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La Banda de Garrote

lunes, 20 de mayo de 2013
Manuel (1876-1963), Francisco y Luis Garrote Sánchez fueron hijos y sucesores del músico José María Garrote Rodríguez. De su padre habían aprendido sus primeros compases musicales como éste, a su vez, lo había hecho del músico mayor y director de la Banda de Infantería de Marina de Ferrol Arana, durante sus años de servicio militar. Tras finalizar su adiestramiento castrense, José María Garrote se trasladó desde su domicilio de A Pasada, en la parroquia cedeiresa de San Román de Montoxo, a la ortegana de Landoi.

La pasión de José María Garrote por la música era notoria, pues, además de ser un competente y reconocido violinista, sentía una gran necesidad de enseñar a los demás los rudimentos de la interpretación musical. De orígenes vallisoletanos, fue dejando su impronta través de la creación de pequeños grupos a todo lo largo de su recorrido vital por los distintos lugares en los que se fue estableciendo. Así, en 1847, había formado un pequeño grupo instrumental con algunos de sus vecinos de Montoxo, y lo mismo repetirá cuando se afinque en Landoi, donde creará, en 1886, la que será la segunda entidad musical de Ortigueira y la banda local que más tiempo permanecerá en los escenarios de Galicia: la Banda de Garrote.
Ante estas últimas palabras, algunos nos recordarán que Ortigueira ya dispuso con anterioridad de otros cualificados músicos a las órdenes del afamado violinista y eximio boticario Pedro CastiñeirasVillarnovo. O también el profesor de música Florentino Castiñeiras González, discípulo del maestro Prudencio Piñeiro, quien debutó con la Sociedad Coral Apolo, un grupo formado por 30 jóvenes, “el día de la Purísima” (8 de diciembre) de 1883 en el Teatro de Beneficencia, en el que cantaron dos “bellas jóvenes y algunos del orfeón”, del que formaba parte, entre otros, el geógrafo local Julio Dávila Díaz. Sin embargo, éstos y algunos otros tuvieron una representación muy localizada y de muy corta duración, por lo que es poco reseñable la difusión que hicieron de la música entre las gentes de la comarca.

Por su parte, José María Garrote les enseñó a algunos de sus vecinos a interpretar las partituras con los pocos instrumentos que cada uno de ellos pudo comprar. Su primera agrupación musical la formó con un bombo, un bombardino, una tuba, dos clarinetes, dos trompetas y un fliscorno. Pero en contra de lo que le había sucedido al iniciador de las bandas orteganas, Manuel Fernández, quien más tarde sería relevado al frente de su Banda da Presa por uno de sus músicos más destacados, Vicente Rebollar, Garrote fue sustituido en sus funciones directivas y formativas por sus hijos: Manuel y Francisco, permitiendo así que se inaugurase una verdadera saga familiar de grandes músicos que causará la admiración de todos sus auditorios durante más de medio siglo.

Manuel Garrote tomará la batuta de director de la banda familiar en 1901. El nuevo líder ya no sólo era un buen instrumentista, como su padre, sino que también dominaba la teoría musical ya que se había formado como alumno de varios de los mejores maestros de la época, entre los que se encontraban los ferrolanos Mariano Sanmiguel, Fuentes, Vilumbrales y Oliva. La tarea de encargarse de laagrupación de su padre no fue fácil porque ésta no paraba de crecer en el número de sus músicos y en los instrumentos que la componían. Por ello, los hermanos Manuel y Francisco tomaron la decisión de que este último, además de actuar con la banda, se hiciera cargo de la formación de algunos de los alumnos que deseaban entrar a formar parte de ella, mientras que Manuel se dedicaría exclusivamente a sus funciones de director.

La formación de Francisco era tan sólida como la de Manuel pues, como él, había estudiado con los mismos maestros ferrolanos. Además sobresalía por ser una persona muy querida por todos, debido a su proximidad y a su entrega a los demás, por lo que todos le conocían popularmente como o tío Paco Garrote. Sus virtudes le serán reconocidas posteriormente con la concesión de la Medalla al Mérito en el Trabajo, y con su nombramiento de Hijo Predilecto del ayuntamiento de Ortigueira, un honor que compartirá a partes iguales con su hermano Manuel.

La colaboración entre los hermanos fue siempre muy estrecha. Ambos se dedicaron en cuerpo y alma a impartir clases de solfeo y a preparar a sus alumnos en la ejecución de los distintos instrumentos que conformaban la banda en sus aulas de Senra y Mera, de forma casi altruista. Algunos recuerdan que, además de enseñarles a tocar, también les instruían en desfilar, comer y, en general, comportarse en sociedad, ya que la educación en aquellos primeros años del siglo todavía no había llegado a todos por la vía de las escasas escuelas que había en la comarca. Por eso, en el famoso Salón Solfístico de Paco Garrote todos sabían que se aprendía más que a solfear, a convivir con la música, algo que se apreciaba en sus actuaciones, y así se lo llegará a expresar el gran alcalde coruñés Alfonso Molina: “la Corporación que me honro en presidir ha quedado gratamente impresionada no sólo de la parte artística que fue maravillosa, si no (sic) también de la disciplina, aseo, presentación y cumplimiento de esa colectividad que tan acertadamente Vd. dirige, pudiendo estar muy orgullosa esa importante Villa, de poder contar con una agrupación tan completa y artística que es un exponente de la gran cultura de esa rica Comarca”.

A los dos años de coger la batuta de la banda Manuel, ya había formado una buena cantera de nuevos músicos lo que le permitió crear una excelente formación de instrumentistas. Buena prueba de ello fue el hecho de que desde sus inicios sus músicos fueron elogiados por todos, y así lo recogen algunas de las publicaciones de la época, como El Eco Ortegano, que reseñaba, en sus páginas del número de 15 de junio de 1902, la actuación de la banda del siguiente modo: “Los acordes de la banda que dirigen los Sres. Garrote de Landoy sirvieron de aviso a los cariñeses para anunciarles que había comenzado el paseo y baile en la espaciosa alameda que se hallaba engalanada, y allí concurrieron bellas y distinguidas cariñesas y numeroso gentío, danzando el elemento joven y reinando general entusiasmo y animación”

La Banda de Garrote mantuvo en sus inicios un grupo de entre 15 y 20 componentes, en los que sus instrumentos eran principalmente de viento y percusión: cornetín de pistones, bombardino, helicón, clarinete, flauta, saxofón, fliscorno, oboe, tuba, platos, bombo y caja. Pero, a partir de 1914, irá sumando algunos más, por un lado, de cuerda, como fue el caso del contrabajo, y por otro, de viento como los fagot, requinto y saxofón soprano. Este conjunto filarmónico es una prueba evidente de las excelentes cualidades técnicas y de dirección que estaban personificadas en el director Manuel Garrote.

En 1926, algunos de los componentes de la Banda de Garrote tomaron la decisión de abandonarla y crear otra nueva de la mano de uno de sus principales músicos: Andrés Mariño López. Este aventajado músico será el fundador de La Lira Ortegana en la que no sólo integrarán algunos de sus antiguos compañeros sino que también ingresarán otros músicos que no tenían cabida en las dos bandas ya existentes (Garrote y Rebollar), llegando a tener, casi desde sus primeros momentos, hasta 26 músicos. La composición instrumental de la nueva agrupación siguió la nómina armónica de la Banda de Garrote, pero Andrés Mariño también buscó un punto de innovación para su grupo al que le incorporó algunos elementos poco usuales por entonces en las formaciones de la comarca como fueron sus “tres trombones de varas, dos trompetas y dos clavicornios; así como dos tubas, un bombardino, lo que aumentaba la riqueza de colorido de los sonidos”, según indica Breijo. A pesar de que Andrés Mariño era el director titular de la banda, ésta gozó para algunas de sus actuaciones de la dirección de otro maestro, José Antonio Gómez Lorenzo. A partir de 1937 será Antonio Rey Cortés quien releve a Mariño en la dirección de La Lira manteniéndose al frente de la banda hasta el momento de su desaparición en 1964.

La Banda de Garrote, por su parte, tuvo su continuidad en los hijos de Manuel y Francisco, destacándose Andrés Garrote Armada (1911-1993), quien se hizo cargo de los trastos de su padre desde 1931. Esto fue casi como una predestinación, pues su nacimiento tuvo lugar el 26 de agosto de 1911 mientras su padre dirigía la Banda en las Fiestas de San Bartolo en Cariño, a donde le había acompañado su mujer Carmen.

Las buenas aptitudes del retoño para la interpretación musical se pusieron pronto de manifiesto. Cuando tan sólo contaba 8 años, Manuel Garrote puso a su pequeño encima de una caja en medio de una de las actuaciones de la Banda para que interpretase un solo de flautín, y que Andrés ejecutó con la habilidad de un maestro para orgullo de su padre y admiración del público.

Los años siguientes los pasará Andrés completando sus estudios de flauta y violín al lado de su padre. Una formación que le servirá durante su incorporación al Ejército para integrarse como flauta de la Banda Militar de Infantería de Marina de Ferrol. En la capital naval seguirá ampliando su formación de la mano de dos extraordinarios directores de la época, Félix Rodríguez Alonso y Gregorio Baudot. Este último había llegado a Ferrol en 1910 para ponerse al frente de la Banda de la Marina, con la que recorrerá en numerosas ocasiones las calles de Ortigueira durante las fiestas patronales y para la que compondrá algunas de sus más célebres partituras, como Cantuxa, Lugo-Ferrol o El tren de la alegría. Baudot le daba al joven Andrés clases de armonía y composición, además de ejercer sobre él una gran fascinación por su sensibilidad musical y sus magistrales lecciones de composición que era capaz de dar en cualquier lugar en el que se encontrase, mismo cuando corregía sentado a la mesa de cualquier bar los ejercicios de sus alumnos, obviando su ruidoso y humeante entorno. De Don Felix, como él llamaba a su otro maestro, siempre destacó su elegancia para la dirección.

Como dijimos, Andrés Garrote se hizo cargo de la banda familiar en 1931, regentándola a lo largo de un periodo que abarcó casi tres décadas, y que sólo se vio interrumpido por la Guerra Civil. Fue una época en que la música de las bandas se convirtió en la manifestación más elogiada del ocio popular, convirtiéndolas en importantes referencias sociales tras las cuales proliferaban muchos grupos de seguidores incondicionales que, a su vez, suscitaban apasionadas rivalidades entre ellas. Por su parte, los concursos y certámenes de bandas supusieron unos magníficos escaparates en los que darse a conocer o donde demostrar su clase y refinamiento, además de un medio en el que poder obtener recursos económicos que muchas de ellas, por ser privadas, no podían conseguir de otro modo.

Durante todo ese tiempo, Andrés y su banda cosecharon varios premios. El primero de ellos en un concurso en Ferrol, dos años después de que él tomase la alternativa. Para su participación en este certamen, su comisión organizadora le envió, el 30 de agosto de 1933, un escueto telegrama en el que le comunicaba su inscripción. Un breve mensaje que puso en marcha todo un operativo de comunicados entre los que el que más peso tuvo fueron los carteles y octavillas que al día siguiente editó la Imprenta Fojo para repartir por toda la Comarca lo más pronto posible, pues la banda debía concurrir al concurso musical el 2 de septiembre.

Como se puede leer en el anuncio que acompaña estas líneas, la idea era montar toda una caravana de vehículos que llevase a sus seguidores hasta la ciudad departamental para animarla. La expedición estaría comandada por el concejal Lage Blanco, que actuaría en representación del Ayuntamiento. Esta sería la primera vez que un grupo ortegano participase en una competición artística de esta naturaleza.

El fallo del Certamen no fue del agrado general. Y, poco tiempo después, el director de la Banda Municipal de Viveiro, Higinio Cambeses, que había recibido el 3º premio, escribiría en la prensa un artículo que titulaba Después de un concurso de Bandas, en el que no sólo se quejaba del veredicto final sino que también le reclamaba a la Banda de Garrote su renuncia al 2º premio pues “el público en general y los propios compañeros del Sr. Cambeses decían que [debería ser] el primero para la Banda de Ortigueira y el segundo para la de Vivero”.

De cualquier modo, la Banda de Garrote se vio honrada con su segundo premio, y sus admiradores no tardaron en reconocerle sus méritos. Los primeros fueron Manuel Lourido y sus compañeros cedeireses, que les pusieron un telegrama a las 8:20 de la mañana del día 3 para felicitarles por su excelente actuación. También le mostró su aprecio el Ayuntamiento ortegano, el cual le trasladó un mensaje en el que le expresaba “la más cordial enhorabuena al Director de la Banda D. Andrés Garrote por el rotundo éxito en el Certamen de El Ferrol”.

A pesar de todo, la polémica se mantuvo durante algún tiempo más en los medios de comunicación de la época, por lo que, en Ortigueira, se nombró una comisión que organizase un Gran festival artístico-musical con el que manifestarle su total apoyo a los Garrote. Sus componentes fueron: Antonio Alonso, Jesús Gómez Gómez, José Teijeiro, Eusebio Parapar y Constantino Río, como se recoge en el programa que se muestra en estas páginas.

En la década siguiente, la Banda volvió a ser galardonada: dos veces el mismo año. Así es, 1946 fue un año glorioso para los Garrote, que consiguieron el primer premio en el concurso musical que se celebró en Ortigueria, ante su parroquia y sus rivales más directos: La Lira y la Banda de Ortigueira (antigua Banda de Rebollar). Tras contravenir la sentencia de que nadie es profeta en su tierra, obtuvieron el segundo en el Nacional de Mondoñedo en el que compitieron contra la Banda Municipal de Lugo dirigida por el maestro Francisco Méndez, a quien a Andrés le unía una cordial amistad. El jurado del pugna musical estaba integrado por miembros de gran categoría como eran el organista Mariano Casares Miguel; el director de la agrupación musical Pascual Veiga Eduardo Rodríguez,y el violinista y compositor de una de las obras que más le gustaban a Garrote, Festa na Tolda, de Gustavo Freire Penelas, y que hoy da nombre al Auditorio Municipal de Lugo.

Ya en los años 50, Andrés Garrote compaginará la dirección de la Banda con la Rondalla y el coro de Educación y Descanso que, en 1951, recibirá el segundo premio en el Certamen de Ferrol por su interpretación de Katiuska, En las estepas de Asia Central y La viejecita.

Finalmente, hay que mencionar su faceta compositora, en la que destacan los pasodobles Un saludo a España, Sarita, Noitébregos da Penela y Para Vinos o el foxtrot El As, que dedicó a su hermano Antonio, así como la rapsodia gallega A Festa de San Cristóbal de Ferreira, que más tarde transformaría en Romaxe para la Escola de Gaitas. Esa escuela la dirigía su hijo Xabier, y en ella, por primera vez, se hizo una aproximación para trabajar el matiz de la intensidad sonora de la gaita que, por principio, no tiene, aprovechando así el numeroso grupo que compone la Escola.

A todos estos trofeos hay que añadirles las numerosas muestras de cariño y el aplauso que siempre recibieron de todos los públicos ante los que actuaron. Entre su gran número de incondicionales estaba, como la más entusiasta, la ortigueiresa Camila, que acompañaba a su banda a donde quiera que se trasladase a dar sus conciertos.

Tras la renuncia de Andrés Garrote a seguir dirigiendo la banda para dedicarse a los negocios de la familia, tomó la batuta uno de sus principales instrumentistas José Gómez, más conocido por O Forte, quien desde 1959 continuará con ella hasta que a mediados de los años 60 se disuelve por la pujanza con que se habían impuesto las orquestas.

Como vemos, la Banda de Garrote tuvo una larga y exitosa vida que le permitió a muchos críticos musicales verter todo tipo de valoraciones sobre su música y sus interpretaciones, difíciles de recoger todas en este breve relato de su trayectoria, por lo que sólo traeremos aquí unos pocos apuntes de las mismas. Una de ellas es la crónica que La Voz de Ortigueira publicó en su edición de 4 de junio de 1965, en la que su autor señalaba, por boca de un representante de una comisión de fiestas de Viveiro, que: “Os músicos de Viveiro non valen un carto. Si chamamos os Cristinos, como non teñen máis que clarinete, somentes tocan coa parte d´arriba do papel; e si chamamos os outros temos que bailar coa parte de embaixo. Que veñan os Garrotes- sentenció enérgicamente. Y el sacristán que era hombre al que le tiraba la armonía de tal modo que ya de niño venía a la ciudad los días de la Novena de las Hijas de María para alimentar voluntariamente, a fuerza de biceps el fuelle del Órgano de San Francisco asintió a la idea con un “que non se diga” que fue todo un colofón”. Estas afirmaciones subrayan claramente no sólo el buen crédito de la banda entre las comisiones de fiestas de dentro y de fuera de la comarca, sino también el gran conjunto instrumental y musical que conformaba.

Otro testimonio de su estima en Vivero, y que sería trasladable a cualquiera de los otros muchos lugares en los que actuó, es el recuerdo que del maestro Manuel Garrote hace Ramón Canosa en su obra Historia menuda de un pueblo gallego, y que aquí queremos reproducir, a pesar de ser una cita larga, puesto que nos sirve para descubrir el aprecio de este pueblo a través de alguien que le conoció en primera persona y que fue capaz de mostrar las cualidades que adornaron a él y a su banda:
“En el profesor laureado Garrote es preciso separar sus virtudes humanas de su orgullo profesional. Era querido y respetado en Vivero como buen amigo, pero también muy temido por nuestros músicos dada su maestría agobiadora que le permitía apagar durante muchos años a fuerza de superioridad profesional la vana prestancia de los entonces deficientes músicos de Vivero. Al grito de ¡que vienen los Garrotes! Se conmovían las débiles murallas en que se encerraban las bandas locales.

Fueron muchos los años en que, dentro de una desatada rivalidad cordial, los músicos nuestros medían sus armas con las bandas de Garrote, y siempre los vivarienses abandonaban el campo envueltos en disimulado pudor, porque los orteganos tenían un punto de afinación, un toque de balón, diríamos hoy, que les otorgaba indudable doctorado.

Garrote era el capitán de unos tercios que amenazaban sin cesar la plaza guarnecida de Vivero y la asaltaban cuantas veces quería.

Disfrutaba el monopolio de la admiración (en aquellos tiempos en que no había vocalistas ni orquestinas) epatando, porque en vez de dirigir con batuta lo hacía dándole al instrumento que tocaba un contoneo de clave de sol que arrancaba aplausos de los auditorios […]

Garrote respetaba a su contrario, pero luego suplicaba a las comisiones de fiestas de Ortigueira que invitaran a tocar a los músicos de Viveiro, con la traviesa intención de mantearlos ante los suyos cual si fuera un número de circo.

Ha muerto Manuel Garrote, dejando en Galicia una larga estela de su pretérita popularidad y de reconocimiento de sus prendas personales, que somos los primeros en admitir, porque cuanto de él decimos en el terreno anecdótico no se desvía del camino del respeto y de estimación que Vivero siempre tuvo para este amigo sano, noble y bondadoso”.

La ciudad del Landro aún le daría un homenaje más a la Banda de Garrote, en este caso no a su parte musical sino a la humana. Esto ocurrió el 15 de agosto de 1948, cuando la Banda se dirigía a Viveiro para amenizar las fiestas patronales en honor a San Roque. El vehículo que la transportaba cayó por un terraplén en una curva, en el lugar de Espiñeiredo. Como consecuencia del accidente, uno de sus componentes que viajaba en la parte superior del vehículo, junto con los instrumentos del grupo, murió y su acompañante quedó gravemente herido. El percance produjo tal conmoción entre las gentes de Viveiro que decidieron suspender las fiestas como si de sus propios paisanos se tratase.

Así recorrió la Banda de Garrote su más de medio siglo de éxitos hasta convertirse en un icono de las bandas gallegas y en una leyenda musical para los ortigueireses de todas las épocas. Su extinción sólo llegó cuando los aires rítmicos primaron a las orquestas en detrimento de las bandas. Sin embargo, sus músicos, lejos de dejarla morir, la mantuvieron viva gracias a fraccionarla en varias orquestas. Así surgieron Los Titanes, que tendrían largo recorrido y un reconocido prestigio dentro y fuera de nuestras fronteras, y que en sus inicios estuvo liderada por O Forte, y La Orquesta Garrote-Casás, regentada por los primos de Andrés Garrote.

La continuación de este acervo musical familiar lo culminará Xavier Garrote con la creación de una banda alternativa: la Escola de Gaitas de Ortigueira, que hoy sigue paseando por todo el mundo el nombre de su localidad natal en su estandarte.

Algunos de los componentes de la Banda de Garrote fueron los siguientes
músicos:

Director: Andrés Garrote
Flauta: Leonardo Yáñez Martínez
Requinto: Pepe Coba Garrote y Roberto Castro
Clarinete: Cornide, Gerardo, Ramón Foxo, Pepe, Adriano y Pepe de Merenciano de Mera
Fliscorno: Cesáreo Coba Garrote y Cesáreo Garrote Alonso
Trompeta: Paco do Muiño (y otros)
Saxo alto: Gerardo Castrillón, Landrove, Peña, Tino de Feás y Roibás
Saxo tenor: Andrés Roibás, Santiago da Pedra y Valella
Saxo barítono: Carlos Garrote
Trombón: Anselmo, Gaspar, Sanjurjo, Paradia y O Individuo
Trompa: Tío Paco Garrote
Bajo: José Sandomingo Pérez (abuelo del autor), Doce de San Claudio y O Papolo
Bombo: Luis Garrote
Platillos: Pepe de Mera
Caja: Cándido y Corral


Se insertan fotografías de distintos momentos de la Banda de Música de Garrote/Banda de Ortigueira.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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