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In memoriam ( y III)

miércoles, 18 de enero de 2012
El Presidente fue nombrado Embajador de España ante S.M. La Reina del Reino Unido de la Gran Bretaña el año 1973 y aunque siguió ostentando el cargo, en funciones lo sustituyó un consejero que había sido catedrático pero que a pesar de llevar mucho más tiempo en la sociedad que el Presidente tenía infinitamente menos idea de sus problemas que aquél.

Los trabajos en marcha iban a muy buen ritmo y en pocos meses tras la marcha del Presidente a Londres, pude concertar con él una visita para presentarle aquellos voluminosos Planes Generales Municipales de Ordenación Urbana de las Navas del Marqués y de Valdequemada. Habíamos conseguido una gran aquiescencia municipal y un ordenado y promisorio desarrollo urbanístico compatibilizado con el aprovechamiento forestal y, por supuesto, la recuperación de sus derechos y funciones de la propiedad sobre la Ciudad Ducal que se mantenía, legalizada la urbanización, pero sin los privilegios de antaño.

Pero el intrigante consejero abusando de la buena fe del Embajador, conocedor del objeto de mi viaje a Londres organizó un viaje paralelo para echar por tierra el trabajo realizado y mantener unos anacrónicos e injustificados privilegios sobre suelo ajeno.

Instruido del evento, de modo accidental, gracias a que al ir a despedirme por cortesía del Director General me advirtió del hecho, me vi obligado a anular, previa comunicación telefónica con el propio Embajador el mismo día del viaje, la visita concertada. El disgusto producido fue restañado en los primeros días del año 1975 en una comida familiar donde fui acogido afectuosamente a los sones de “Para Elisa” de Beethoven interpretado al piano por la hija más joven del Embajador tanto por él como por aquella encantadora e irrepetible dama que se llamaba María del Carmen Estévez.

Una comida en la Embajada salpicada de anécdotas como que si la Embajadora no sabía preparar el capón de Villalba, hecho lógico ya que no era asunto de su cultura culinaria, o las botas de José Manuel o las de Ignacio o, después de comer el paseo por Hyde Park. Y allí en pleno enero y en lecho de verde, una pareja daba riendas sueltas a su fogosidad.

Dejamos la Resinera con suelo ordenado, una economía saneada, acciones que pasaron de valor en Bolsa 100 pesetas a cotizar a 1300 y además otras tranquilidades: saber que, según palabras del Director General en todo el tiempo que allí trabajé –cuatro años- fui el único empleado que no pidió incrementos de sueldos, salarios o retribuciones y otra que, al fallecer la esposa del Director me encargó profesionalmente su testamentaría como después la de su madre.

El retorno de Don Manuel a la vida activa política me proporcionó escasas ocasiones de verlo: una posible negociación de petróleo venezolano que no vio claro siendo Ministro del Interior y el homenaje al ex Alcalde de Villalba y posterior Presidente del Parlamento de Galicia donde pronuncié unas palabras que hicieron un gran regocijo, especialmente a la Embajadora; el pregón del año 1989 de las fiestas de Villalba que nos dio ocasión de cambiar impresiones y ya, más recientemente, fallecida la esposa, en varias comidas de la Cofradía del Capón de Villalba, la primera de las cuales me brindó la oportunidad de nombrarlo, junto, como él decía, a su Eminencia el Cardenal Arzobispo de Madrid, Cofrade de Honor con banda, diploma y pin de oro y con un menú a base de angulas, lamprea y capón de Villalba.

La última a la que asistió va a hacer dos años, me manifestó que su hija médico no le permitía beber vino.

Mi personal agradecimiento a la llamada que me hizo, en el campo profesional, me obliga a un perenne agradecimiento pues aunque en aquella época no éramos muchos los abogados urbanistas pudo haber llamado a otro de mayor prestigio.

Por ello, en el momento de su óbito quiero hacer público este agradecimiento a un hombre que dotado de una erudición fuera de lo común, hizo del trabajo lema de actuación en un país donde la holganza es santo y seña de la mayor parte de la sociedad.

Y, en este supremo momento de su pasamiento, mi recuerdo también aquella excelsa mujer que fue su esposa y madre de sus hijos.

A título personal y como Presidente de la Cofradía del Capón de Villalba de la que, como se ha dicho, era Cofrade de Honor, nuestro recuerdo hacía su persona y nuestro sentimiento a sus hijos y nietos. Y a sus escoltas, amigos entrañables.
Que descanse en paz.
Goás Chao, Domingo
Goás Chao, Domingo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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