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La otra Semana Santa

jueves, 10 de abril de 2014
Muchos de los que hemos sido educados en el Nacional Catolicismo, propio de la Posguerra, vemos ahora como nuestra religión ha evolucionado por distintos caminos y, mientras algunos se han conformado con la fe del carbonero, otros hemos evolucionado a posiciones escépticas, agnósticas y hasta ateas, sin olvidarnos de un tercer grupo que ha profundizado en aquellos valores y se mantiene fiel a sus creencias.

¡Enhorabuena!.Personalmente, he evolucionado por derroteros que me llevaron a posiciones que pueden resultar extrañas y, sin embargo, trato de mantenerme fiel a Cristo, quien sólo con la filosofía del amor, y la ejemplaridad de algunos de sus seguidores, como el actual Papa Francisco, me alcanzan para seguir el camino. No me importa ya el origen del Universo ni que haya un Dios creador, ni siquiera si hay o no vida después de la muerte- El cielo y el infierno lo podemos vivir aquí-. Me llega con ser el polvo enamorado del poeta. Me resulta bella la palabra esperanza, aunque carezca para mí de mucho significado. Tampoco tengo fe, quizás por ser demasiado racional, y del ser humano no tengo gran concepto, aunque, paradójicamente, esté enamorado del amor.

Con todas estas consideraciones no puedo olvidar mi paso por la Semana Santa donde creo que hice de todo, desde ser llevador a desempeñar cargos que llaman importantes. Ni renuncio a aquellos trabajos y sinsabores, ni quiero ser crítico mordaz del esfuerzo que supone tanto trabajo. Son pasos que se dan en la vida acorde a nuestros sentimientos.

Mi distanciamiento actual de la Semana Santa tiene que ver con la parte de la parafernalia, palabra que a algunos molesta, pero que, sin embargo, describe con nitidez algunas situaciones, y de ella quiero estar completamente alejado. La superficialidad de las cosas de la vida me hastía y la carnavalada, en que se puede convertir el fervor de algunos, me asusta y desagrada enormemente.

Como cristiano de cuarta división me gusta más usar estos días para reflexionar sobre el fenómeno religioso y, como le contaba a un viejo amigo misionero, realizar aquellos retiros de antaño. A mi me sigue conmoviendo el Vía crucis, El Encuentro, Las Siete Palabras…y la Virgen dos Caladiños. Me gusta ir a visitar los Monumentos, aunque luego pase el año alejado de la iglesia.

Y aquí me gustaría recordar a mis antiguos compañeros que no se puede perder auténtico espíritu religioso de las cofradías y que, por tanto, hay que recuperar los principios de caridad en unos tiempos en que la crisis es tremenda. El amor al prójimo no se puede olvidar nunca. Estamos viviendo tal estado de necesidad que no hay más que salir a la calle para observarlo. ¡Cuántos mendigos! Y, sin embargo, estamos gastando el dinero, y mucho, que necesitaría cualquier persona para dar de comer a muchos ancianos, a familias enteras,… en mantos, coronas, trajes y otras fantasías que no concuerdan en absoluto con el espíritu cristiano. Y a mí no me valen ni excusas ni tampoco dar una pequeña limosna. Si no hay dinero para flores el Santo, sabe su destino; si no se hace un traje nuevo, se va con uno más raído o sin él.

Las cofradías están llamadas a renunciar a tanta ostentación-resulta insultante y escandalosa- y dedicar, al menos, gran parte de sus ingresos a estos menesteres. Cáritas está a tope de escasez de recursos- conozco un caso de un colaborador de Cáritas que debe mil cuatrocientos euros de comunidad y seguro que usted conoce también casos sangrantes-.La ejemplaridad es quizás la mejor didáctica. Y, al fin y al cabo, toda la Semana Santa está orientada a dar testimonio del amor de Cristo.
Timiraos, Ricardo
Timiraos, Ricardo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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