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Martes de Antroido: A loita entre Don Carnal e Dona Cuaresma

martes, 21 de febrero de 2012
A estas alturas del s. XXI se hace difícil creer que haya aún alguien que ignore que el Domingo de Carnaval es indefectiblemente el Domingo de Quincuagésima y al que se le agregan el lunes y martes siguientes para cerrar la fiesta ya que el miércoles posterior al martes de carnaval es el litúrgicamente llamado de Ceniza cuando el rito católico nos recuerda que somos polvo y en polvo nos hemos de convertir.

Así las cosas daría la impresión de que el Carnaval es una festividad que surge en relación con la época de Cuaresma que, como también todo el mundo sabe suma cuarenta días justo desde el Miércoles de Ceniza hasta el Domingo de Ramos. Pero no ha sido así. El Carnaval es mucho más antiguo que la Cuaresma, época iniciada a partir del Cristianismo.

En el Tomo 11, páginas 1152 a 1155 de la Enciclopedia Universal Ilustrada de Espasa Calpe se hace una meticulosa y precisa descripción histórica del término carnaval derivada etimológicamente de la italiana “carnevale” y analógica a la otra expresión “carnes tolendas” (que se ha de quitar la carne), considerándola como una serie de bulliciosos regocijos y fiestas populares a celebrar antes del Miércoles de Ceniza, aunque añadiremos que el Entierro de la Sardina se acostumbra a celebrar el domingo siguiente o primero de cuaresma que se acostumbra a denominar Domingo de Piñata.

Es diferente según nuestra guía el concepto de carnaval según si se está refiriendo a la Era Cristiana o a la Precristiana. Al haber ocurrido como hemos dicho la existencia del Carnaval en épocas precristianas o paganas, nos indican que la etimología que goza de mayor solidez es la de “currus navalis” y así se afirma que el carnaval deriva directamente de las Saturnales romanas aunque se encuentran vestigios de estas fiestas que, en principio tuvieron carácter religioso, en todos los pueblos desde la más remota antigüedad y con ellas se celebraba o bien el año nuevo o la entrada de la primavera y así, en Grecia, en el Imperio Romano, en los países teutónicos y en los celtas se hacían procesiones en los que se paseaba un barco con ruedas, “currus navalis” en el que gentes cubiertas por máscaras ejecutaban sobre el carro danzas promiscuas y canciones de sátira sarcástica y obscena.

Nos ilustra Espasa diciéndonos que la costumbre del carro-naval estaba aún en vigor hace años en Reus donde una embarcación de setenta o más toneladas, colocada sobre un carromato es arrastrada por diez o más caballerías, siendo tripulada por varios hombres vestidos de marinero que arrojan flores y dulces a los espectadores.

Estas procesiones o desfiles las datan en Grecia en el s. VI a.c. y estaban dedicadas a Dionisios. En Roma desde los postreros años del Imperio, a la diosa Isis de los egipcios y en la Germania a la MadreTierra.

El concepto etimológico del Carnaval en la era cristiana pasa por las palabras italianas “carne vale”, o sea, “carne” “adiós”, a la expresión “carnes levandas” o carne levamen” o “carne levale”, es decir, supresión de la carne. Entre los alemanes desde el “Fastnacht” hasta el “Fastlovend” o inicio del ayuno, fiesta de locura o jarana. Estas úlimas denominaciones se aplicaron por influencia del Cristianismo.

Es claro, pues, de cuanto nos ha aclarado Espasa que nuestro concepto del Carnaval es el que guarda íntima conexión con la era cristiana. Había que darle a la carne su tiempo para después dar al espíritu el suyo. La cuestión aquí era interpretativa como casi todas las cuestiones laico–eclesiásticas. De las etimologías se deduce que la palabra “carne” está presente en la festividad previa a la Cuaresma, ahora bien, ¿se identifica con esa palabra la abstinencia en el consumo del producto o se quiere significar el ayuno del uso de lo que la expresión significa? Con buena lógica se debiera referir a la abstinencia en el consumo de carne y el ayuno sólo a la cuantía de la comida. Y esto se explica porque se dio la situación paradójica de que en los años de la posguerra, los católicos para poder comer carne durante la cuaresma debían adquirir una bula “de la Santa Cruzada” contra cuya posesión era posible vulnerar la abstinencia.

Sin embargo, si uno analiza el Carnaval de Venecia, el más elegante del mundo, el de Río con la “garotas” más impresionantes del orbe –no sólo en calidad sino en cantidad- y al que no menciona Espasa que señala los de Buenos Aires y Montevideo, así como los de Madrid, Sevilla y Cádiz y, en cambio, no se citan los de Santa Cruz de Tenerife, quizá los más señeros de España.

Uno tiene imborrables recuerdos de algún martes de Carnaval como el de disfraces en Villalba con el chaqué del padre y un buen amigo con el traje de boda de su abuela con miriñaque incluido donde no nos conocía nadie o años antes en Madrid donde la noche del martes de Carnaval de 1957, a un compañero de pensión y a mí nos llamó un amigo a eso de las doce de la noche para invitarnos a cenar con unas australianas que lo acompañaban y que salvo la modelo que el anfitrión se había reservado, las otras dos eran unas perfectas máscaras para refugiarse uno detrás de ellas porque si fuesen francesas, diccionario en mano podrían presumir, como la del cuento que las habíamos piropeado como “cosas sagradas” y “aves de vistoso plumaje”.

El domingo de Carnaval de este año creo que según se dice, han salido charangas y peñas carnavalescas bajo la denominación de manifestaciones o movilizaciones sindicales. Tenemos la convicción de que nos van a seguir alegrando la existencia estas charangas sindicales. Y no menos agradecimiento al Carnaval que nos han ofrecido PP y PSOE precisamente en Andalucía ambos donde ni siquiera se privaron de inventar unas coplas en forma de prosa que nos van a alegrar la cuaresma. No sabemos si habrá o no carne para consumo doméstico a precio asequible pero siguiendo los sabios consejos de aquel añorado Presidente del Gobierno que recomendaba “comer conejo” creemos que de modo unívoco, no equívoco, yo, al amparo de lo aprobado en el Concilio de Aquisgrán en el s. IX presidido por Carlomagno, el capón no vulnera la abstinencia de la cuaresma. Así que, amigos de la carnestolenda vestidos del color verde de la esperanza o rojo reventón para celebrar todas las carnicerías de estas fechas, antes de revestiros del manto morado de la Cuaresma penitencial que, al ser penitencial, debe abarcar algo más que la carne animal sea bovina, ovina, porcina, avícola o de cualquier otro género y especie por lo que nos creemos en el deber de incluir todas aquellas especies y variedades que tan precisa y detalladamente Don Carnal, personificado por el impenitente Giacomo Casanova, disfrutaba en sus correrías por palacios, ventanas, celosías, conventos inspirando a poetas cual Aretino para cantar las dulces y delicadas aventuras del Carnaval en las que tienen cabida Baco, Dionisios, Eros, Nertha o Herta, Saturno, y Lorenzo de Medicis entre otros. Y sin olvidar dos óperas sobre el Carnaval de Venecia. La primera concluyendo el s. XVII con libreto de Regnard y música de Campra y otra del s. XIX con libreto de Tomás Sauvage y música de Ambroise Thomas. Aquí, finalmente, Fernando VII, el Rey Felón prohibió las fiestas de Carnaval en lugares públicos. En 1936 el Gobierno Republicano suprimió tales fiestas y dicha prohibición se ratificó por el Gobierno salido del Guerra Civil en 1940. Y si quieren más curiosidades, lean “Le Carnaval” de Claude Gaignebet (traducido al castellano por Alta Fulla y editado por Payet, París en 1971).
Goás Chao, Domingo
Goás Chao, Domingo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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