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Domingos con Domingo

jueves, 12 de enero de 2012
Octava Charla Gestiona Radio

De conformidad con el contrato suscrito con Gestiona Radio, el pasado día 25 de diciembre, día de Navidad, debiera de haberse publicado el comentario que tenía confeccionado a tal fin pero el mismo día en que se iba a efectuar la grabación, escasas horas antes de acudir al estudio, fui avisado de que quedaban suspendidas las grabaciones en esta emisora hasta lo que se publicase el domingo día 15 del corriente mes de enero de 2012.

Ante el desfase que ello suponía por los múltiples aconteceres acaecidos en estas dos semanas largas, procedemos a publicar lo que estaba preparado para el día 25, sin prejuicio de nuestra nueva y penúltima comparecencia radiofónica el día 15 de enero y la última el 22 del propio mes.

Y parodiando a Fray Luis de León: “Decíamos ayer”

Buen día este domingo 25 de diciembre de 2011.
A los oyentes que aún resisten los Domingos con Domingo, salud, trabajo y libertad. Les deseamos que sean libres y sino pudiesen, intenten al menos sentirse como tales.

Y más hoy. Hoy es el día de Navidad. Perdón la obviedad. Pero no es ni Santa Claus, ni Papa Noël. Es el día en que se conmemora el 2011 aniversario de la efemérides que ha cambiado el curso de la historia. Había nacido, el Mesías, el Verbo hecho carne, el Hijo del Hombre y a la vez el Hijo de Dios, el Maestro, en fin, la persona que venía al mundo a redimir a todos los seres humanos, presentes, pasados y futuros de todos sus pecados, con su entrega voluntaria y libre (arcanos del Misterio de la Divinidad) como holocausto ante el Padre.

Durante su corta vida, predicó algo que hasta entonces nadie había predicado ni posteriormente nadie predicó con sentido de trascendencia, el amor: “Amaos los unos a los otros”. Venía a abolir la ley del Talión. Venía a abolir las ancestrales costumbres lapidatorias. Venía a predicar la piedad, el perdón: “El que se halle libre de pecado que tire la primera piedra” y “perdona hasta setenta veces siete”.

La pregunta surge de inmediato: ¿por qué esa doctrina, que en su día produjo tantos mártires, que hoy está extendida por todo el mundo, que pese al oscurantismo medieval fue un ariete contra el fundamentalismo islámico, está hoy siendo tan abandonada y en desuso?

Antes de analizar datos, voy a hacer mi reflexión.

El s.xx fue sin duda el siglo más aniquilador que vivió la humanidad. En un mundo que no recordaba en toda su existencia una tecnología tan avanzada, una ciencia tan depurada, precisa y consolidada, los “-ismos” todos eran los mismos perros con distintos collares, se dedicaron al exterminio, los nazis de los judíos (holocausto de los sionistas); los camisas negras de los socialistas, éstos y sus primos hermanos los comunistas, de todo aquel ser vivo que se movía en cualquier derivada no permitida, que eran todas. Stalin, Mao, Pol Pot, Ulrich, Husack, Ceaucescu, Ho, Kim, Castro y el grupo del África negra, condujeron a la miseria, muerte y desolación a millones y millones de seres humanos. Las terribles conflagraciones que se produjeron nos llevaron de la mano a dos conclusiones:

Una: ¿Dónde estabas Señor cuando tales desmanes y atropellos se produjeron?

Otra: Es imprescindible ejercitar el “Carpe Diem” de modo permanente; lo único que permite sobrevivir es el dinero, el poder, y a cualquier precio. De la frase de Javier “de que te sirve ganar todo el mundo si pierdes tu alma” a la de “o me monto en el dólar o no soy nadie”. Del “to be or not to be” de Shakespeare al “to have or not to have” del común de los humanos de hoy.

El corolario de todo esto es que, del adagio romano “vivir honestamente, no dañar al prójimo y dar a cada uno lo suyo” se ha pasado, de nuevo a la expresión de Hobbes: “El hombre es un lobo para el hombre”, a la técnica de la holganza “dame pan y llámame can”, al mundo epicúreo y dionisiaco del alcohol y las drogas, al “vive a tope, muere joven y tendrás un bonito cadáver” para armarse de valor y plantear la “imaginación al poder” o “los indignados”.

Total que la conclusión de tanta destrucción, de tanto terror, de tanto sufrimiento y abuso cuando se decía abolida la esclavitud y en boga los derechos humanos, condujo necesariamente a un pesimismo global cuya única defensa tras la lucha por la supervivencia resultó ser la vuelta a las pasiones más bajas: egoísmo, abusos, violencia, a un neomaltusianismo que ya no sólo propende a promulgar la teoría de Ogino y Knauss, o incluso el preservativo como preventivo de contagios y otros accidentes venéreos así como por supuesto para evitar la concepción; no, se pasó al crimen libre e indiscriminado: el aborto sin límites. Y las críticas se dirigieron en bloque contra el neoliberalismo cuando en realidad la culpa de la mayor parte de los males que oprimen hoy a la sociedad devienen del neocapitalismo a que se han apuntado los socialistas y comunistas pues los nazis como figura política está yugulada casi absolutamente. Y el neocapitalismo al instalarse en las economías tanto de los países democráticos como en los de “economía dirigida” conduce a la corrupción que es la que produce tipos como Madhoff, los jerarcas ex soviéticos y especialmente los políticos que, sean de la tendencia que sean sólo buscan el lucro personal bajo la tesis de “todo con el pueblo pero sin el pueblo ni para el pueblo”.

Aunque a uno ya no sólo por razón de edad sino por razón de oficio la cura de espanto no le afecta, no puede menos de admirarse como la doble moral, o sea, la falta de moral pues no hay morales gemelas ni cimagüas; la hipocresía o modo farsante de tratar de simular la mentira, la falacia, la imponente soberbia y desfachatez con que se mueven y expresan determinados personajes en proporción inversa tanto a sus capacidades/ incapacidades, mentales, como a sus conductas resultantes que estando obligadas a beneficiar al prójimo, acaban por hundirlo en beneficio propio.

Y así otra reflexión que nos viene a la mente es la de que las conductas antisociales desarrolladas y mantenidas por determinados gobernantes acaban por contagio, mimetismo o simplemente por reacción en conductas antisociales del pueblo.
El ser humano, por esencia debe ser consciente. Luego debe tener conciencia. Si es así, nace con la distinción emitida por ley natural del bien y del mal. Cuando ese ser humano elige la senda cainita (no la que imagina el escritor Saramago) en no mucho tiempo acaba poniendo un antifaz y un cristal opaco a la conciencia, con cuya eliminación ha acabado borrando de su esencia, el que los clásicos denominaban “autofreno moral inhibitorio” al que algunos negamos entidad.

Desaparecida la noción de conciencia, han desaparecido los conceptos de ética, objetividad, ponderación, equilibrio. El ser humano rompe todos los moldes que le venían impuestos por la naturaleza y la sociedad. Y como consecuencia de toda idea o noción de rectitud. Y si la verdad como señala San Anselmo, es la rectitud perceptible con la sola mente, se ha alejado violentamente de su entidad, o la verdad. Y cuando ya ha perdido la noción de la verdad ha acabado hundiendo para sí el concepto de justicia la cual según el mismo autor es la rectitud de la voluntad guardada a causa de ella misma con libertad.

Al no haber querido defender ni actuar con la verdad y la justicia el ente humano propende a su desintegración metafísica y se convierte en un animal con forma humana si bien manteniendo su capacidad de destruir, de dañar, de hundir a cualquier congénere que le dificulte, obstruya o simplemente compita con objetivo afín.
¿Cómo se explica sino la conducta de quien o quienes quiera que fuesen los autores tanto intelectuales como materiales del 11-M 2004? ¿A qué nivel de degradación hubieron de llegar para cometer la masacre que consiguieron? ¿Qué sentido pueden dar determinados eclesiásticos a la conducta equiparadora de víctimas y verdugos en la consideración de ETA? ¿Qué justificación moral tiene la obtención de una paz sobre casi mil cadáveres inocentes sin que los asesinos paguen íntegramente sus deudas con la sociedad?¿Dónde está el sentido de justicia de un Tribunal que legaliza a un partido político connivente con una banda terrorista asesina? ¿Puede la razón de Estado amnistiar delincuentes de corbata y terno y mantener retenidos presos o mantener leyes que toleran que delincuentes habituales delincan docenas y docenas de veces y estén en la calle gracias a la inacción de la justicia y ¡cuidado, qué la justicia no son sólo los jueces y tribunales! ¿Cómo debe entenderse la entrega de condecoraciones políticas a funcionarios señalados con el dedo como de dudosa reputación? ¿O es que los políticos premian o tratan de tapar conductas delictivas de las que los primeros son ordenantes o promotores y reciben las prebendas por los servicios prestados? ¿A quién en su caso? ¿A la persona, al cargo, al partido, a un juego electoral? ¿No atenta contra la dignidad humana sea quien sea y venga de donde venga decir que se acatan sentencias impresentables en aras de la comodidad, de la falta de interés o de la inacción?

Ante una sociedad muerta por permisiva con una interminable concatenación de miserias humanas muchas de las cuales son delictivas algunos inconformistas hartos de sufrir los insultos, befas, injurias e infamias de algunos políticos, financieros y elementos constitutivos de importantes, destacados desafectos sociales nos vemos obligados a buscar nuestra particular eternidad. ¿Qué se puede esperar de una Nación, País o Estado al que un Gobierno cesante ha sumido en la mayor de las ruinas conocidas tanto económica, como moral, como social y se las premian o al menos agradecen los servicios prestados altas jerarquías del Estado cuando la más elemental norma sería procesarlos por los daños causados nos encontramos que menos el “boss” casi todos siguen en política para agarrarse al huevo y al fuero, exigir respeto y consideración y pretender dar ejemplo, de…?

Los que como miembros de una sociedad, de un pueblo que aspira a la libertad sentimos la necesidad de rebelarnos contra tanta injusticia, tanta vejación, tanto insulto y desprecio hacía quienes resultan votados y por personajes o personajillos sin talla mora, intelectual, no humana y decirles como Lutero al Emperador y al Imperio: “Aquí estoy –estamos- no puedo –podemos- hacer otra cosa. ¡Qué Dios me –nos- ayude! Amén”. Aquel Lutero del que el actual Pontífice llegó a decir que “es nuestro y que nos ha dado algo valioso” (Nadar contra corriente pág. 213).

Si a trancas y barrancas la Iglesia ha dado marcha atrás en la condena a Galileo, si reconoce que Lutero ha hecho y dicho cosas encomiables, si parece que flexibiliza su férrea disciplina en defensa del vínculo matrimonial que a tantas mujeres torturó en vida, pudiera entenderse que el llamado “buenismo” debía ser la pauta a seguir en cuestiones de encubrimiento de la debacle social que nos asola.

Asemeja tratarse de una contradicción de términos. Por una parte, parece que la Iglesia flexibiliza sus actividades sociales y ahí están las dádivas de organismos como Cáritas, determinadas ONG (como Entre culturas), la indudable tendencia a la atención de los pobres y desheredados especialmente en los continentes americano del sur y centroafricano y, en fin, lo que podemos denominar la Iglesia de los pobres. Por otra en cambio, la cúpula eclesial se reafirma como integrista pero trata de convivir con gobiernos laicistas que admiten y hasta protegen ideas que pugnan con la cultura europea occidental. !Qué pronto se han olvidado las diatribas formuladas por aquella extraordinaria sedicente “atea cristiana contra la permisiva conducta del Papa Wojtila! Su denominación de Europa como Eurabia no era una metáfora ni una expresión vacía de contenido. Era un grito de rabia y de orgullo acerca de la abdicación que estaba efectuando la Iglesia católica en beneficio del Islam. Era un aldabonazo a las conciencias europeas de su integrismo a doctrinas radicalmente opuestas a las de la milenaria tradición europea.

¿Supondrá esta conducta vieja y posiblemente suicida el ocaso de una civilización? Si las guerras de occidente contra países orientales suponen intereses económicos o potenciales represalias por atentados cometidos que terminan con el abandono de las tropas invasoras a sus respectivos orígenes, las actuaciones hostiles de los islamitas contra occidente, van dirigidas a la conquista e invasión de los países objetivo y con un ejército indefectible y el que preconizó hace ya varias décadas el dictador argelino Huari Bumedian: “Invadiremos Europa con los vientres de nuestras mujeres”. Y es cierto que las mujeres magrebíes prolíficas y sumisas a su señor, al dueño del harén, están poblando Europa de súbditos de Alá pues para eso son teocráticos. Y cuando pueden luchan hasta obtener la ciudadanía del país de acogida. Una nueva invasión de Europa sin Carlos Martel, ni Don Pelayo, ni menos aún Godofredo de Bouillon o Ricardo Corazón de León.

Hoy se están aceptando los signos externos del mahometanismo en detrimento del respeto a las costumbres occidentales e incluso se permiten prácticas de la Ley Sharia prevalentes sobre las de nuestras raíces culturales. ¿Qué se hizo de aquellas protestas emitidas por la Fallacci sobre la construcción de una mezquita en Florencia cerca de su deslumbrante catedral?

No estamos diciendo que la cultura cristiana desaparezca porque la tradición occidental se abre paso en Latinoamérica y, sobre todo en países asiáticos ancestrales como la India o incluso Japón y otras Islas cuales las Filipinas entre otras. Pero que sí va periclitando en Europa, especialmente en la occidental, no nos ofrece la menor duda. Por ello, en estas fechas en las que las luces, los adornos y las guirnaldas pueblan las avenidas, calles y plazas de nuestras ciudades, con mayoritario o casi total olvido de los orígenes de la razón de ser de tanta mampostería, la única realidad destacable de tanta fiesta, ruido y color, es la puesta en circulación de la gran máquina comercial y embaucadora de voluntades débiles e indotadas que tan sólo hagan causa con el consumismo, la propaganda y la publicidad.

En una “kermesse” tratando de convertir al individuo en una marioneta, en títere de una comedia, farsa o engaño cuya única fiabilidad es pretender olvidar lo trascendente en beneficio de lo banal y superficial, elevar el accidente a categoría y lo adjetivo a sustantivo. En fin, trastocando totalmente los principios y bases de la sociedad.

Salud, trabajo y libertad.
Goás Chao, Domingo
Goás Chao, Domingo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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