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La psicosis guerrera de Trump y la paz mundial

jueves, 08 de marzo de 2018
Esta vez a nuestro amigo Jeffrey Sachs se une otra académica de prestigio experta en violencia de la Facultad de Medicina de la universidad de Yale y consultora de la UNESCO Bandy X. Lee, ambos nos ponen en guardia ante los signos y síntomas manifiestos de disturbios mentales que presenta Donald Trump, que según renombrados psiquiatras‎ pueden agravarse en momentos de presión. Este mismo diagnóstico podría hacerse entre nosotros para Carles Puigdemont y sus secuaces, pero estos no tienen acceso al botón nuclear y solo cuentan con unos vacilantes mozos de escuadra, pero con permiso de Basaglia deberían estos y Donald estar encerrados en un Manicomio.

Se impone deshacerse de este peligroso presidente y poner entre rejas a Carlitos el Tramposo y sus fanáticos allegados. Aquí me uno a la cruzada de Jeffrey y de Lee de llevar a los locos al desván.

Según la opinión de eminentes psicólogos y psiquiatras, nos advierte Sachs, Trump no es sólo un matón, un exhibicionista y un mentiroso, ‎sino que es un individuo con desórdenes mentales, impulsivo, agresivo y manipulador con sus enemigos. Estos relevantes profesionales han pedido hacerle al Presidente un nuevo examen de sus facultades mentales y no como se ha hecho recientemente solo funcional en el Centro Medico del Ejército Walter Reed.

Ni que decir tiene que se trata de honorables expertos simpatizantes del Partido Demócrata. En España en época de Zapatero se sospechaba también de un cierto desequilibrio mental del político socialista.

No hay que confundir estas debilidades por puntos a su favor, como candor, intuición y tacticismo, sino que se trata para este coro de doctores, que recuerda a los de 'El Rey que rabió', que podría interpretarnos el maestro Zamanillo‎s y su reputada orquesta, de perturbaciones graves del comportamiento que pueden llevar a una agresividad extrema, que lleva a este tipo de sujetos a cometer violentas fechororias sin cuento. Ejemplos no faltan en la política mundial como los de Idi Amin, Sadam Hussein y Pol Pot,lideres que sin embargo no tenían un gran poderio militar y no constituían un peligro para la paz mundial.

En el caso de Trump sus amenazas a Corea del Norte pueden llevarle a desencadenar una guerra atómica. Si no bastan con las intimidaciones, las sanciones y las bravatas para eliminar su arsenal nuclear, puede tener la tentación de recurrir a la fuerza. Sus aliados de Corea del Sur han entendido el peligro que corren con un Trump convertido en un Orlando furioso y han preferido aceptar la tregua olímpica, pero a juicio de Lee y Sachs, el hombre del tupé hará de todo para atizar el enfrentamiento.

En otro escenario, en Oriente Medio, Donald se encuentra rodeado por halcones, proclives a apoyar las políticas duras de Benjamin Netanyahu en contra de Irán, disputándose el liderazgo en la región, pero Irán se encuentra respaldado por el poderio militar ruso, que en Siria y en Irak hacen una guerra con los Estados Unidos por medio de escaramuzas y banderías interpuestas. Trump se mueve esgrimiendo tuits como en el que se presenta "como temperamento estable" lo que para sus archienemigos, constituye una amenaza y no una garantía de carácter templado. Sus pulsiones de violencia pueden llevar el mundo a la guerra. Se vive la paradoja, que en la Casa Blanca la preocupación mayor es la de controlar al Presidente para que no pierda los estribos. Está claro que a Trump sus enemigos le niegan la sal y el agua.

Ante este peligro el Congreso de los Estados Unidos debería eliminar el poder de declarar la guerra e iniciar las hostilidades y depositarlo en el Congreso, segun reza el artículo I, sección 8. Los Presidentes han arrebatado esta facultad al congreso de forma tácita, pero con Trump el Congreso debería mostrarse inflexible y recuperar esta prerrogativa.

Los dos profesores americanos concluyen esta filipica advirtiendo a los aliados de Estados Unidos del riesgo de una conflagacion mundial, ya que Trump no es amigo de compromisos, sino qu esta atrapado por un fuerte deseo de atacar, prescindiendo de la paciencia y la audacia que exigen las lides diplomáticas.

En España tenemos nuestros conflictos con los nacionalistas y sus corifeos y estas escaramuzas, esta guerra de trincheras nos impiden participar activamente en la política internacional y hablar de Paz mundial nos suena a chino.

Joaquín Antuña
joaquinant@hotmail.com
Antuña, Joaquín
Antuña, Joaquín


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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