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Premio escolar internacional Malala

miércoles, 15 de octubre de 2014
Por una educación universal

Por una vez el Premio Nobel de la Paz se ha otorgado a activistas de los derechos humanos y no a poderosas organización ni mucho menos a políticos a veces corruptos y manchados de sangre. La pakistaní Malala, víctima de un atentado terrorista cuando defendía el derecho de las niñas a la educación se ha convertido en un símbolo mundial de la promoción de la mujer y de la educación en el mundo. Su discurso lapidario en Naciones Unidas donde exclamó que “un niño, un profesor, un bolígrafo y un libro pueden cambiar el mundo” sintetiza muy bien su acción.

Una declaración positiva que no va contra nadie y que está en la línea de la no-violencia de Mahatma Gandhi. Se aplica a la infancia internacional haciendo hincapié en que más de la mitad en la África sub-sahariana y un quinto en el sudeste asiático carecen de acceso a la educación. No se levanta el dedo acusador contra nadie, se recomienda aplicar los objetivos del milenio que aprobaron todos los jefes de estados en Naciones Unidas en el año 2000. Es un ejemplo de pedagogía afirmativa y de ver el mundo poblado por gente de buena voluntad.

Otra fuente de satisfacción para quienes llevamos muchos años abogando por este tipo de causas y considerando que la educación es un derecho fundamental es la concesión del Premio Nobel al activista indio Kailash Satyarthi que procede de la sociedad civil. Es decir, de las personas que se mueven en su día a día para lograr una sociedad más justa y que con acciones simples y pacíficas ponen en solfa a los grandes enunciados de políticos y organizaciones internacionales quienes por ejemplo predican que hay que proceder a la repoblación forestal y que como pasó en Kenia encuentran a la activista Wangari Maathai que también fue galardonada con el Premio Nobel y que consiguió plantar más de 30 millones de árboles, que traduce sus enunciados en acción. Es indispensable la repoblación cerebral.

Kailash Satyarthi organizó marchas pacíficas contra el trabajo infantil defendiendo que estos niños en vez de trabajar deberían estar escolarizados. Logrando movilizar a más que 80 000 niños que aunque parezca poco para la inmensidad de la India tiene un fuerte simbolismo. Ambos personajes, Malala Yousafzai y Kailash Satyarthi, reclaman el derecho a la escolarización universal de la infancia.

Por esta razón la Fundación Paz y Cooperación ha decidido nominar a su premio extraordinario con el nombre de Malala. El próximo 24 de octubre, Día de las Naciones Unidas, se reunirá en el Instituto Egipcio de Madrid el jurado internacional que elegirá este muy merecido Premio Escolar Internacional Malala cuyos candidatos más importantes son un colegio marroquí, un colegio filipino y una escuela de bellas artes en Hong Kong. Se trata de una pequeña contribución a la gigantesca lucha de Malala y Kaylash por la educación universal.

Un bravo para el comité noruego que designa al Premio Nobel de la Paz y que tomen nota para otros años.

(Joaquín Antuña es Presidente de "Paz y Cooperación").
Antuña, Joaquín
Antuña, Joaquín


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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