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Ayer, Hoy y Mañana

viernes, 13 de mayo de 2011

Un dominical del 08.05.11 dice que al árbitro del partido de fútbol jugado el día anterior entre el Sporting de Gijón y el “Minor-Depor” hizo constar en el acta que el adiestrador del conjunto herculino le llamó “sinvergüenzas” al trío o cuarteto o quinteto arbitral.
La noticia, por contumaz, no es significativa. Ahí están pasados partidos entre Real Madrid y Barcelona Fútbol Club para elevar el accidente a categoría.
Para uno, el hecho, que dará lógicamente lugar a una sanción, es irrelevante porque, como veremos, aunque se refiere a una circunstancia que puede ayudar a que el antiguo Super Depor, descienda de categoría, lo cual es preocupante, sobre todo, económicamente, lo verdaderamente trascendente es el meollo de la expresión: “los árbitros fueron llamados sin vergüenzas por su actuación”.
La vergüenza es un valor moral que puede confundirse con el pudor lo mismo que con la dignidad, el honor o la discreción, entre otros conceptos.
En todo caso, tener vergüenza de algo o avergonzarse de algo supone tener un sentido profundo de la conciencia discernidora de lo bueno y de lo malo. De lo moralmente bueno y de lo moralmente malo. Supone tener una conciencia recta, un plus de valor moral.
Sin personalizar, de momento, pues, a modo docente, habrá que hacerlo, en el mundo en que vivimos, como norma general, hay que hacerse la pregunta: hoy, ¿existe el concepto de vergüenza? que sería como preguntar: ¿existe un sentimiento de conciencia?
Y la respuesta, lamentablemente, es masivamente negativa.
En el campo internacional, no nos preguntamos si tienen vergüenza los dirigentes políticos que gobiernan con regímenes totalitarios. Ni tampoco si la tienen aquellos otros que están a partir un piñón con ellos. No nos planteamos si tienen o no vergüenza las organizaciones internacionales que asisten impasibles o hacen como que no ven y si ven, como que no les conviene, ante masacres de tiranos de tres al cuarto. Ni el sinfín de personajillos dedicados a la política en minúscula que se adscriben a partidos sin otra ideología que la del “dame pan y llámame can” de los que militan con el único fin de vivir a cuenta del Estado, engrosando sus patrimonios personales con prebendas, comisiones, sinecuras, dádivas, regalos, enchufes, pesebrismos y ya sea en cargos de Gobierno, de la Judicatura, de empresas públicas u organismos de cualquier naturaleza, nacional, autonómica o local, de Congreso o Senado sin otra preparación que la adulación, la sumisión, la obediencia ciega, haciéndole un corte de mangas al “bien común”, al “pueblo soberano” al “votante”, a “ todas las víctimas del terrorismo” enfin a todo lo que suponga seguir o cumplir los principios romanos del “vivir honestamente, no dañar a los demás y dar a cada uno lo suyo”.
¿Tienen toda esa ingente tropa, esa multitud, vergüenza?
¿Tienen vergüenza los bancos y banqueros que ganan ingentes sumas de dinero y se están quedando con los pisos de múltiples familias que no pueden pagar las hipotecas por no abaratarlas, aplazarlas por más tiempo, ofrecer les moratorias o, de otro modo, ayudarles a refinanciar los préstamos mientras dilapidan millones en financiar a los partidos políticos y a los negocios personales de sus consejeros?
Y los bancarios aún tienen la desfachatez de llamarte “cliente” cuando el único cliente de un bancario es su propio banco.
Y, dentro de la interminable serie de gentes, instituciones, personajes y personajillos de esta sociedad amoral mayoritariamente y, por tanto, sin vergüenza alguna, voy a referirme, siquiera de pasada, al mundillo del fútbol.
¿Tienen vergüenza esos presidentes de equipos de fútbol que, protegiendo sus propios intereses, o, de algún modo en beneficio propio, han hundido la economía de sus clubes?
¿Tienen vergüenza esos clubes y esos futboleros que suscriben contratos multimillonarios y por encima gozan de favorable discriminación fiscal?
¿Tienen vergüenza los Organismos Internacionales y Nacionales cuyo fin primordial es el lucro personal e institucional, los favoritismos, ayudas, etc.?
¿Tienen vergüenza personajes como conocidos adiestradores que nunca han protestado cuando los arbitrajes les han favorecido y montan el cirio cuando les perjudican?
¿Tienen vergüenza los estamento arbitrales y la mayoría de los colegiados cuando se apesebran cumpliendo o no, órdenes o directrices -sin olvidar agiotajes- a fin de mantenerse en puestos FIFA o, en fin, que supongan ingresos adicionales?
¿Tienen vergüenza muchos entrenadores y futbolistas que protestan y fardan cuando su preparación es escasa o su calidad no pasa un ligero examen de aptitud?
¿Tienen la más mínima vergüenza los periodistas, escribientes o tertulianos, charlatanes de feria, que sólo buscan la provocación y el enfrentamiento y eso por mantener la prebenda en vez de ganarse el pienso con dignidad?
¿Tendré yo vergüenza cuando, a lo peor, sin la adecuada formación moral, suscribo todo lo que queda dicho y lo que aún queda por decir?
Siempre, para todos y por todos, “errar, es de humanos” pero sin olvidar que la mayor parte de los errores son vencibles y, sin vergüenza se autodisculpan, se olvidan y se consigue la amoral disipación.
Por ello, brindo con fervor por los votos particulares de unos magistrados que, con vergüenza y dignidad, han dicho lo que creen que es justo en Derecho y especialmente por quien antepuso la justicia sobre posibles intereses espurios y por la totalidad de las víctimas de quienes quiera que fuesen sus asesinos aunque al final, la camada letal siempre es la misma: los terroristas, provengan de donde provengan y sea cual fuere su origen o denominación.
A estas víctimas supervivientes así como a los causahabientes de los desaparecidos compete movilizar al pueblo para denostar a quienes sin pudor hacen ostentación de su falta de vergüenza en cualquier ámbito del Estado.

Goás Chao, Domingo
Goás Chao, Domingo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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