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Andalucía sí es España

martes, 24 de marzo de 2015
A pesar de que este blog se escribe desde Lugo como su nombre indica, ya saben que aunque me centro en lo local de vez en cuando desvarío también sobre temas nacionales o de otra índole. Hoy va a ser uno de esos días, en que un blog local como éste se pone a divagar sobre la interpretación que hace el autor (me encanta eso de “el autor”, no me digan que no suena bien) de algo tan ajeno como las elecciones andaluzas. O tan propio, según se mire.

Lo primero es definir el escenario. Andalucía no es Galicia, nos dicen. Me suena a aquello de “España no es Portugal”, “España no es Grecia”… que poco menos que acabó con un “España no es España”. Pues bien, no creo que las diferencias entre Andalucía y Galicia sean mayores que las que hay, por ejemplo, entre Rábade y Vigo, ni entre Foz y Pontevedera. Así que olvidemos los prejuicios nacionalistas de que esto es un “sitio distinto” y vayamos al tema: Andalucía sí es España.

La reflexión que se me vino a la cabeza cuando vi los resultados de las elecciones fue que ese mito de “la izquierda es crítica con sus líderes corruptos pero la derecha transige con lo que le echen” se ha caído definitiva y estrepitosamente. El mayor caso de corrupción de España, más oneroso para las arcas públicas aún que el de los Pujol o que la Gürtel, ha quedado impune electoralmente. El castigo ha sido pasar de 47 diputados... a 47 diputados a pesar de los pesares.

Esto no es muy de extrañar y veremos cómo en mayo en Lugo es cada vez más probable que pase algo similar y volvamos al punto de partida después de un largo peregrinar por las procelosas aguas judiciales.

Por otra parte, el temido ascenso meteórico de Podemos se ha quedado en un resultado notable. Nada menos, y nada más. Es tranquilizador ver que las cosas se han quedado aproximadamente donde estaban, y cuando se miran los resultados históricos del Parlamento de Andalucía te das cuenta de que los 15 escaños de Podemos sumados a los 5 de Izquierda Unida son prácticamente los mismos que los 19 que tuvo Izquierda Unida en 1986 o los 20 que tuvo en 1994, es decir, que es el mismo público “objetivo”. Nada, pues, preocupante como para echarse al monte o acumular latas de conserva en el sótano.

La caída de izquierda unida se explica, obviamente, por su fagocitación por parte de Podemos, ya que como decía antes es el mismo público, aderezado con algún despistado que no es de izquierda radical y que piensa que esta gente es otra cosa que lo que es. Pero bueno, ya se caerán del guindo.

El que sí es un batacazo en toda regla es el del PP, que desde los años 90 no tenía un resultado tan malo, ni siquiera en Andalucía. Sus votos se han ido corriendo a Ciudadanos y probablemente otros muchos se habrán quedado en casa o se habrán ido a la playa. Un candidato desconocido, en un momento pésimo para las siglas, con una recuperación que sólo ven las grandes empresas y que el parado no percibe…

En mi opinión ha sido un claro fracaso de Rajoy, quien se implicó personalmente en la campaña con todo el Gobierno sin obtener más que un pobre resultado. ¿Que duplica ampliamente a quien se atrevía a tutear al Gobierno desde, supuestamente, la calle? Sí, pero es un breve consuelo y no reaccionar es lo peor que pueden hacer, aunque por otro lado dicha acción tiene que ser mesurada porque si no va a parecer que se ponen histéricos, y no hay nada menos electoral que el miedo de los propios.

Dejo para el final a Ciudadanos, el ascenso estrella del momento que desde filas de Podemos se empeñan en decir que no es nuevo porque lleva diez años en el ruedo político catalán. Tengo que reconocer que me da ternura el ataque de cuernos de los de Pablo Iglesias, que ven cómo una formación que aparece como “más nueva que los nuevos” le roba un protagonismo al que estaban demasiado acostumbrados.

El discurso guerracivilista de Podemos se contrapone con el de la reforma tranquila pero firme que predica Albert Rivera. ¿Que tienen contradicciones? Pues sí, como todas las formaciones, pero al menos el discurso de esta gente es convincente, y así ha pasado lo que ha pasado, que se ha tragado sin masticar a UPyD como entremés y ahora empieza a roer el plato fuerte: el PP.

Andalucía no es Galicia, nos dicen. Ni Madrid, ni Cataluña, ni Castilla la Mancha. Ya lo sabemos. Pero sí es obvio que como campo de pruebas no está nada mal, y que el comportamiento del votante es razonablemente parecido en toda España si tienes en cuenta los desvíos que cada bandera imponen en su ciudadanía, así que no es tan complicado hacer cábalas sobre el futuro y ver el efecto que todo esto puede causar por ahí.

Por ejemplo, ayer me llamó una persona del PP para preguntarme si tenía algún teléfono de Ciudadanos en Lugo para ver si necesitaba ayuda. Mi respuesta fue que no. Que no tengo ningún teléfono de Ciudadanos en Lugo, quiero decir.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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