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La teología de la liberación

sábado, 02 de marzo de 2002
Una de las más simples, pero quizás más certera definición de lo que es la teología de la liberación fue la que escuché de labios de Ernesto Cardenal, ministro de cultura del régimen Sandinista de Nicaragua: “Es necesario ser algo injusto con los ricos, para compensar tantos años de injusticia con los pobres”. Pero no se confundan, la teología de la liberación no es una lucha de pobres contra ricos, sino muy al contrario; es un movimiento cristiano para la dignificación de la persona humana, más allá de su condición económica, cultural, nacional, racial o social.

Claro, todo esto suena muy bonito y a buen seguro casi todos estaremos de acuerdo con esos principios. Otra cosa bien diferente es practicarlo y sobre todo practicarlo en países subdesarrollados. Pero no, tampoco se equivoquen. La teología de la liberación no es un movimiento especifico de países pobres. Es en los países desarrollados donde cobra su auténtica dimensión, porque desdichadamente en ciertos países pobres la única condición posible que contempla un ser humano es su propia supervivencia. Todo lo demás queda supeditado.

Se dice no obstante que, la teología de la liberación es un movimiento comunista nacido en los países de América latina e impulsado por ciertos curas rojos que incitan a la rebelión y a la lucha de clases. Pero también se empieza a reconocer por ciertos filósofos que la teología de la liberación es la extrema derecha en su más pura esencia y también que, en un futuro cercano, las clases acomodadas tomarán la bandera de la liberación como su única posibilidad de permutar ciertos privilegios a cambio de mayores cotas de libertad. Inútil la controversia. De derechas o de izquierdas este es un movimiento para la libertad del ser humano y la integración con su entorno y con su tiempo.

Hoy en día, en los países desarrollados casi la única visión que se tiene de Dios es la del Dios caballo o la del Dios dinero, pero desdichadamente ninguna de esas dos visiones produce satisfacciones personales, porque la una te arrastra por las miserias del cuerpo y la otra por las miserias del alma. Abandonarse al placer, al mínimo esfuerzo, a no comprometerse con nadie ni con nada, a renunciar al legitimo derecho de perpetuar tu especie, al egocentrismo, es montarse en un caballo que te arrastrará por la mediocridad y te conducirá a la frustración como final de una vida intrascendente, vacía y sin esperanzas. No menos devastador es el futuro que espera a los adoradores del Becerro del Oro, porque les sumerge en un mundo de codicia donde no existen limites para disfrutar de lo que se tiene; siempre se necesita más. Y cuanto más tienes más te aíslas de las gentes porque temes que te lo arrebaten. Y cuanto más te aíslas mayores son las rejas que te separan del mundo y así en una espiral de poder, dinero, aislamiento y avaricia. Y el sol nace cada día. Y cada noche las estrellas. Y cada día en cada calle tropiezas con gente encantadora que quiere conocerte y compartir el tiempo contigo, pero tú no puedes verlos porque las rejas no dejan pasar los rayos del sol, ni la luz de la luna y las estrellas, ni la sonrisa de aquella persona que un día se cruzó en tu caminar.

La teología de la liberación es, por encima de cualquier otra consideración, un movimiento de libertad, de amor, de entrega a los demás, de respeto a la biodiversidad y al medio en el que vivimos. De valentía y de decirle a la gente lo que piensas en lugar de vivir sumergido en un mundo de frustraciones y mentiras. De dignidad y de no mentir ni consentir que te mientan. De paz y de justicia social porque mientras haya desigualdades tan abismales como existen actualmente, la paz no sólo será imposible, también sería injusta… y todo esto al margen de creer o no creer en la existencia de Dios. O quizás es que Dios es todo eso. Porque Dios no es algo ajeno a cualquier cosa de la vida ni la vida es algo ajena a las cosas de Dios.

La teología de la liberación es, en fin, un movimiento cristiano en pro de los más necesitados, de un compromiso por la vida, de una ética para vivir y de salir cada día en busca de la excelencia, pero no la busques ni en el Becerro del Oro ni en el Dios caballo. Si quieres buscar la excelencia busca a Dios y si quieres buscar a Dios búscalo en ti y por ese camino, más tarde o más temprano descubrirás allá, a lo lejos, la luz que aterra y seduce…

…y sentirás la presencia cercana de Dios.
Morales, Raúl
Morales, Raúl


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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