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La actual lucha de clases

sábado, 18 de marzo de 2017
Tenemos otro escándalo nacional tras el striptease organizado por trabajadores del Ayuntamiento de Alcalá de Henares, donde nació Cervantes y gobernado por PSOE y Podemos, para homenajear a un compañero que se jubilaba.

Estaban una veintena de miembros de la clase obrera, seguramente votantes de esos partidos, trabajadores productivos; no como su alcalde y concejales, surgidos de la trama de las élites-castas extractivas, que han estimado indigno el espectáculo.

Los medios progresistas han ido contra los trabajadores por llevar a los servicios municipales a una zagala que se desnudaba mientras retozaba con el homenajeado hasta quedarse con una exigua tanga.

Los conservadores aprovecharon el caso para denunciar que dentro de la casa gobernada por neoprogresistas, defensores de la dignidad de la mujer, se hubiera celebrado un espectáculo tan bochornoso.

El Ayuntamiento, a la vista del escándalo nacional levantado, ha condenado el acto y advierte que realiza una investigación que tendrá serias consecuencias para los obreros organizadores.

El striptease es un rito ancestral que convoca al apareamiento; numerosas tribus primitivas lo mantienen y Salomé se cobró la cabeza de Juan el Bautista bailando así para Herodes Antipas.

La danzarina de Alcalá también es una obrera sin tener que ser una trabajadora del sexo, como el neoprogresismo llama a las prostitutas.

Ella es como los boys que aprovechan una moda importada de EE.UU. y ofrecen su trabajo en las despedidas de solteras, con lo que también pertenecen a la clase obrera.

Lo que hay es una lucha de clases entre la clase trabajadora a la que le gustan estos espectáculos atávicos heterosexuales, como los obreros de Alcalá, y la de los escandalizados, la trama y casta de la élite extractiva: PSOE y Podemos, que los sancionan como cualquier explotador neocapitalista. El PP no lo hace porque no tiene el poder, pero grita tanto como los otros.

Frente a la clase obrera ferozmente heterosexual, pues, aparece la trama y casta de la élite extractiva de toda ideología, que declara bochornoso el espectáculo de las strippers, pero que exige apoyar y aplaudir el mismo espectáculo, pero homosexual.

Lo hace no en locales cerrados como el de la jubilación del funcionario alcalaíno o en las saunas gays que tenía el suegro de Pedro Sánchez, sino en los espacios públicos de las ciudades, como los strippers LGTB con sus tangas contoneándose sobre camiones los días del Día de Orgullo Gay o las drag queens en fiestas multitudinarias.

Así, mayores y jóvenes, igual que los niños que van con sus papás, van preparándose para integrarse en ese mundo polisexual en el que ya no habrá clase obrera.
Molares do Val, Manuel
Molares do Val, Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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