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Cómo caen los poderosos e incluso los que quieren serlo

viernes, 05 de diciembre de 2014
Es curioso que según nos caiga la gente le aceptamos cosas que criticamos a otros. Por ejemplo, el caso tan repetido de ese chiste que circula por ahí y que viene a decir que la mujer de Urdangarín no sabía nada, la mujer de Julián Muñoz no sabía nada, la mujer de (no sé cómo se llama el exmarido de Ana Mato pero ya saben por quién va)… no sabía nada… ¡y la mía se entera de todo! Ese chiste se aplica cuando quienes alegan ignorancia nos caen tirando a mal como mínimo. Si nos caen bien se disculpa el tema con la táctica de no hablar de ello.

Por ejemplo, quienes afirman que Pablo Iglesias es el futuro del país y la salvación de España (me cuesta hasta escribirlo), supongo que prefieren no hablar de las cosillas que nos van contando últimamente: que si su productora cobraba en negro, que si la tal productora parece que era en jurídicamente una ONG pero realmente un negocio, que si su novia adjudicaba contratos a la empresa de su hermano (es decir, el cuñado del titular de Podemos), que si la misma chica sacó un lucrativo margen de la venta de su piso de protección oficial, que si Iglesias cobra un sueldo del gobierno de Irán…

La reacción del Secretario General de Podemos cuando le plantean lo de su chica es hablar de “machismo” y acusar a la periodista, del sexo femenino, de no poder hacer esas preguntas por ser mujer. Curiosamente a mí lo que me parece la definición de machismo es precisamente que por ser mujer no pueda hacer esas preguntas, pero bueno, es una interpretación que cada uno hace.

Cuando en esta España nuestra nos da por ponernos la venda no hay forma de quitárnosla ni con ácido. Hasta que salga Wyoming haciendo chistes de las facturas en “B” de Pablo Iglesias o de las adjudicaciones a su cuñado por parte de su señora (ya, ya sé que no están casados pero nos entendemos, que tampoco estamos en el siglo XII), un sector muy grande de la sociedad seguirá haciéndose el sordo y el ciego, principalmente porque a nadie le gusta reconocer que estaba equivocado. Ana Mato no veía el Jaguar en el garaje y Pablo Iglesias no se enteraba de los pisos que vendía su compañera. ¡Qué cosas!

Iglesias y sus colegas han entrado directamente al núcleo duro de “la casta” que tanto criticaban, y lo triste es que ya venían de ahí. Eso de que un “compañero” de partido te contrate en la universidad por una buena pasta para NO hacer tu trabajo porque estás muy liado redactado los estatutos de Podemos, o dando mítines en las teles es muy de “casta” de toda la vida.

Pero no se dejen engañar, es todo persecución, manipulación. Las malvadas fuerzas oscuras que se alían contra los buenos chicos de Podemos se lo han inventado todo, a pesar de que nadie niega los hechos. Es una caza de brujas, nos dicen, porque los poderes económicos están nerviosos. Pues hacen bien en estarlo, y lo inconcebible es que no estén nerviosos los demás ciudadanos viendo lo que se nos puede venir encima.

¿Saben qué es lo que más me entristece? Que todo esto que está saliendo ahora ya se sabía desde hace tiempo, o ya lo sabía una importante parte de la prensa… pero no convenía sacarlo.

Pablo Iglesias y Podemos es un ejemplo clarísimo del poder que tienen los medios de comunicación, como no teníamos desde el “Chiquilicuatre” que mandamos a Eurovisión a hacer el ridículo. Una creación de las mismas televisiones privadas que ahora lo quieren destruir porque se han dado cuenta de que si este señor llega al poder les va a cerrar el chiriguito a imagen y semejanza de lo que hizo su admirado comandante venezolano, que prefería una única cadena en la que él saliera a cada momento por su lado bueno. Lo peor es que la gente haya picado en la creación, y que ahora picará también en su destrucción pero menos, porque es más difícil meter al genio en la botella otra vez que sacarlo.

El partido chavista Podemos (según la prensa cubana, que de eso algo sabrá) se va a resistir con uñas y dientes a su destrucción, y seguirá teniendo muchos apoyos de la rabia y la frustración que en este país sentimos una gran parte de los españoles. Lástima que no sepamos enfocarla en algo constructivo por una maldita vez.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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