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Deza: La Navidad y el Judío errante

lunes, 05 de enero de 2015
La comarca del Deza está situada en el norte de la provincia de Pontevedra, coincidiendo con el centro geográfico de Galicia. Limita al norte con las comarcas de Arzúa y Tierra de Mellid (A Coruña ); al Sur, con la comarca de Irijo (Ourense); al este, con Chantada (Lugo) y al oeste, con Tabeirós-Tierra de Montes (Pontevedra).

Los límites naturales de la comarca del Deza están perfectamente definidos: al Norte, el río Ulla; al Este, las sierras del monte Farelo y del Faro; al Sur, con los montes de Testeiro y Pena de Francia y al Oeste, con el monte San Sebastián y la sierra del Candán.

Esta comarca está bañada por los ríos Deza y Arnego. El río Deza, y su afluente Asneiro.

El nombre de la comarca puede venir de: Dhais, hijo de Brigo, el fundador de Galicia, es quien da nombre, y fue atraído a ella por la caza mayor y menor. O quizás el nombre provenga del General romano Decio Junio Bruto, que inició la incorporación de Galicia al Imperio Romano a mediados del siglo II a. C. O puede que venga del sustantivo decius, que significa dueño de tierras.

El territorio cuenta con una oferta gastronómica muy variada. El cerdo, la ternera, y el gallo de corral, el lacón gallego, la caza, los embutidos y salazones, los huevos, el queso, la miel, el vino, las empanadas, dulces y pan, los grelos, y otros productos de la huerta, gozan de un merecido prestigio y están presentes en todas las fiestas y romerías populares.

El sistema fluvial Ulla-Deza junto con otros ríos y el embalse de Portodemouros, lo convierten en un lugar emblemático y una de las zonas más bellas de la Galicia interior.
Nos encontramos además con otros espacios incluidos en la Red Natura, como los Sobreirais do Arnego, la Serra do Candán y de Careón, el Monte Faro, las Brañas do Xestoso y, otros espacios naturales, como la Fraga de Catasós, la Fervenza do Toxa y distintas áreas recreativas que completan el paisaje de la Comarca.

Abundantes huellas arqueológicas, castros, mámoas y la riqueza arquitectónica religiosa y popular que con los puentes medievales y construcciones románicas, conforman los Tesoros del Deza.

Hay que visitarla, para sentirla.

LA NAVIDAD Y EL JUDIO ERRANTE

Todos los cuentos que yo sé, me dijo el Jesus ( Pariente de los de Bendoiro de La Corredoira de San Juan de Sisto ) son muy viejos; tan viejos que ya mi abuelo que me los contaba los había aprendido de uno de los curas amigo de su padre, y el padre decía siempre que eran cuentos muy antiguos, de hacia muchos años.

Y me dijo cómo hubo un tiempo en que dícese que los animales hablaban. Entonces todo era bienestar y alegría en la tierra, porque al venir a este mundo el Hijo de Dios, fue como si una mano milagrosa tocase todos los corazones para arrancar de ellos la maldad.

La comadreja cascaba nueces y saboreándolas, decíale al compadre araposo:
-Pues ahí ve, señor raposo: yo nunca había comido una nuez, y ahora me parecen excelentes y agradables.

-Yo jamás probé tampoco una manzana, y tiene un zumo que me encanta- Le replicó el raposo.

Un águila llego volando, se posó en el palomar de la era y echó al suelo unos granos de trigo que traía en el pico; después llamó a los polluelos y les dijo:

-Venid, pobrecillos, y comed este trigo que os traigo; lo he cogido para vosotros al pasar sobre un campo cubierto de espigas.

Estuvo contemplando cómo los polluelos acudían corriendo, abriendo sus alitas, y picoteaban golosos. El águila sonreía satisfecha, batió las alas y voló hacia su nido de las cumbres.

Porque el Hijo de Dios era nacido y venía a predicar humildad y amor. Y las gentes también se hallaban predispuestas para la bondad y se saludaban diciendo:

Paz a los hombres de buena voluntad.

Y todos holgaban y se divertían; porque días de hermandad y felicidad se había anunciado a todos los humanos.

Mas, un viejo muy viejo, que parecía tener cientos de años y se cubría con un manto muy raído y sucio, pasó por la aldea y se puso a mirar cómo la gente cantaba y bailaba. Pero en viejo, viendo aquello, se hecho a llorar.

¿Po qué llora, abuelo?. Le preguntaron.

Y la gente se extrañaba de verle llorar.

Lloro, respondió el anciano, porque veo qué fácilmente os sentís felices y cómo florece tan rápidamente la alegría en vosotros, despreocupádoos por el día de mañana.

¿ Y usted no sabe que fue nacido entre los hombres el Hijo de Dios ?.

Sí, lo sé. ¡Hace muchísimo tiempo que lo anunciaron los profetas!

Pues, ¿entonces?

Sin embargo, el mundo no puede dejar de ser como es – replico el viejo – y el sol ha de salir todos los días por encima de los montes y se sumergirá como siempre en las lejanías del mar; y lloverá como de costumbre; y el lobo, que fue creado para alimentarse de carne, no ha de comer tojos; ni el hombre padrá olvidarse de encender el fuego del hogar, ni dejará tampoco de morir algún dia……….

Pero, eso ….. con tal de vivir alegres y dichosos …….

¡ Todo es ilusión fugitiva! – sentenció el andrajoso caminante – Habréis de volver en seguida a vuestros trabajos y querellas de siempre, a las disputas acostumbradas entre unos y otros.

¡ Si siguieras tu camino y no vinieras a importunarnos con tus augurios estúpidos cuando estamos de fiesta! – alguien le gritó, malhumorado.

¡ Vete de ahí, sarnoso! – Le escupió otro con coraje, olvidando el respeto que le debía por su ancianidad.

¡Echadlo a palos!. – Bramó un tercero.

Y otro, más atrevido, le tiró una piedra riéndose y exclamó :
¡ Basta con esta !

La piedra le dio en el blanco: una mancha de sangre tiñó el rostro del viejo, que, volviéndose hacia ellos, exclamó dolorido, pero sin cólera.

¿ Veis cómo la maldad no se aparta fácilmente del corazón de los hombres ?.

Y siguió su camino renqueando.

¿Quién será este hombre? – preguntábanse entonces las gentes, cavilando en los decires del viejo.

Y el de más edad, que tenía también, por consiguiente, muchos años sobre sus costillas, después de pensar un poco en sus recuerdos, dijo:

Ese viejo no puede ser otro que el Judío Errante.

¡Judío había de ser para venir a hablarnos hoy de la manera que lo hizo! – gritó una mujer. Pero todos los demás callaron.

El viejo Xesus que me contó esta leyenda, que a su vez la había oído contar muchas veces a su abuelo, después de terminar su relato, añadió:

Agora as xentes rinse destas cousas. Eu non digo que foran ou non foran certas; tampouco penso se aquel velliño do conto sería o xudío errante de que falan tantas historias; mais, que era home sabido e asisado, non o poño en dúbida. A vida dos humanos de entón para acó, deulle a razón.
Lorenzo Sueiro, Santiago
Lorenzo Sueiro, Santiago


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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