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La patata caliente de los edificios públicos de Lugo

martes, 22 de julio de 2014
Aunque ha mejorado de aspecto, el cuartel de San Fernando sigue sin estar como debiera. El Ayuntamiento se ha metido en faena y por fin empieza a asumir por la vía de los hechos su responsabilidad en este asunto, de la que es obvio titular como propietario del cuartel. Parece que las amenazas sobre la ejecución forzosa de sus competencias empieza a dar frutos, aunque ya nazcan un poco pochos.

Ayer ya se había arreglado el patio razonablemente bien, talando el bosque que allí surgió tras el abandono del edificio, y se taparon las catas que se hicieron en su día. Lo único que uno se pregunta es por qué esperaron tantos años para cubrir algo que había que cerrar en cualquier caso, y por qué en esta santa ciudad hay que esperar a que alguien obligue a la administración a hacer su trabajo. Vale que el Ayuntamiento lleva unos años muy preocupado por causas ajenas a sus funciones, como los diversos conflictos judiciales, pero eso no quita para que alguien debiera de echar un vistazo de vez en cuando a las cosas que hay que hacer.

La patata caliente de los edificios públicos abandonados se ceba con la ciudad en tiempos de crisis. San Fernando, el Xeral, el sanatorio Portela o el hospital San José son ejemplos de una época en que no se reutiliza nada entre otras razones porque todo el mundo quiere dejar su huella en la ciudad, y “su” edificio. Orozco optó por abandonar San Fernando a su suerte para gastarse 10 millones de euros de nuestro dinero en un mamotreto de dudosa utilidad como es el MIHL, y prefirió hacer una carísima cafetería en el parque (recuerden, que la cosa esa de hormigón costó más de 650.000 euros, que se dice pronto) en vez de dedicar ese dinero a cosas más interesantes.

El antiguo Xeral es otro cristo de dudoso futuro. El nuevo hospital es algo de lo que sentirse orgulloso, pero hay que decir que sus planificadores deberían haber metido en el presupuesto una partida para derribar el viejo edificio si realmente no vale para nada. De todas formas cuesta creer que una construcción de semejante tamaño no pueda tener más futuro que la demolición.

Les voy a dar una idea: ¿por qué no se ponen de acuerdo las administraciones (sí, ya sé que eso suena a ciencia-ficción) y se reparten el edificio para usarlo de mega-archivo? No sé el resto de lo público cómo anda de espacio, pero donde estoy yo no sabemos ya qué hacer con tanto papel. El Xeral si algo tiene son metros, y encima su salubridad sería menos relevante si hablamos simplemente de un almacén de papel enorme.

Los jardines del entorno se podrían acondicionar, retirando el cierre que tiene actualmente, y hacer un espacio lúdico para la gente del barrio, mientras que el edificio en sí tampoco necesitaría unas medidas de seguridad extremas ya que no estamos hablando de crear un Fort Knox en Lugo, sino de un mero depósito de papelotes. Supongo que tarde o temprano algo habrá que hacer, pero me veo venir que se construirá un nuevo edificio para hacer de archivo mientras se derriba o se deja caer el Xeral.

Ahí queda la idea.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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