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Malos recuerdos

jueves, 15 de enero de 2015
Cuando la televisión nos mostró el atentado de las torres gemelas en 2001, hasta los más desinformados por vivir en paraísos de paz y respeto democrático, descubrieron la inmensa capacidad del terrorismo para hacer daño, sembrar miedo y provocar víctimas en cualquier lugar.

Los que llevábamos mucho tiempo sufriendo el terrorismo etarra comprendimos, mejor que otros, las terribles consecuencias con las que tendríamos que convivir. La paranoia que hace de seres humanos cultos, soldados de una nueva forma de guerra mundial. La diferencia entre ETA y los guerreros del Islán me la explican mis amigos de los servicios de seguridad vascos con los que tuve la suerte y el honor de convivir. Los primeros estaban dispuestos a matar pero no a morir por la causa. Los segundos están dispuestos a matar y morir por su causa. En ambos casos hay adoctrinamiento, estrategias, recursos y liderazgos.

En la ciudad de Vitoria, del 2001, amén del problema del nacionalismo radical, surge la necesidad de saber que está pasando en varias decenas de mezquitas que hasta entonces formaban parte de la libertad de culto religioso.

La matanza de los trenes de Atocha me coge viviendo y trabajando en mi Mariña. Recuerdo que cuando me pongo en contacto con mis fuentes de información en Euskadi, me sorprenden asegurándome que no ha sido ETA y que todo indica se trata de terroristas islámicos. Aquello explicaba que una de las bombas fuera para un lugar de clara simbología en la lucha obrera contra el franquismo; el Pozo de Tío Raimundo en Vallecas, dónde había trabajado en mi época de estudiante con el padre Llanos. El terrorista de la yihad no distingue lugar o personas en su mandato "divino".

Hay una reflexión muy dura. ¿Qué está pasando para que miles de europeos se hayan enrolado en una guerra dónde civilización y cultura les conduce a un Estado Islámico que como en la Edad Media ha emprendido una cruzada?.

Lamentablemente, las redes sociales son un magnífico instrumento, en este caso para reclutar. Tenemos mucho que perder. No sólo por el peligro que representan los atentados de toda índole. Es que tendremos que ceder nuestro derecho a la privacidad en aras a una mayor seguridad.
Se hace imprescindible una actuación integrada e integral, la unidad. Y sobre todo, hay que evitar que el terrorismo sea un gran negocio. Hay que combatir las raíces de la subcultura que lo alienta.
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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