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Da miseria e da misericordia

martes, 20 de octubre de 2015
Os crentes celebrabamos o outro día a Xornada Mundial das Misións co lema de “Misioneiros da misericordia”. Ceibo só dúas verbas de reflexión simplificada para quen as queira coller, por se lle parece. E na lingua en que cando eu era un pequerecho me facían falar en certas circunstacias fóra da casa.

Comienzo confesándoles que cuando naquel tempo iba yo aos cataqueses da miña parroquia no rural, era para mí un verdadero suplicio ir hasta allí, pensando sobre todo en que a lo mejor el Sr. Cura, que era el único catequista, me preguntase las obras de misericordia. Yo sabía que eran muchas, 14 por lo menos, pero no sabía separar las corporales de las espirituales, y, para comenzar, menos sabía lo que era eso de “misericordia”.

No sé si a ustedes les habrá pasado algo parecido, incluso a día de hoy. De hecho, onte pregunté a una buena amiga, muy misericordiosa ella, que me dijese cuáles y cuántas eran las obras de misericordia, y ni corta ni perezosa me contestó: “no sé, me acuerdo”.

Pues bien, a estas alturas me doy cuenta, y creo que ustedes también, que la cosa es muy sencilla, y que en esto no hay que preocuparse demasiado por los números sino por las actitudes, mejor dicho, por nuestra actitud, por nuestra misión en la vida. Porque, como Xesús, estoume a decatar que máis vale “misericordia y no sacrificios”; porque Dios y nosotros significa eso, poner el corazón (cordia) junto al necesitado (miser), para socorrerlo y ayudarlo. O por decirlo con un término snob y más pedante: para promocionarlo. De modo que, como decía mi prima Fidelina, para isto estamos aquí, para exudarnos, para ser misericordiosos… ¡Carafio!

La sociedad de hoy, gracias a Dios, ha emprendido definitivamente el camino hermoso de la solidaridad. Son cada vez más numerosas las ONGs que se dedican a suplir las deficiencias injustificables de muchos poderes públicos, tratando también de suplir y llenar muchos de nuestros tiempos muertos. Pero esto no debe impedir que hoy, y más días, podamos y queremos mostrar “de xeito sobranceiro” nuestro agradecimiento especial a quienes desde nuestra misma fe nos urgen a desarrollar y afianzar de forma ejemplar nuestro sentido de hijos de una casa común. Solidarizarnos de algún modo, aunque sea raquítrico o débil, con aquellos que se llamamos Misioneros y son los enviados de Nuestro Padre Dios, y rico, para poner su corazón al lado de los que serán primeros en el reino de los cielos. Para quienes su “oficio”es:
1ª.- Dar de comer al hambriento.
2ª.- Dar de beber al sediento (y crean comedores).
3ª.- Dar casa al sin techo (y crean albergues y construyen viviendas).
4ª.- Vestir al desnudo.
5ª.- Visitar y curar a los enfermos (y crean hospitales y dispensarios).
6ª.- Liberar a los presos (y sufren persecución por la justicia).
7ª.- Enterrar a los muertos, que también hay quien los desentierran o los dejan por ahí.
O:
1ª.- Enseñar al que no sabe (y erigen escuelas).
2ª.- Dar buen consejo al que lo necesita (y colaboran en proyectos)
3ª.- Corregir al que hierra,
4ª.- O perdonar las injurias (causando admiración, sorpresa y algún que otro interrogante).
5ª.- Consolar al triste (y llenarse de alegría y vivir felices).
6ª.- Sufrir con paciencia los defectos de los demás y no sentirse por encima de ellos.
7ª.- Rogar a Dios por los vivos y los difuntos y que todos vayan al cielo o se queden alegres en la tierra.

Y así, y ésta es la misericordia del Padre Dios y de sus enviados, nosotros; y en nuestro nombre, en las periferias de la iglesia, la de los misioneros. Para lo cual sólo hace falta, para tantas cosas así, sólo hace falta, creo, una: tener el mismo corazón de Cristo, o que Cristo el Señor nos sustituya el nuestro por el suyo a todos los que creemos en él y a él celebramos.

Lo nuestro es sólo comulgar a El, y no con ruedas de molino, que vaya... El pondrá así junto a nosotros y en nosotros su carne, su corazón y su espíritu para que nuestra misión de misericordia algún día deje de ser necesaria, y entonces nuestra tierra sea un cielo que dé gloria verlo y sentirlo: Y ya sólo la humanidad entera y nosotros seremos todo en Todo, con un solo corazón y ninguna miseria. Y no habrá misioneros ni misericordia que haga falta. ¿Cuándo?

Hoy por hoy sólo un grito e un “parabén”: “Benditos los pies del mensajero que van por los caminos anunciando la Paz”.
Ate máis ver, meus reis.
Mourille Feijoo, Enrique
Mourille Feijoo, Enrique


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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