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Educación - Enseñanza

lunes, 16 de febrero de 2009

Nos define Espasa la “Educación”, como es habitual, con diversas acepciones. Veamos: como acción y efecto de educar. Como crianza, enseñanza, y doctrina que se dá a los niños y jóvenes. Cortesía, urbanidad. Método particular empleado para instruir y formar a la juventud. Conjunto de medios y de causas que desarrollan en la colectividad, la instrucción, las ideas y los sentimientos.

Y la mentada Enciclopedia sigue diciendo: Pero, en rigor etimológico, se deriva la palabra “educación” del verbo latino “educare” que, en sentido propio, vale tanto como cuidar, criar, hacer crecer, alimentar y, por extensión, formar, doctrinar, y enseñar.

Para Platón la buena educación dá al cuerpo y al alma toda la belleza y perfección de que son capaces y llama “capital” en la educación la recta formación que llevará al alma del adolescente a amar lo más que pueda cuanto, llegado a hombre cabal, le hará por necesidad perfecto en el género de vida que haya abrazado.

Aristóteles en su Ética a Nicómaco, dice: Pues que los halagos del placer nos solicítan al mal y los aguijones del sufrimiento nos retraen del bien, importa, como dice Platón, que desde niños nos eduquen y formen, a fin de que pongamos nuestros goces y nuestros dolores en lo que importa ponerlos; en esto consiste la buena educación.

Espero que ningún avispado nos diga que estos eran cristianos.

Kant, en la Pedagogía que, en vida suya, publicó su discípulo Rink dice textualmente: “El hombre tan solo por la educación puede llegar a ser hombre. No es él mas que lo que la educación haga de él”.

John Stuart Mill señala que: “la formación de una generación se dá, de intento, a las que le sucedan, con el fin de hacerlas capaces de conservar, cuando menos, y aún elevar de nivel, si es posible, el grado de cultura recibido”.

Antonio Franchi define la educación es el arte mediante el cual un adulto o mayor conduce a un adolescente o menor, a actuar habitualmente todas sus facultades espirituales ordenadas al buen fin de la vida humana.

Gabriel Compayre en su Curso de Pedagogía dice que: “la educación es el conjunto de esfuerzos reflejos con los cuales se ayuda a la naturaleza en el desenvolvimiento de las facultades físicas, intelectuales y morales del hombre con la mira de su perfección, su felicidad y su destino social”

Federico Paullen considera la educación como la actividad sistemática que realiza la transmisión de la herencia cultural e ideal de las generaciones adultas a sus descendientes.

Sea cual fuese la definición que se adopte, los rasgos más destacados de la enseñanza consisten en que el ser humano ha de crecer, aprender, y desarrollar su cuerpo y su mente adquiriendo la mayoría de conocimientos posibles que le permitan ser una persona útil a si misma y a la sociedad.

Parece razonable que en una democracia liberal, es decir, no marxista-leninista o, en fin, dictadura liberticida, los seres que sobrepasen el aborto, deberán ser criados y educados (cortesía- urbanidad, como mínimo), por sus progenitores. Cuando adquieran la edad pertinente –salvo que las criaturas hayan de ir mayormente por imperativo laboral materno-, a la guardería, con escasos meses de vida, iniciarán su andadura educativa –en cuanto a la adquisición de conocimientos- siguiendo las pautas marcadas por los progenitores a quienes legalmente corresponde la guarda y tutela de los hijos.

La enseñanza, naturalmente, ha de tener varias exigencias ineludibles:
a) Objetiva.
b) Veraz.
c) Razonada.

Las dos primeras exigencias son corolario la una de la otra. A nadie se le ocurre que un profesor va a enseñar a los alumnos por ejemplo algo distinto a que la raíz cuadrada de 100 es 10. Ni, tampoco que en la oración gramatical, por regla general, hay un sujeto, un verbo y un complemento. Por tanto, no se puede entender que se distorsione, manipule o, lo que es peor, se mienta en cuestiones como que El País Vasco o Cataluña han sido una Nación. ¿Cómo se va a enseñar una falacia de tal calibre sin la menor base o fundamento?.

Cae por tierra toda la enseñanza que se está llevando a la práctica deformando con falsedades la Historia de la Nación Española.

Por tanto, aquella consideración que expresa Stuart Mill de que cada generación, conserve, cuando menos, aunque pretendiendo elevar el nivel, el grado de cultura recibido, se ha ido al garete.

No ha sido tradicionalmente un pueblo culto el hispano. No es momento de analizar las causas. Pero, lamentablemente el nivel escolar de la sociedad española ha sufrido una debacle irreversible por generaciones, desde que el primer ministro socialista de Educación, creo que el Sr. Maravall, entregó prácticamente la dirección docente de la enseñanza pública a las APAS, hoy AMPAS.

La calidad de la educación, la democrática relación profesor alumno y viceversa (tú x tú) y el respeto infinito al educando, suprimiendo todo tipo de sanción, es decir, proclamando la impunidad del alumno dentro del recinto escolar y, casi también, fuera de él; la permisión de arrastrar asignaturas de un curso para otro (si no se pudo con uno, ¿se va a poder con dos?), han hecho el estropicio que las estadísticas muestran del nivel de la educación y de la enseñanza en nuestro País.

Y decíamos que la enseñanza debía ser razonada. Es decir, clara, explicada, demostrada, e integrando al alumno en la problemática de la asignatura.

Creíamos haber pasado los tiempos del maestro Ciruela, aquel que no sabía leer pero ponía escuela. Pero maestros solventes, capaces y preparados han topado con dos enemigos insalvables: la Administración Pública y los AMPAS.

La primera, interviniendo de manera indisimulada en el idioma en que se va a producir la enseñanza. La enseñanza está atribuida a las Autonomías. Culpables: La Administración Central y la Administración Autonómica por omisión y acción respectivamente. Y culpables, igualmente, las AMPAS por permitir el desafuero.

Culpable la Administración Central por haber cedido competencias a las Autonómicas en algo que debiendo ser idéntico para todos los españoles se ha convertido en particularista de cada Autonomía, y en otro ángulo, culpable por permitir la vulneración flagrante de la Constitución en cuanto al idioma.

Culpables las Autonomías que limitan a los alumnos determinados conocimientos en aras de un unísono localismo y culpables las Autonomías porque, con la convivencia del Gobierno Central, vulneran la Constitución al excluir el conocimiento de la lengua oficial del Estado.

Luego oiremos tanto a unos gobernantes como a otros gobernantes, los que gobiernan, todos, hablar de “estado de derecho”. El Estado de Derecho es aquel donde gobernantes y gobernados cumplen las leyes y los jueces las hacen cumplir. Pero al no darse esas premisas, esto no es un Estado de Derecho. Es una constante infracción de las leyes, en este caso, del Art. 3.1 de la Constitución Española a ciencia y conciencia del legislativo, del judicial y, naturalmente, pues son quienes infringen, los ejecutivos.

Y son culpables las AMPAS que en vez de preocuparse de que a su niño o niña nadie le toque un pelo de la ropa o lo pongan cara a la pared o lo expulsen de la clase, solo de vez en cuando tienen su momento de prensa, radio o TV para protestar, aisladamente, eso si, de que sus niños/as no puedan estudiar en español. ¿A qué se dedican en sus reuniones colegiales?

Por fin, solo unas consideraciones sobre el adoctrinamiento.

Adoctrinar significa enseñar, instruir, aleccionar, imponer en alguna doctrina o poner a alguno de parte del otro.

Si recordamos los conceptos que sobre la educación vertieron Platón y Aristóteles (para los avispados, son anteriores a Cristo) o, incluso Stuart Mill (no era católico), la educación consistía en elevar la condición del hombre. Y en tal sentido, profundizaba Kant (tampoco era católico). Todos incidían en los valores humanos. Hoy resulta que uno de esos valores constitucionales, Sr. Blanco dixit, es que los niños aprendan a ponerse el preservativo.

Una vez más, veremos como se hace de la capa constitucional un sayo y, sin perjuicio de que nos ocupemos de este tema en el próximo artículo, vamos a fijarnos en el Art. 27.3 de la Constitución cuando dice que “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación…. moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”

¿Quién es el poder público para imponer criterios morales contra la voluntad de los padres?. ¿Es un valor moral que los niños aprendan a ponerse los condones?

En mi opinión, es difícil encontrar, en este momento, mentes tan retorcidas, sectarias, pero realmente inanes, incapaces e incompetentes como las de quienes tienen algún poder en esta España, la de quienes tienen capacidad de decisión y de las que sufren las consecuencias de la capacidad de decisión de quienes deciden, soportando estoica y tácitamente tales decisiones.

Sin gobierno y sin oposición estamos llegando a la abolición de la profunda creencia del Mio Cid: ¡Qué buen vasallo obiera si obiera tan buen señor!. Si ya ni esto, ¡delenda est HISPANIA!

Y Galicia ¿qué?. Leemos y escuchamos cada cuento que se inventan los candidatos que, o se tiene una fé como la del carbonero, o no se puede creer nada a nadie porque es inverosímil lo que se llega a decir y lo que ocurre en la calle. Sería imposible recoger afirmaciones, contradicciones, y realidades que niegan lo que se afirma. Pero todo seguirá sólo en gallego. Porque estamos en la Nación Gallega. Y todo será nuevo, para que nada cambie. Como siempre.


Goás Chao, Domingo
Goás Chao, Domingo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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