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A Muralla de Lugo Vista con ollos de neno e con ollos de urbanita

lunes, 23 de junio de 2008
Estou a leer nas suas mentes que so a un mentecato chairego se lle ocurre vir aquí a falar da muralla a persoas que saben hoxe mais dela que os propios romanos que a fixeron. Pero, no mundo en que vivimos, andar ben afalado, casi que e milagre polo que agardo que me sirva de disculpa tal situación. Errare, humanum est, decián os propios romanos.

NENEZ
O día 5 de Xunio do ano 1945, un neno que aínda non cumplira os dez anos, foi remitido, da capital da chaira, a Lugo, na empresa Ribadeo, a casa dunha señora amiga de sua nai onde iba a aloxarse convidado aquela noite porque o día seguinte, o seis, andaba a examinarse do ingreso naquel plan de estudos do 1938, que, aparte connotaciós políticas, foi o mais completo que houbo na Historia da España.

Era a primeira vez que aquel neno chegaba a Capital e o primeiro monumento que atopou o baixarse do coche de línea, foi unha enorme muralla aínda que mais baixa que o Castelo, enton, de Villalba, pero longa, muy longa. O paletiño miraba pra riba e pra os dous lados e so via muralla. E así mirando e mirando, cruzou baixo da porta da estación, subeu hasta a praza de Santo Domingo mirando mais pra tras
que para diante e o chegar a rua da Raiña, xirou a esquerda e chegou a casa da amiga da nai que era nin mais nin menos a venerable nai do aquí presente Sr. Varela Piñeiro. Daniel: ¡Cantas inolvidables lembranzas: Dª María, Sofía, Marisa…!.

A mañá seguinte, áquel neno de calzón corto, chaqueta de corte, camisa branca, corbata e zapatos negros, ben mantido, foi andando rua Raiña, praza de Sto. Domingo e rua de San Marcos no fondo da que se vía un cachiño de muralla e no actual edificio da Diputación, na sua ala esquerda, visto de frente, entrou a facer os seus exámenes que, afortunadamente, celebrou con un breve “apto”. Tal día retornou viaxe de volta e agora sí que, de frente, puido ver a muralla desde dentro da porta da estación donde volveu a tomar o coche de línea para ir dormir a sua casa. O viaxe pagábano o chegar de volta. O fillo do médico tiña crédito os nove anos. Hoxe casi ningún.

Ante o exíto obtido e quizá inesperado, o dia sete de xunio volveron a facturar o neno a Capital pra pasar os exámenes do primeiro curso do Bachillerato feito que, non sin serias dificultades, consigueu cunha puntuación media de 6,7 puntos. Baixa, mais abondo pra pasar unhas boas vacaciós de verán.

Na casa falaronlle da muralla como o fixeron tamen da Fortaleza da Vila. A Torre do Homenaxe. Maís a muralla era muito muralla pra entender o milagre que encerraba.

Pero lamentablemente as sucesivas visitas a Lugo so se repetiron os anos 46 e 47 pra examinarse do segundo o do terceiro cursos do Bachillerato. E por mor da verdade, houbo de interesarse mais o rapaz por D. Froilán, o profesor Labajo, D. Lázaro Montero, D. Delio Mendaña, ou o profesor Bernis. Como non chegou a examinarse de inglés non puido disfrutar do enchufe que puidera ter con Dª Sofía Piñeiro coanfitriona de Doña María.

Cando o rapaz comenzó a profundizar no latín, houbo de leer, analizar, ordenar e traducir a inmortal obra de Julio César “De bello gálico” ou “A loita das Galias”.

Alí aprendeu áquel adolescente cal era o saludo, tanto dos gladiadores, como dos lexionarios romanos: “Ave César, morituri te salutant” que distaba moito de significar que as aves de César morreran por falta de saude. E tamén aprendeu que o lixeiro alzamento do brazo dereito foi asumido primeiro por los fascistas de Mussolini, logo por los nacional socialistas de D. Adolfo e despois polos nacional-sindicalistas de D. Francisco.

E alí aprendeu tamen que despois do asesinato de César, co a chegada o poder de seu sobriño Augusto prodúxose a fundación da bimilenaria Lucus Augusta cuya muralla, Patrimonio, primeiro da Unesco e despois da Humanidade, é monumento único no mundo pra loor, prez e ledicia dos augustos lucenses.

URBANISMO
Transcurrieron muchos años desde que, gracias al latín, había conocido datos de Lucus Augusta. Pero, por rara justicia del azar, la vida le deparó a aquél joven un futuro basado en una rama del Derecho prácticamente desconocida a la sazón que era la urbanística. (Finales de los 50 y principios de los 60).

Y, además de lo que era el propio conocimiento del derecho, hubo que profundizar en el planeamiento llevado a cabo por los pueblos arcaicos, poniendo especial interés en el urbanismo romano.

Muchos autores hemos estudiado pero los resultados han de ser compendiados para llegar a las cuestiones propias de la muralla.

No puedo omitir esa preciosa guía que sobre las murallas romanas de Lugo tiene editada desde 1975 un procer lucense que responde al nombre de D. Adolfo de Abel Vilela que ofrece una perfecta definición del trayecto, puertas y edificios de la ciudad. Igualmente hay que aludir a una reciente publicación de un libro de D. José de Cora del que tengo noción pero no he podido leer todavía.

Ahora bien, como primero es la Villa y luego la muralla, vamos a esbozar unas ideas sobre la urbe condita, a cuyo desarrollo nos cuenta el Dr. Casimiro Torres en su obra La Galicia Romana, que fueron escasas las ciudades romanas y aun más los oppida o poblados fortificados en cuyos contornos abundan las villas.

También perduran algunos castros y reciben este nombre romano, y cuando son pequeños reciben el nombre de castellos. Juegan papel importante en el siglo V, como lugar de refugio de la población indígena contra los ataques de los bárbaros.

Sabemos que las capitales de los conventos jurídicos: Lugo, Astorga y Braga, primero, fueron campamentos y luego, se convirtieron en ciudades. Como todas ellas llevan el apelativo de Augusta, se supone que ya adquieren tal condición en tiempo de Augusto. En este caso se llevaría a cabo el rito obligado en la fundación de las mismas: consulta de los presagios por el augur; determinación del perímetro, o pomerio, por el surco marcado por una yunta de buey y una vaca y delimitación urbanística por medio de los agrimensores según el esquema atribuido a Hippódamo de Mileto, o sea, con dos ejes, uno de norte a sur (cardus máximus) y otro de este a oeste (decumanos maximus). Las calles se alineaban paralelas a estos dos ejes principales. No se construían muros en los primeros siglos del Imperio pues se consideraba tabú atravesar, sin los requisitos legales, el pomerio de la Ciudad.

Es de destacar que los historiadores hallan curioso el hecho de que las puertas de la muralla no estén enfrentadas en cardus ni en decúmanus.

Resulta ocioso que yo les venga a contar a Vds. algo de la muralla que conocen mucho mejor que yo. Su longitud, anchura y altura. 2.117 ó 2.131metros; 4/7 ó 5/7; y 8/15 ó 10/11 metros. Se conservan 85 torres de las que 46 son antiguas y están completas y 39 están cortadas parcialmente; 60 de ellas eran de planta cuadrangular y 11 de planta circular. Y asimismo, resulta curioso que la muralla dejó varios núcleos habitados fuera de su recinto e incluyó dentro de ella áreas despobladas y campos de cultivo por razones misteriosas.

Si bien es cierto que parece consentimiento universal que en el S. I a.C., se fundó Lucus Augusti, el actual Lugo, situada ente los ríos Miño y Rato sobre una meseta de unos 400 ó 500 m. En nombre del Emperador Augusto, Paulo Fabio Máximo fundó Lucus Augusti sobre un campamento militar. En épocas arcaicas se adoraba en este lugar al Dios Lugh y seguramente era un lugar de inmensas arboledas. Era el año 13 o 14 a.C.

La muralla parece haberse construido tiempo después según dataciones basadas en los materiales de construcción, y en monedas halladas en excavaciones acuñadas por el Emperador Claudio II. Era una muralla defensiva en una época convulsa de invasiones bárbaras, estaba integrada en un conjunto defensivo formado por un foso, la muralla y el intervallum y los materiales que se utilizaron para su construcción fueron lajas de pizarra y bloques de granito, y una especie de cemento formado por piedras sueltas, tierra y agua entre otros materiales.

Escribió D. Manuel Murguía en 1898, hablando de la muralla, que quien dijese que entonces Lugo era una ciudad que se levantaba sobre sus propias ruinas, no se equivocaba mucho.

Cuando la piqueta hiere el suelo, decía, buscando cimiento a las nuevas edificaciones, a cada momento se descubren restos de la población romana, que no parece sino que quiere sobrevenir a todas las destrucciones. Apenas si se conserva en pie algo de lo que constituyó su gloria, puesto que en la vieja Lucus Augusti solo señalan como recuerdo vivo de las pasadas grandezas, las murallas que todavía le cercan, y en las cuales creen muchos hallar algo posterior a la época que generalmente se les asigna.

Y se comprende. Cuando se las examina de cerca, apenas si un rasgo característico cualquiera las delata desde luego como obra perteneciente al período romano. A pesar de eso, no bastando los caracteres arqueológicos para clasificarlas, hay que acudir a la historia para decirlas de tiempos más cercanos, y los datos históricos, no sólo faltan, sino que son adversos a los que las tienen por más modernas. Por tanto, mientras otros datos más positivos que sus dudas no aduzcan, digamos que la actual muralla de Lugo es la misma que levantaron los que dieron a esta ciudad el nombre que lleva y el poder de que gozó a su hora.

Preciso se hace pensar que tal cual la vieron Molina y Ambrosio de Morales, así nos la dejaron los romanos.

D. José Villamil y Castro a causa de una carta dictada por D. Aureliano J. Pereira y publicada en El Regional, fechada en Madrid el 16 de Diciembre de 1895, decía que “el propósito, que puede calificarse, cuando menos, de atrevido, patrocinado por los concejales lucenses, de demoler la robustísima muralla que rodea y abriga la población, ha dado ocasión para que se escriba nuevamente algo respecto al arte y época a que pertenece ese insigne monumento, uno de los más singulares y famosos de Galicia”.
En uno de los artículos que publicó bajo el título de Lugo Romana, cita párrafos hallados en el Viaje Sacro de Ambrosio de Morales, en la Historia del Apóstol Santiago de D. Mauro Castella Ferrer; en el Teatro Eclesiástico de Gil González; en el Cisne Occidental, del P. de la Gandara; en las Excelencias del Apóstol Santiago de P. Pando y en el tomo XL de la España Sagrada del P. Risco en los que se dan las murallas de Lugo como obra de los romanos. Y analizó cláusulas de documentos de los años 747, 760, 832, 837, y 1088, favorables a la misma opinión, antes de las de aquéllos otros de 1089, 1120 y 1132, en los que se comprueba que si, en efecto en 1088 habían sido derribadas las murallas de Lugo, muy pronto volvieron a ser levantadas y de los contenidos en escrituras de 1312 y 1327 que dieron pie para que se atribuyese al infante D. Felipe la construcción, durante la minoría de Alfonso XI de los torreones revestidos de sillería, existentes en la muralla, como lo hizo el erudito y laborioso Canónigo Camino.

Las dificultades que se ofrecen para admitir que las murallas romanas de Lugo pudieran haber subsistido a través de la Edad Media vienen agravadas por la opinión del Arquitecto Don Alejo Andrade Yañez, quien en 1837 consigna su opinión abiertamente contraria a la creencia general de que la muralla de Lugo datase de la época romana.

Pero el arqueólogo alemán D. Emilio Hübner, en 1888 decía entre otras cosas:

En León, las treinta torres en el recinto de sus murallas muestran también ciertas señales de origen romano; y lo mismo todo el de las murallas de Lugo, con sus puertas flanqueadas de grandes torreones semicirculares, formando un modelo de fortificación romana del bajo imperio”.

PARTE III – FINAL
No quisiera concluir sin recordarles dos misceláneas acerca de nuestra Romana Muralla Lucense, Patrimonio de la Humanidad:
Es la primera, una poesía dedicada a las murallas romanas de Lugo por D. Glicerio Barreiro el año 1928 en sus Rimas Descriptivas publicadas por la Biblioteca El Progreso, que dice así:

LA MOSQUERA (A TORRE DE A MOSQUEIRA)
Ventanas de atalaya, cual vigías
en la avanzada azul del firmamento
como fauces que abrevan luz y viento
o como enormes órbitas vacías
ciclópea almena cuya asimetría
de fábrica grosera logra intento
de estructura de tosco monumento
que fue de eternidad terca porfía
cimera que asemeja a un megalítico
retablo, ante el que oraron en su mítico
ritual generaciones fenecidas
o vetusta espadaña sus ventanas,
sin veleta y sin cruz y sin campanas
de que parece fueron desposeídas……
Y el más típico aspecto destacado,
vestigio por los siglos respetado
de múltiples arcadas dormidas

Y es la segunda y concluyo, la reflexión que sobre nuestro objeto hizo en su día, años ha, el ilustre científico Don Juan Rof Carballo: “Mi padre (Juan Rof Codina) presenta que la muralla era algo más que un monumento histórico. Es un círculo taumatúrgico. Ahora las fotografías tomadas desde un avión permiten ver esto con claridad. El día que ese círculo mágico se rompa, Lugo desaparecerá por los aires, llevado por los ángeles o se hundirá en la tierra. No sé como, pero sin la protección de ese círculo encantado, Lugo perecerá. Tranquilicémonos: esto no va a ocurrir nunca. Lugo -no nos damos cuenta de lo que esto significa- es la única ciudad de la tierra que ha conservado su circulo taumatúrgico. Y la única también que puede pasearse, familiarmente, sobre ella esparciendo y desparramando su mirada sobre el paisaje e, inmediatamente después, sobre los edificios y casas de la ciudad.

E, como decían na miña terra: Dispensen polo pouco.

(Intervención na Revista Oral "Ronda" da Asociación Amigos da Muralla de Lugo).
Goás Chao, Domingo
Goás Chao, Domingo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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