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Diada o Foliada

jueves, 11 de septiembre de 2014
(Dedicado a mi amigo el Dr. Unzueta Merino).

La foliada, al menos en Galicia, es un maravilloso estado de alegre "locura" que produce cánticos y bailes entre las gentes del medio rural para celebrar el día del patrón en el lugar. Tal costumbre se hace música y así el cancionero popular de nuestra tierra está pletórico de foliadas a mejor gloria del rico folclore que se desliza entre soutos y carballeiras.
La Diada, puede ser, nombre común que refiere una pareja bien avenida, o puede ser nombre propio que refiere la fiesta nacional de Cataluña, para conmemorar aquel once de septiembre de 1714 cuando las tropas borbónicas toman Barcelona tras catorce meses de sitio y como consecuencia de la guerra de sucesión, que no de secesión, como tratan de contarnos los que hacen de la historia el mito favorable al país de sus ensueños.

El nacionalismo se retroalimenta con símbolos y románticos cánticos de juglares sobre vida y milagro de héroes y dragones, en los que la princesa a salvar es toda una virtuosa dama que corre el peligro de ser ultrajada.

Cataluña es una Nación que desea autoproclamarse Estado en la UE. Esta es la cuestión nuclear de los círculos convergentes para celebrar el tercer centenario de una derrota, tras haber apostado por el perdedor en una reyerta entre aspirantes al trono del reino de España. Incluso, en el parque temático que le han dedicado a tal efeméride, las tropas "invasoras" visten de blanco, mientras que los descendientes de Wilfredo el velloso, lo hacen de blau grana. De ahí y algo más, que el Barca sea mucho más que un club de futbol.

Conviene recordar, pues no está tan lejos, que la oprobiosa, en su política de palo y zanahoria con las comunidades "traidoras", en unos casos respetó los Fueros -privilegios- y en otros, volcó el ahorro de sacrificados, campesinos, para forjar una Nación injustamente asimétrica, dónde algunos construían la industria de la posguerra y los demás, moraban entre miseria, aislamiento y emigración a la Europa del acero.

Soy un español afortunado. No tuve que hacer la maleta para irme, de gallego, a las Américas. Cuando las visité, fue como turista para conocer a mis familiares argentinos de Rosario, para luchar por la democracia en Chile, para disfrutar, playas, samba y futbol, en el inmenso Brasil, para descubrir que, en Nueva York, se habla español en cada esquina.
Soy un gallego viajado por España. No sólo por inquietudes culturales, tras el románico, gótico, plateresco y modernismo; también por razones de formación profesional. Elegí Barcelona, disfruté Gerona, descansé en Tarragona y me sorprendió la montaña del norte de Lérida.

Mi familia materna -Mata- son catalanes de Barcelona y Gerona. Mi querida hija Blanca -Vitoriana- vive felizmente en la ciudad Condal, tras ser alumna de la gran Escuela Universitaria de ESADE, y casarse con otro letrado, de raíces andaluzas. Mi padre le dedicó una parte muy importante de sus conocimientos hospitalarios al gran Hospital Universitario "Vall de Hebrón", del que yo también fui Director Médico. Mi hijo, Antón, pasó ocho años de su vida, dedicado al derecho, en diferentes bufetes de la ciudad Picassiana.

Parafraseando a Machado, mi retrato no se puede interpretar, sin mi estancia en la Barcelona de los años setenta. Una ciudad que vivía de espaldas a la mar, hasta que Pascual Maragall, la reconstruyó para La Olimpiada del 92 y la volvió Mediterránea, cosmopolita, tan culta que como el Imperio Romano, casi resultaba decadente. Esa Barcelona, mimada por España, es la ciudad peninsular más visitada por el turismo. Hay tantas citas con la cultura universal cómo con su urbanismo -gracias a Ildefonso Cerdá, polifacético intelectual que llegó a ser Diputado en Cortes con Pascual Mádoz, entre otros-.

La Barcelona modernista de místico Gaudí. Bohemia del ensanche, dónde escuchábamos música latino americana como lamentos de seres humanos huidos de las Repúblicas bananeras al servicio de yankilandia. Judía cristianizada en su barrio Gótico. Musical, entre el costumbrismo burgués de los nuevos ricos con palco en El Liceo, y los llegados de todas partes, tomando cerveza WOL DAMM en locales para la música de Yaz en Tuset. Disfrutando de noches eternas entre La Diagonal, Calvo Sotelo, El Paralelo, Úrgel y Turo Par. Desde el Molino hasta Bacarrá, pasando por Nit y Dia, o el Caballito Blanco, sin olvidar las escapadas al Silvis de Casteldefels.

Aquella Barcelona multicultural, castellano parlante, vanguardia de la moda, paraíso de las antigüedades, textil y fabrica de la SEAT, afrancesada, veraneante de la Costa Brava, y deportista de invierno en Valle de Arán, se escapaba para compran más barato en Andorra, mientras promocionaba a personajes como Juan Antonio Samaranch- Presidente de la Diputación- y a Martín Villa -Gobernador Civil.
No la reconozco. No puedo comprender su cita del nueve de noviembre -mes de los difuntos y del Tenorio- No puedo explicarme a mí mismo como se han llegado a creer que es posible ser independiente de España, cuando ser catalán ha sido una forma culta y sensata de ser español.
Cuando es un mosaico de gentes llegadas de todas partes, por obligación o por devoción. Cuando tienen una deuda económica brutal, pero la tienen con la España de Castilla, Extremadura, Galicia, Murcia, Aragón, etc., que mandó sus ahorros a sus proyectos industriales y a sus hijos rurales para ser los nuevos ciudadanos catalanes, a los que algunos analfabetos de la cultura e historia -hispanidad- llamaban "charnegos".

Siempre digo que: Aunque pases de la política, ésta no pasa de ti, te organiza la vida, llega a ser el motor de problemas, indecencias y atrocidades. No hay personaje más peligroso que, un tonto, con un bolígrafo y poder. Termina dejándolo todo perdido, o lo que aun es peor, se llega a transformar en Pericles y construye su ciudad-Estado.
Supongo que pierdo el tiempo con mi nostalgia cultural. No me imagino la tertulia en "Los Cuatro Gatos" de la calle Montsió de la Barcelona que vivió Picasso, discutiendo sobre los derechos históricos de Cataluña a ser una Nación con Estado propio. No me imagino a Cambó, formando parte de un elenco de mediocres que se han llegado a creer sus propias mentiras. No puedo dejar de preocuparme por una clase dirigente que al grito de ¡"España nos roba"!, no se habían enterado que quien les estaba robando era precisamente su propio Moisés, y que tras escapar y denostar al franquismo, habían construido el pujolismo.

Sí, me preocupan los complejos. Aquellos que ya se dieron en la España del 98. Aquellos que hubo de romper la clase intelectual del 14. Hemos estado contemplando, pactando, colaborando, a la creación de un monstruo. Lo peor no son las ingentes cantidades de recursos volcados sobre Cataluña para hacerla más grande, más desarrollada -Barcelona cuenta con dos autopista paralelas, para el mismo fin- más cercana e integrada en el eje Mediterráneo de la Europa del siglo XXI. Es que hemos permitido la sustitución de la cultura, de la verdad, del idioma, de los sentimientos de solidaridad nacional, por el egoísmo, la mediocridad, el mito, la diferenciación y la discriminación, de tal desgracia que hay, hubo y habrá, ciudadanía catalana sólo para aquellos que juren lealtad a los principios fundamentales del movimiento... secesionista, los demás, o se exilan, o se hacen conversos, cambiándose hasta los apellidos, como hubieron de hacer mis antepasados judíos para no ser víctimas de la Inquisición.

Me sorprende que tras la debacle electoral y el congreso "refundacional", los socialistas sigan a la deriva en asuntos de Estado. Las dos respuestas al problema de Cataluña indica que siguen siendo una banda desafinada. Que expliquen, alto y claro, que más poder da una España Federal, que ya no tenga Cataluña, por activa y pasiva, por competencias legales emanadas de la Constitución o por capacidades ejercidas -maldita tolerancia al servicio del miedo- en nombre de la teoría del Estado plurinacional. Que expliquen alto y claro, como es que en Euskadi, llegamos a un pacto para instalar la democracia del Estado de Derecho, la ciudadanía española, y la verdad, frente al mito salvaje, y en Cataluña, a punto de organizarse la de "San Quintín" -Felipe II- rechazan pactos por miedo a que les llamen frentistas, cuando no hay peor frente que la borrasca organizada con la colaboración de personajillos como Montilla, y de cuyos polvos, sacan valiosos lodos, los de la Ezquerra, que siempre han sido independentistas, y por el mismo precio en el discurso "posibilista" del PSC, se llevan todos los votos de izquierdas y de la radicalidad nacionalista. ¡Menudo negocio!.

Soy un observador con experiencia en Euskadi. Tengo razones para aseverar que, la Democracia Cristiana de Unión, sabía lo de las cuentas en los paraísos fiscales y tras intentar poner algo de cordura en la vieja negociación- Dinero negro por palabras, sin más aspavientos secesionistas- se ha quitado del medio, no pueden estar subidos en un tigre al que azuzan los de ER, no pueden formar parte de una muerte anunciada, ya que Convergencia es el tonto útil de esta historia, que ha llegado demasiado lejos, y dónde puede que salten nuevos escándalos, en la medida que Pujol, para salvar a su prole, cante de plano sobre quienes más han hecho negocios en Cataluña y desde Cataluña, con la banca suiza. Ahí se explica la intervención de Felipe González, al asegurar que no cree que Pujol sea un corrupto... ¿Cuántos corruptos hay y que ilustres forman parte de tal indecente espacio, además de Urdangarín?.

Pero el problema está en que una vez dada la salida, ¿cómo se para a la marabunta?. Sólo el fuego, como en la película, puede detenerla. Para evitar tal catástrofe, supongo que el sastrecillo aprendiz de brujo -Mas- buscará el momento más oportuno para disolver el Parlamento y marcharse a su masía, con la cabeza más o menos alta, ungido por el incienso de Montserrat, envuelto en la senyera, con su correspondiente cesantía, y deseando quitarse los zapatos que tanto le aprietan y ponerse las cómodas espardenyas.

Los mariñanos como yo, aprovecharemos septiembre para darnos los nueve baños -Carolas- en las playas de mica y caolín, de la costa más al norte, dónde la gaita suena a foliada, tras los tradicionales fuegos de palenque y la sesión vermú en los botiquines del campo ferial, en una mañana apacible que nada tiene que ver con la que nos espera el once de septiembre en las calles de mi querida Bercelona.
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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