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La función de una escalera

viernes, 21 de noviembre de 2014
¿Cuál es la función de una escalera? Aunque la pregunta parece sencilla no lo es tanto, porque está en función de las necesidades que ustedes pretendan cubrir. La respuesta obvia parece ser que es facilitar una forma de subir o bajar para superar desniveles u obstáculos, pero eso es si ustedes utilizan el prosaico punto de vista del ciudadano de a pie, que en su inocencia considera que un conjunto de peldaños es eso, algo que se reduce a una cuestión de utilidad.

Hay escaleras y escaleras. Además de la escalera de Jacob por la que suben los ángeles al cielo, tenemos otras conocidas como la de San Domingos de Bonaval o las que conforman una de las estampas más curiosas de los museos vaticanos. También está la típica escalera del pintor, o la que bajan dignatarios de otros países cuando llegan a nuestra tierra, haciéndose la clásica foto con saludo incluido.

Todas las escaleras físicas tienen algo en común. Su función principal es la que decíamos al principio: salvar un desnivel. Algo tan prosaico que en Lugo se obvia en favor de una cuestión más importante y profunda: que la escalera sea bonita, aunque te mates en ella.

He tardado en hablar de ella porque estuve de viaje y no la había visto en persona. La nueva escalera de la Plaza de Abastos, una obra de ingeniería digna de ver, renueva la imagen del edificio y, hay que decirlo, mejora notablemente su estética. Personalmente me gusta, estéticamente quiero decir. Las anteriores, incrustadas en la entrada, eran feas de narices, y las nuevas suponen un soplo de aire fresco en cuanto al diseño y la fotografía.

Pero hay muchos ciudadanos desaprensivos y con un gusto más que discutible que tienen la absurda teoría de que lo importante es que las personas que van a la plaza puedan acceder al piso superior sin romperse la crisma, como si no fuera digno matarse en un elemento de alto valor ornamental. No me digan que no quedaría preciosa la foto del suceso en la portada de los periódicos. Todos diríamos “¡qué pena!, pero hay que reconocer que de manchar algo de sangre, esas escaleras son un sitio ideal de la muerte”, en este caso de forma literal.

Lugo puede presumir de pasar ahora a los anales de la curiosidad arquitectónica, como Castellón con su aeropuerto sin aviones o Venecia con el puente de Calatrava en que más de un ciudadano se ha abierto la cabeza por no fijarse en que pisaba cristal en un día de lluvia y olvidarse de poner unas sencillas ventosas en las suelas de los zapatos.

Se acusa a los peldaños de estar a la intemperie, porque no tienen cubierta que los tape ni perrito que les ladre. También de ser estrechos, incómodos y resbaladizos. Incluso de estar mal diseñados por no desaguar bien, lo que un atento y hábil operario solucionó taladro en mano, demostrando que el sentido común a veces supera al mejor de los diseños. Todo ello puede ser cierto, aunque personalmente no he apreciado el elemento deslizante que le atribuyen, si bien sí puede ser que los escalones sean un poco estrechos.

Creo yo que el principal defecto de la famosa escalera es que la parte de debajo va a ser un nido de mierda tarde o temprano. En vez de aprovechar el hueco para poner un puesto de periódicos o una pequeña floristería, como hacen por el mundo adelante, se pone una valla y se espera que la gente sea civilizada y no tire papeles e inmundicias. ¡Qué bonita es la inocencia!

Me dirán que la plaza busca algo práctico, una escalera en que una persona cargada de bolsas esté más preocupada en no romperse los huevos (frescos y de gallina que es lo más habitual) que la cabeza, pero es porque ustedes probablemente adolecen de un sentido estético que sí tiene nuestro bienamado alcalde, y que en este caso comparto, aunque no en otros. No hay más que ver sus grandes aportaciones ornamentales a la ciudad: ese paseo de las lápidas en la Plaza de España, envidia de todas las capitales del país, esa maravillosa plaza de San Marcos, una vez eliminadas las horrendas fuentes y los jardines en favor de manantiales que pierden agua y farolas torcidas, ese Cantiño que lejos de ser aquella acogedora plaza es ahora un hermoso centro de aterrizaje de OVNIs…

Resumiendo: ¿Cuál es la función de una escalera? Si eres usuario, que te sirva para subir y bajar sin matarse, si eres arquitecto que quede estética, y si eres Alcalde ganar votos.

La plaza ha quedado más bonita, sí. Ahora sólo falta que no se mate nadie y redondeamos la alegría.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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