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Sí y no al desalojo del HULA

viernes, 13 de febrero de 2015
Ayer no escribí porque estuve algo pachucho, y de hecho ni siquiera encendí el ordenador, cosa rara en mí, pero como la cosa me afectaba a la vista dejé las pantallas en barbecho para darme un descanso. Hoy me encuentro 123 emails sin leer y aún no son ni las 7 de la mañana.

En fin, el tema sobre el que tenía pensado escribir se mantiene intacto, y es el del desalojo de Xohán Rompe y dos activistas más que reclamaban, con un encierro en el HULA, la implantación de los servicios prometidos y, particularmente, las 24 horas de hemodinámica.

Empezando por el principio les diré que dudo muchísimo de un extremo que afirmó Rompe, y es que la orden fuera “expresamente” dictada por la delegada provincial, Raquel Arias. Entiendo que a todos nos gusta pensar que a las cosas que hacemos se les da más importancia de la que realmente se les da desde las instituciones, y que mola más pensar que una cosa así generó un gabinete de crisis del gobierno en lugar de creer que fue la dirección del hospital, algo más prosaico, el que llamó a las fuerzas del orden. Sin embargo este punto es bastante irrelevante, más allá de achacar a una persona concreta una orden que supongo que habría dado igualmente de haber llegado el tema a ella.

Porque verán, nadie puede poner en duda mi absoluto respaldo a la reivindicación de Rompe, que no es sólo suya sino un clamor ciudadano, pero también tengo que decir que comprendo que se desaloje una protesta como esa de un edificio público, y más de un hospital.

Cuando se convocó la acampada del 15M también estuve en contra. No de muchas de las cosas que decían, sino de las formas, del hecho de que convirtieran nuestra Plaza de España en un camping de segunda por sus narices, siendo más fino de lo que me apetecería.

La sociedad se basa en unas normas comunes que nos hemos dado y que se supone que todos hemos de cumplir. Entiendo que en casos extremos hay un punto de nobleza en romper esas normas para reclamar algo importante, pero también que es muy subjetiva la apreciación de cuándo procede y cuándo no. Personalmente creo que hay muchas maneras de hacer las cosas, y si hay una alternativa mejor no estoy de acuerdo con una acampada en el hall de un hospital. Si hubieran hecho lo mismo en la calle, frente al edificio, quizás lo podría entender más.

No me habría gustado tener que tomar la decisión de llamar a la policía para desalojar a estas tres personas, pero si hubiera sido yo probablemente también lo habría hecho. Eso sí, con la misma corrección con que se hizo, ya que más que de un desalojo podríamos hablar de una invitación a salir, que fue cortésmente secundada por los tres manifestantes. Todo muy civilizado, como debe ser.

Una vez dicho todo esto, quiero llevarme aparentemente la contraria con dos cosas. La primera es felicitar a Xohán Rompe y sus dos compañeros por su coherencia y su decisión. Es muy fácil hablar, con o sin megáfono, o ir a hacerse la foto para quedar bien ante la prensa y la ciudadanía, pero cambia la cosa cuando estamos hablando de tirarse a dormir en el suelo de cemento de un sitio más o menos desangelado para pedir unos derechos para todos. Y más cuando tu estado de salud no es el mejor posible, como es el caso de Rompe.

Con Xohán estoy de acuerdo en escasas ocasiones, pero ésta es una de ellas sin duda alguna, y teniendo en cuenta todo, creo que un aplauso público es más que merecido. Aquí ha ejercido de sociedad civil, porque aunque encabeza un partido político los que lo conocemos sabemos que habría hecho lo mismo en cualquier otra circunstancia. Esto no lo hizo como político sino como tocapelotas profesional, con todo el cariño y en el buen sentido (Xohán, espero que si lees esto entenderás a qué me refiero y el respeto que encierra el término en este caso).


La segunda es que soy partidario del orden en un edificio público, más aún cuando se trata de un hospital, pero no puedo menos que apreciar una doble vara de medir en este caso si lo comparamos con las jaranas que se montan cuando se ingresa a un personaje importante del colectivo gitano (no voy a dar rodeos diciendo “de determinada etnia” porque si alguien me quiere acusar de racista lo va a hacer igual, equivocadamente, pero igual), ya que no hace mucho cuando estuvo un patriarca en planta acamparon allí varios familiares y nadie se atrevió a decir esta boca es mía.

Si tengo que elegir, prefiero hacer la vista gorda ante la acción de Rompe. Principalmente porque nos conviene a todos que su reivindicación, nuestra reivindicación, sea escuchada. Por el bien de todos, a menos que tenga usted programado infartar de 8 a 3.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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