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Juan Luis Pía Martínez

miércoles, 25 de junio de 2014
Orteganos: Juan Luis Pía Martínez, el político ortegano que consiguió el instituto y entrar en el gobierno de la Xunta de Galicia

Juan Luis Pía Martínez nació en Ferrol el 27 de septiembre de 1928. Durante sus primeros años estudió en los centros escolares de la villa hasta que pudo acceder a sus estudios universitarios que cursó en la Facultad de Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela.

Con el título de licenciado bajo el brazo, regresó para abrir un bufete de abogado en el cantón ortigueirés. Allí se fue iniciando en sus actividades burocráticas y de representación y en la asistencia legal a sus vecinos, los que poco a poco le fueron otorgando su confianza. Su actividad profesional la alternará durante aquellos primeros años con el ejerció de la docencia, primero, en la Academia Santa Marta, que dirigía el cura Jesús Márquez Cortiñas, y más tarde en otras instituciones educativas locales.

Su carácter de hombre discreto, y hasta tímido, se coronaba con una mente reflexiva que valoraba todos los pros y los contras de cualquier tema antes de tomar una decisión. Estos aspectos de su personalidad siempre fueron muy valorados por todas las personas que le llegaron a conocer y a mantener una relación estrecha con él.

En los años sesenta, más concretamente en 1966, un grupo de personas relevantes del pueblo decidió organizar una comisión que llevase a cabo la iniciativa de crear una nueva academia que ocupase el lugar dejado por la que hasta entonces dirigía el cura Jesús Márquez Cortiñas bajo el nombre Academia Santa Marta. El objetivo de éstos padres preocupados por la educación de los jóvenes de la Comarca era abrir un centro educativo que les permitiese realizar los estudios de Bachillerato sin tener que trasladarse a otras poblaciones, con el sobrecoste que esto le supondría a sus familias y que la mayoría no podrían permitirse pagar. Esta comisión gestora recibió el nombre de Grupo de Padres de Familia y estuvo liderada por Juan Luís Pía.

Sus inicios no fueron demasiado fáciles, puesto que, como mucho tiempo después, relataría uno de sus precursores, el farmacéutico Alfredo Torres Pajón, “Todo este esfuerzo hubiera sido papel mojado de no disponer de un edificio donde impartir las enseñanzas. Los ojos estaban puestos en la casa que había ocupado el Colegio de Religiosas [hoy, Casa Rectoral], donado a la diócesis de Mondoñedo con fines específicos por doña Filomena Reguera Reguera. El tiempo apremiaba y, sin perder comba, un reducido grupo viajó para entrevistarse con el señor Obispo de la Diócesis. El encuentro tuvo lugar en Mondoñedo adonde se llega tarde.
No era hora de visita. De haberlo sido, el resultado hubiera sido el mismo, pues nada más conocer las pretensiones de los visitantes, la negativa más rotunda amparada en una imposibilidad jurídica, inundó la cámara episcopal. De nada sirvieron los razonamientos y las consideraciones expuestas. Ni siquiera recurriendo a la supuesta generosidad y demás virtudes del Prelado, éste modificó su respuesta.
Sin embargo en el curso de la entrevista se pudieron vislumbrar las razones (mejor, sinrazones) de su actitud. Se adivinaba molesto con el pueblo de Ortigueira. ¿Falta de diálogo con los elementos formales de la villa? ¿Tal vez incomprensión episcopal?... No hay lugar para juicios de valor”.

La visita a la sede de la curia no era la primera que el intrépido grupo había hecho. Su retraso se había debido a que con anterioridad sus miembros habían viajado en la dirección contraria para entrevistarse con la señora Filomena Reguera Reguera, en su residencia en España, el Hotel Compostela, de Santiago. Esta mujer de raíces orteganas era una persona muy interesada en todo lo que le concernía a la educación y el progreso de la Comarca como lo habían sido sus ascendientes, por lo que una vez que le fue revelado el motivo de la visita, les declaró, según comenta Alfredo Torres, que el asunto le parecía “estimable para su villa, [y] reclama sin más la presencia de su notario quien, con la ayuda de Juan Luis, abogado ducho en el regate legal, redactó un documento autorizando el uso solicitado”. Así que, ante la negativa episcopal, el comité de padres se vio en la necesidad de sacar su as de la manga y “extender el documento, inédito hasta entonces, sobre la mesa de palacio para que monseñor reclamara recado de escribir para autorizar con su firma la entrega de las llaves del edificio, en poder de nuestro párroco”.

Durante los años siguientes, la Academia de Ortigueira -como fue conocida por todos- desarrolló su tarea educativa gracias a los ya nombrados Juan Luís Pía y Alfredo Torres, pero también a otros profesionales de la Comarca como José María Bouza, Higinio Rodríguez o Agustín Pía, entre otros muchos llegados de diferentes partes de Galicia.

La continuidad que le proporcionó el nuevo centro a la Academia de don Jesús hizo que no se rompiese la tradición ortegana de seguir aportando sus jóvenes bachilleres a las universidades españolas y, con ello, continuar alimentando a su tierra de un buen número de licenciados, que la convertirían durante mucho tiempo en una de las más cultas de Galicia en función de su ratio de universitarios por número de habitantes.

Este marchamo de calidad educativa propiciado por el esfuerzo de unos conciudadanos que tuvieron que tomar las riendas de la educación de sus jóvenes ante la desidia de un Estado que incumplía con sus funciones formativas empezó a verse trastocado a raíz de la publicación en el BOE de la Ley General de Educación. La nueva legislación del Ministerio de Educación, dirigido el tecnócrata José Luis Villar Palasí, impulsó, en 1970, la mayor de reforma de la enseñanza que se produjo en España desde la Ley Moyano, de 1857. Con ella, el antiguo bachillerato dividido en dos ciclos (elemental, de cuatro años, y superior, de dos) pasaba ahora a uno solo, el Bachillerato Unificado Polivalente (BUP, de tres años de duración).

Para los académicos orteganos, esta reorganización les afectó mucho desde varios frentes. Por un lado, les propició una clara disminución de su matrícula ya que el ciclo del Bachillerato elemental quedaba absorbido por la educación primaria obligatoria, ahora llamada Enseñanza General Básica. A esta drástica reducción en el número de sus alumnos le tendrían que sumarle la necesidad de tener que contratar a profesores profesionales procedentes de fuera de la comarca para dar sus clases, con el sobrecoste que ello suponía, y que difícilmente podían ser asumidos por unos ingresos disminuidos. Éstos y otros motivos hicieron que la nueva academia acabase teniendo los días contados.

Por su parte, los padres que aún deseasen que sus hijos estudiasen la nueva enseñanza media, también tuvieron que replantearse el futuro en otro lugar, pues los tendrían que enviar bien a centros privados o públicos de otras localidades, con los gastos de alojamiento que ello les supondría. Algunos vieron la mano tendida de algún familiar ya domiciliado en esa villa o ciudad, mientras que el resto hubo de acogerse a un internado o a un piso de estudiante. Esta nueva dirección de los acontecimientos, puso otra vez en marcha el carisma y el genio de los líderes políticos y sociales de Ortigueira, quienes retomaron sus demandas sobre la creación de un instituto público en la Comarca.

La demanda de un centro de enseñanzas medias fue, durante mucho tiempo, uno de los objetivos de las políticas del Ayuntamiento de Ortigueira que más consenso concitó entre todos sus representantes. El primero en reivindicarlo oficialmente fue el alcalde José Benigno Castiñeiras Teijeiro, en los años 60, y su sucesor, José María Barro Soto, recogió este testigo durante su mandato. Éste regidor municipal tendrá su ocasión de exponer este tema tan acuciante en el pleno del 2° Consejo Económico Sindical Comarcal de Ortigueira, celebrado en el Gran Cine Ortigueira el día 24 de mayo de 1973.

Al acto asistieron la totalidad de los delegados del Gobierno en la provincia, las representaciones sindicales provinciales y comarcales, así como los alcaldes, presidentes de hermandades y patrones mayores de las cofradías de la zona del Ortegal. Todos ellos sumaron su apoyo a la idea de implantar un Instituto Nacional Mixto de Enseñanza Media, con el que se pudiese completar la labor inicial de las dos concentraciones escolares que deberían comenzar sus actividades en el curso siguiente (1973/74). La sugerencia, por parte del Ayuntamiento de Ortigueira, fue que el nuevo instituto podría quedar instalado en el edificio que municipal que se había construido para Colegio Libre Adaptado, y que estaba situado detrás del antiguo escolar ortegano.

Pese a todo, no será hasta el mandato del alcalde Juan Luis Pía, que se iniciará el 1 de febrero de 1976, cuando realmente se empiecen a desmontar muchos de los prejuicios que el Ministerio de Educación y Ciencia planteaba para otorgar el deseado instituto. Pero antes de que esto ocurriese, tuvieron que mantenerse muchas reuniones entre los miembros de la corporación con políticos aliados a los que hubo que convencer de la misión que se deseaba emprender antes de una comisión se viese cara a cara con los funcionarios ministeriales. Merece la pena recordar aquí el apoyo recibido para las gestiones del alcalde ortegano ante el Ministerio de Educación de la diputada conservadora María Victoria Fernández-España y Fernández-Latorre. Este tándem parecía repetir la historia, que ya en los albores del siglo XX, habían mantenido el abuelo de la diputada, Juan Fernández Latorre, con el entonces alcalde de Ortigueira Manuel Sandomingo Crego para conseguir la escuela graduada para la villa ortegana.

El 26 de septiembre de 1977, el Boletín Oficial del Estado publicó un decreto por el que el Ministerio de Educación y Ciencia dictaba la resolución de la Junta de Construcciones, Instalaciones y Equipamiento Escolar en la que anunciaba la convocatoria del concurso que debería dar lugar a la construcción de un Centro de Bachillerato Unificado Polivalente y COU en Ortigueira. Éste edificio tendría tres alturas y una con capacidad suficiente para acoger a 600 alumnos. En su exterior, se acomodarían dos pistas polideportivas y una zona ajardinada.

En enero de ese mismo año, los técnicos del Ministerio habían presentado un proyecto para su edificación en el que prponían que en el nuevo centro se utilizasen los métodos constructivos más modernos y los materiales de la mejor calidad, especificando que el presupuesto de la obra sería de 42.812.313 pesetas y su plazo de ejecución de 14 meses. Para la ubicación del instituto, el Ayuntamiento cedía gratuitamente un terreno público de 20.000 metros cuadrados situado en el barrio de A Preguiza.

La Voz de Ortigueira relataba así la manifestación popular que se efectuó por la consecución del instituto el sábado 26 de noviembre de 1977, y que fue organizada por la Asociación Intermunicipal de Vecinos: “Más de tres mil personas de toda la Comarca se congregaron en la explanada del Colegio Nacional Alférez Provisional; y con todo orden, pero vibrante de entusiasmo, la manifestación se puso en marcha en dirección a la Casa Consistorial. Hubo vivas, si, y otras exclamaciones de entusiasmo, pero ningún muera a nadie, tal como a veces sucede en ex presiones de entusiasmo popular de este tipo. Se veían varias pancartas, destacando entre ellas una de cinco metros de ancho por uno de alto con el siguiente texto: “A Comarca Unida, xa temos Instituto”. Esta pancarta era llevada por D. Alfredo Torres Pajón y otros miembros de la Comisión Provisional Gestora de la asociación organizadora. Figuraban varias más, una de ellas con una trompeta pintada y el texto: “Tocan a estudiar na Vila”; otras más que decían “Temos prisa, o Instituto na Preguiza” “Viva a capital do Condado”...

Al llegar al Ayuntamiento, José María Bouza y otros miembros de la Comisión Gestora se dirigieron a los participantes desde una ventana de la Casa Consistorial, asegurándoles que acababa de entregar al alcalde un amplio dossier con la información de los trámites realizados para la consecución del instituto y el repudio a cierta campaña adversa, pero también sobre otras importantes necesidades orteganas. Bouza animó a la unidad de los orteganos para la consecución de las mejoras que pudiesen redundar en favor del Municipio. A su alocución, Juan Luís Pía respondió, agradeciendo la entrega del dossier y el gran interés demostrado por el pueblo, al que le recordó que en el plazo de 14 meses, el nuevo centro de educación estaría operativo.

Durante muchas semanas, el semanario La Voz de Ortigueira se hizo eco tanto de notas de prensa en torno a las cuestiones relativas al proceso de recaudación o de evaluación de los resultados conseguidos como de artículos de fondo de los más diversos autores valorando las posibilidades educativas que el instituto proyectaría en la comarca.

Los cuarenta y dos millones de pesetas en que la Administración educativa valoró la obra resultaron insuficientes a todas luces, pues, tras varios concursos, los constructores no llegaron ni a proponer sus plicas para la ejecución de la obra, puesto que, según advertían, aún eran muchos los millones que faltaban para que se pudiesen cubrir simplemente sus costes.

Esos no fueron sus únicos inconvenientes con los que se encontraron sus gestores. A toda la tramitación del centro, se le unirá ahora la polémica suscitada sobre su ubicación y el planteamiento por parte de otras comisiones de otros lugares del municipio distintos al de la capital municipal para su emplazamiento.

Los primeros en reivindicarlo fueron los vecinos de Cariño, alegando que era el núcleo más poblado. En su contra obraba el hecho de que éste también era uno de los territorios más extremos del ayuntamiento, lo que supondría para los jóvenes del resto de las parroquias tener que realizar diariamente unos largos desplazamientos. La reivindicación llegó hasta el punto de llevar la flota pesquera al puerto de A Coruña, una actuación que se vio secundada por el apoyo del diario La Voz de Galicia, que se puso de parte de los intereses de los vecinos del puerto. Tras estas iniciativas fallidas, la segunda pretensión fue que el instituto se situase en Mera para lo que se organizó una comisión que será recibida por el ministro de Educación y Ciencia, Íñigo Cavero, quien le comunicará a sus miembros que “era totalmente inviable la construcción de dicho Instituto en Mera, dado que, incluso, había salido a subasta y estaba firmada la escritura de adjudicación de obras de construcción del de Santa Marta.

La noticia cayó como un jarro de agua fría sobre los comisionados y, en esos momentos, no supieron como reaccionar, pero pronto volvieron a insistir ante las primeras autoridades del Ministerio. Entró entonces la entrevista en un “tira y afloja”, logrando al final que un extensión del Instituto funcionase en Cariño, emplazado desde el siguiente curso de forma provisional en la Cofradía de Pescadores. La otra ventaja conseguida fue la creación de un Centro de Formación Profesional que debería erigirse en la zona de A Basteira, al lado del Colegio de E.G.B.
Tras algunas consultas, Construcciones Piñeiro Temprano tasó el presupuesto mínimo necesario para levantar el nuevo instituto ortegano en ocho millones de pesetas más de los dispuestos por la Administración educativa. Ante esta coyuntura, el alcalde Pía convocó a sus vecinos a una asamblea para comunicarles su sobrecoste y obtener algún tipo de acuerdo para llevar a cabo la obra. En una decisión insólita, el pueblo de Ortigueira se dispuso a salvar el proyecto del Ministerio supliendo él mismo los ocho millones de diferencia mediante una suscripción popular, convirtiéndose así en el único ayuntamiento en la historia de la educación en España que debería sufragar con un repago su instituto de secundaria, después de haber tenido que aportar el solar.

La Operación ocho millones, como se conoció a esta recaudación pública, le supuso a los orteganos afrontar una cantidad de dinero para la que muchos no estaban preparados, pero sus ansias de poseer un centro educativo de estas características, y que había sido ambicionado por varias generaciones especialmente sensibilizadas con los beneficios de la educación, la formación y a la cultura, no dejaron que el proyecto quedase en papel mojado. Y, como se suele decir: el hambre les aguzó el ingenio. El hambre de este proyecto hizo que se elaborasen varias estrategias para recaudar el dinero. Una de ellas fue la formación de subcomisiones parroquiales por parte de la Comisión Pro Construcción Instituto de Ortigueira, otra, la de poder establecer cuotas pagaderas durante los 18 meses que duraría la obra, y, por último, solicitar el apoyo de las entidades financieras radicadas en el municipio, fundamentalmente bancos y cajas de ahorros, habida cuenta de que estas últimas, en función de la labor social que ejercían, gozaban de importantes beneficios fiscales en materia tributaria.

El 1º de octubre de 1978, el Instituto de Ortigueira abría sus puertas a los alumnos de toda la Comarca como Instituto Nacional de Bachillerato. Sus aulas habían sido dotadas para cubrir hasta 640 plazas de alumnado, una matrícula que nunca llegaría a alcanzarse, pero que sin lugar a dudas le ofreció la posilidad a los jóvenes de que se democratizase su educación sin ningún tipo de limitaciones o exclusiones. Desde entonces, por sus clases han pasado alumnos que posteriormente se han convertido en profesionales de todas las ramas del saber, extendiendo la fama educadora de Ortigueira por toda España, e, incluso, por otros países del mundo.

La nuevo equipamiento educativo contó con las últimas mejoras arquitectónicas y dispuso de calefacción en todas sus aulas, incluido el gimnasio. Sus aulas espaciosas esaban bordeadas de pasillos amplios, de ventanales que permitían entrar mucha luz y de todo el material instrumental necesario para impartir una buena formación.

En aquellos momentos, La Voz de Ortigueira tiraba de hemeroteca para recordar que “a lo largo de los 62 años de existencia del semanario se hicieron gestiones, bien individualmente por prestigiosas personas o por comisiones nombradas al efecto, ante los Organismos oficiales para conseguir lo que, al fin ahora, tenemos en realidad”.

Durante su segundo año de actividad el instituto todavía no disponía de un nombre oficial, por lo que se en el ayuntamiento se abrió un debate sobre su posible denominación. El ahora alcalde del primer ayuntamiento democrático de Ortigueira, Juan Luis Pía, abogó por concederle el nombre del insigne político nacionalista gallego Alfonso Rodríguez Castelao, mientras que el grupo municipal de AIUDO, una coalición política cariñesa, pretendía que se le denominase con el nombre de la comarca, a la vez que apuntaba que el rianxeiro no había tenido jamás ningún vínculo con Ortigueira. Fuera de la corporación también surgieron otras propuestas, como la aportada por el catedrático ortegano del instituto lucense Virxe dos Ollos Grandes Federico Bouza Fernández, que entendía que debería dedicársele a enseñantes afines al municipio como Ovidio Fontela Rubiños o Jesús Márquez Cortiñas o a figuras ilustres como Federico Maciñeira y Julio Dávila, para finalmente formular como su sugerencia definitiva que no era otra que la de adjudicarle el nombre del famoso geógrafo Julio Dávila Díaz.

Otra obras importantes que se acometieron durante la gestión de Juan Luís Pía al frente del Ayuntamiento fueron el relleno de la Preguiza, la consolidación del Festival Intenacional del Mundo Celta de Ortigueira, el relleno de la alameda, la construcción del centro social de la tercera edad o la nueva carretera al puerto de Espasante. También mantuvo un decidido apoyo al sector agrario, pesquero y pizarrero.

La trayectoria política de Juan Luís Pía no terminará en su fase local, sino que, tras su ingreso en las filas de Alianza Popular, en 1980, concurrirá a las primeras elecciones democráticas de la Comunidad Autónoma de Galicia, como candidato por el Distrito ortegano por el partido liderado por Manuel Fraga Iribarne, con el que logrará su acta de diputado en el Parlamento de Galicia (1981-1985).

Al año siguiente, el presidente de la Xunta de Galicia, Gerardo Fernández Albor, lo nombrará director general de Administración Local (1982-1983), y un año después Conselleiro de Xustiza e Interior (1983), pasando luego a ocupar el cargo de director xeral de Xustiza e Política Interior (1983-1986).

Durante el tiempo en que perteneció al aparato legislativo de la Autonomía gallega fue uno de los miembros más activos en la configuración su normativa, para lo que presentó todo tipo de informes y consideraciones que, en muchas ocasiones, fueron aprobadas por la cámara parlamentaria, creando así unos instrumentos jurídicos que reforzarían la autoridad de la Xunta en su territorio.

También durante su etapa de diputado autonómico hay que hacer mención a la labor que cumplió en el desarrollo normativo del texto del Estatuto de Autonomía de Galicia y a su participación en el proceso de trasferencia de las competencias del Estado a la Comunidad autónoma gallega desde su cargo de secretario de la Comisión de Transferencias.
Durante la tramitación en las Cortes Generales del proyecto de la Ley de Planta y Demarcación, de 1988, donde figuraba la rehabilitación del Partido judicial con los municipios de Cariño, Cedeira, Mañón, Moeche u Ortigueira, sus argumentos permitieron que se mantuviese la capitalidad del Partido en Ortigueira, y, por tanto, siguiese siendo sede del juzgado, lo que haría, además, que permaneciesen toda una serie de servicios en torno a él.

Entre sus amigos más íntimos, siempre encontró el apoyo y las sabias opiniones de David Fojo Salgueiro, quien también le acompañó a las más diversas reuniones, tanto del partido político en el que ambos militaban, como a las debidas a su representación administrativa ante las más diversas instancias. Como reconocería Fernando Amarelo de Castro, ambos se habían unido, desde sus inicios, al proyecto político de Manuel Fraga y su Reforma Democrática, “sin renunciar ni dudar en ningún momento de sus auténticas convicciones políticas y partidarias”.

También tuvo una gran afinidad con su mentor político, José María Barro Soto, quien le llamó para formar parte de su grupo de concejales, y finalmente le acabó patrocinándo para que le confieran la responsabilidad del mando de la Alcaldía de Ortigueira ante su próxima retirada del cargo.

La autoridad y respeto que imprimió a todos sus actos le hicieron concitar la petición de los miembros de la sociedad Nuevo Club para que se hiciese cargo de la presidencia de su junta directiva.

Durante su trayectoria profesional escribió numerosos artículos de opinión de carácter legal y político que firmó con varios seudónimos como Aquilino, Sueiras, Durán Ramil, Oyente, entre otros, en La Voz de Ortigueira, y que estuvieron vinculados, principalmente, a la actividad municipal. También se destacó como un elocuente conferenciante, capaz de disertar con amenidad sobre cualquier tema de su ámbito, como quedó demostrado en su intervención en el Primer Consejo Sindical Comarcal de Ortigueira, donde durante dos horas desgranó los diversos temas que le interesaba encaminar al Ayuntamiento para el desarrollo de la Comarca. Allí se empezó a fraguar el proceso que daría lugar a la creación del instituto.

El Ayuntamiento de Ortigueira le concedió por unanimidad el nombramiento de Hijo Predilecto de Ortigueira en el año 2000, el único otorgado hasta entonces a título póstumo. El reconocimiento fue recogido por su viuda durante la celebración de un acto en el Teatro de la Beneficencia.

Estuvo casado con Emilia Teresa Iglesias con la que tuvo tres hijos, Juan Luis, magistrado de la Audiencia Provincial de A Coruña; Gonzalo, médico especialista en el centro Sanitario Arquitecto Marcide de Ferrol y Marián, trabajadora del Banco Pastor en diversas localidades.
Su fallecimiento tuvo lugar el día 24 de diciembre de 1988.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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