El Camino del cielo allanado a los pecadores" (Lugo 1861).
“Liga Santa de los confesores” (Lugo, 1862).
“El Tesoro de los labradores” (Lugo, 1865).
“La más divina de las obras divinas, o sea, la obra de la Santa Infancia" (Lugo 1873).
“Escala para subir los niños al cielo".
“Manual de las personas que frecuentan los Sacramentos".
“Propósitos razonados de un seminarista ".
“Guía del cristiano en la Santa Misión".
Fue D. Ramón María un enamorado del moralista italiano Frassinetti, y de este autor tradujo los siguientes títulos:
“Rosita Pedemonte".
“Manual del Párroco Nuevo".
“Práctica del Amor a Jesucristo".
A su muerte dejó García Abad sin publicar “El Libro del Seminarista". Es éste, tal vez, -según Jesús Guerra Mosquera- el libro que mejor refleja la honda personalidad sacerdotal de D. Ramón María: un verdadero retrato de su alma sacerdotal; el reflejo más acabado de sus virtudes. Lo escribió muy poco después de ser ordenado. Tal vez lo hubiese ideado antes de su misma ordenación. En él vierte su concepción ascético-mística de lo que debe ser y hacer un seminarista para prepararse dignamente, científica y espiritualmente para el sacerdocio".
De este Apóstol de Galicia, pervive ampliamente su recuerdo, no solamente impreso en el Boletín del Obispado; pues sobre él y sus obras existen abundante bibliografía. La Corporación Municipal de Lugo en 1925 le dio su nombre a una calle.
En 1943 se inicia el proceso diocesano de Beatificación (B.0 pags. 237-38 del año 1943).
Al celebrarse el centenario de su muerte, fue descubierta una placa conmemorativa en la iglesia parroquial de Mos. El canónigo D. José Molejón escribió un extenso trabajo acerca de la vida y obra de García Abad, articulo que fue publicado en el diario "El Progreso” de Lugo.
Para darnos una pequeña idea de la jornada diaria de García Abad, veamos este apunte realizado en 1912 por D. Manuel Lorenzo, párroco por aquellas fechas en la parroquia de A Nova de Lugo.
“Comenzaba éste sus diarias ocupaciones levantándose a las cuatro o cinco de la mañana, según las estaciones, y consagrándose a prolongada oración hasta el alba, luego acudía al templo de la Soledad para oír misa de su director, el ejemplar Sr. D. Alejo N. Roa, sacerdote de Santa Memoria con quien se reconciliaba semanalmente dos veces, sentándose después en un confesionario que había al fondo de aquella iglesia y confesando hasta las siete o las ocho. Pasaba seguidamente a la Catedral a decir santa misa, ordinariamente en el altar de la Virgen de los Ojos Grandes, empleando en este acto unos 25 minutos, y reanudando luego su tarea de oír confesiones hasta la hora del coro. Terminadas las obligaciones corales, volvía al confesionario, donde pacientemen-te se le encontraba hasta las doce o la una de la tarde; o por decirlo mejor, mientras notase la presencia de personas necesitadas de su ministerio. Para entretener el tiempo que le dejaba su siempre frugal comida y el coro de la tarde, le quedaban las consultas de asuntos de conciencia, hechas de palabra o por escrito desde lugares acaso muy distantes; los enfermos que muchas veces deseaban de él una visita; sin excluir los del hospital, por los cuales sentía una especial compasión...; el estudio diario que no dejaba nunca, particularmente de Teología Moral; su largas visitas a Jesús Sacramentado y la Santísima Virgen de los Ojos Grandes, cuya devoción promovió desde el púlpito de su capilla e innumerables ocasiones durante su vida de sacerdote".
López Pombo, Luis
López Pombo, Luis


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