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Ser feliz en navidad

miércoles, 28 de diciembre de 2005
Lo siento por los que no saben aprovechar lo bueno de la vida dejando que lo malo los conquiste. Lo siento por todos los que desean que pasen rapidamente los días que preceden a la Fiesta de Reyes.

Lo siento por los que no disfrutan de la Navidad, porque es la época más propicia para con-vivir con los demás, especialmente con los más cercanos.

Comprendo a los que están solos. Comprendo a los que un reciente acontecimiento luctuoso inunda de tristeza y estas fiestas vienen a recordarles su soledad y a avivar su dolor.

Comprendo a los que en su inmediato entorno no encuentran respuesta favorable a cualquier iniciativa amistosa. Comprendo la navidad triste del que está inundado de tristeza. Pero el problema no está en la fiesta sino en el interior de cada uno de nosotros.

Cierto que las navidades han evolucionado velozmente hacia un consumismo desaforado; que en lugar de estar gobernadas por la fe en el Salvador que nos nace de nuevo, por los buenos deseos hacia los demás, o por la "buena voluntad" a la que iba dirigido el mensaje de "Paz en la tierra", lo está por los designios de los poderes económicos que deciden que somos tanto más felices cuanto más consumimos, y que nuestro destino depende de que nos rodee el mayor confort y dispongamos de un sinnúmero de elementos materiales.

Junto con el conglomerado comercial que nos gobierna, o a su pesar, hay una general tendencia a expresar buenos deseos, a acercarnos a los demás, a sonreir... y puede que sea una pose, pero a lo menos una vez al año -y cada vez dura más la temporada navideña- hay algo que nos incita a mirar al resto del mundo con una sonrisa.

No digo que vivamos en el mejor de los mundos. No digo que Navidad sea un tiempo perfecto. Sí digo que en Navidad se experimenta un acercamiento familiar, una vuelta -aunque sólo sea física- a los orígenes, una pausa en el camino impersonal y solitario que de ordinario recorremos.

Y a mi, que me gusta obtener de lo que me rodea los aspectos más favorables -creo que eso es ser optimista- encuentro en la Navidad esa pausa necesaria para el reencuentro; para el recomienzo con nuevas fuerzas del arduo camino de un nuevo año.

Soy feliz en Navidad. Aún más feliz que de ordinario, que ya no es poco.

Por eso, por experiencia, porque creo que todos tenemos el natural derecho a la felicidad, deseo a todos los internautas unas muy felices fiestas navideñas y un mejor -pacífico, cálido, fructífero- año 2006.
Xiz, Xulio
Xiz, Xulio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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