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Luis Castedo Expósito

martes, 07 de julio de 2015
Orteganos en el mundo: Luis Castedo Expósito

Elena Expósito Sordo, la madre de Luis Castedo, empezó su actividad como maestra de la escuela de Céltigos en marzo de 1935. Para esta lucense, nacida en la localidad de Santa Leocadia, en el municipio de Castro de Rei, su nuevo destino le supuso la culminación de un itinerario profesional que había inaugurado como interina en varias escuelas de Meira, Baleira y Quiroga. Más tarde, y tras lograr superar su oposición en 1934, el primer destino como titular la llevó a la escuela cedeiresa de Régoa, y, poco tiempo después, a la ortegana de Céltigos, donde pasará la mayor parte de su carrera docente, hasta que, en 1971, consiga trasladarse a una escuela de A Coruña, donde, finalmente, se jubilará en 1975.

Durante esos 36 años de arraigo y convivencia en Céltigos, a Elena le sucederán los principales hechos de su vida. Allí llegó casada con el ferrolano Manuel Castedo Vilela y allí nacerán y criará a sus hijos. De este modo, la joven maestra acabará viendo cómo se establecen esos vínculos que, como dice el sabio refrán, nos llevan a pensar que uno es más de donde pace que de donde nace. Y así ella se irá alimentando de todo tipo de experiencias vitales que le ayudarán a formar y educar no sólo a sus vástagos sino también a los de sus vecinos hasta conseguir hacer de ellos unas personas ejemplares.

En la aldea marinera de Céltigos la vida era tranquila y monótona. En ella los días pasaban con pocas distracciones y muchos trabajos. En este escenario rutinario y tradicional, casi bucólico a los ojos de los extraños, es donde nació el 4 de diciembre de 1938 su hijo Luis, quizás el entorno más adecuado para que él o cualquier niño pueda expresar su alegría y bullicio con su natural despreocupación.

Cuando Luis nació, las casas de su aldea se iluminaban con candiles de petróleo. Aquellos tiempos difíciles de postguerra eran años de una gran austeridad y de pocas comodidades a las que poder acudir, por lo que cualquier innovación era recibida con la esperanza de poder dejar atrás alguna de sus privaciones diarias. Con ese deseo acogieron, primero, los candiles de carburo -mucho más limpios y menos tóxicos que sus primos oleaginosos- y más tarde, la opción más brillante: la electricidad, el símbolo los nuevos tiempos. Algo de lo que los vecinos de la capital municipal y de otras localidades ya gozaban desde las primeras décadas del siglo XX gracias a la Eléctrica Ortegana. Luis todavía recuerda aquellas primeras bombillas incandescentes enrojecidas, con su luz tenue, como algo nuevo y maravilloso. Pura magia a los ojos de un niño, pues para encenderlas no había ni que acercarle un chisqueiro ni arrimarle la brasa de la lareira, tan solo girar un pequeño interruptor colocado en la pared. Este recuerdo será imborrable para todos aquellos niños y mayores que veían, como decía don Hilarión en La verbena de la Paloma, que “Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”. Pero lo que ni siquiera sospechaba el más sabios de sus vecinos era cuanto las haría avanzar él.
Tampoco pudo olvidar Luis aquella otra dramática visión que ofrecían muchos hombres que decidían aprender a leer y escribir en las clases nocturnas de su madre y para ello tenían que acercarse a su escuela por tortuosas corredoiras alumbrándose con mollos de palla encendidos a modo de linternas.

Pero para un chico inteligente y estudioso como él, aquellos primeros estudios que impartía su madre no eran ni con mucho los últimos a los que podía acceder. Sus padres lo sabían, por lo que decidieron enviarlo a Coruña, donde cursó el bachillerato, y, por influencia materna, también la carrera de Magisterio. Con su formación profesional concluida, a Luis le advirtieron de que todavía era demasiado joven para poder opositar. Ser inteligente y joven era un binomio no demasiado bien visto por los que necesitaban de todos sus esfuerzos para hacer una carrera que a otros les resultaba un paseíllo.

Este contratiempo llevó al joven maestro a trasladarse a Santiago de Compostela para entretenerse estudiando una segunda carrera, que no será otra que la difícil y exigente licenciatura de Químicas. Su elección se debió, como él mismo confesó años más tarde, a que le “gustaban las ciencias, y era la única carrera que había en Galicia”.

Luis Castedo volverá a destacarse en la facultad del campus compostelano, al convertirse en el único de los 17 jóvenes licenciados de la promoción de 1962 que logre el codiciado premio extraordinario de fin de carrera. Conscientes de su enorme potencial, sus profesores le ofrecieron la posibilidad de mejorar su formación cursando el ciclo de doctorado en Química Orgánica bajo la dirección del profesor Ignacio Ribas. El brillante alumno no les defraudó, y consiguió, además, el premio extraordinario de doctorado del año 1966.

De aquel periodo estudiantil, el doctor Castedo recordará la vida apacible y sencilla que se disfrutaba en la, por entonces, aldea más grande de Galicia, en palabras del profesor Otero Pedrayo, y cuya identidad estaba íntimamente unida a los designios de la Universidad y de la Iglesia. Pese a ello, durante los años 60, empezaron a producirse pequeños cambios en la vida de los españoles cuyo efecto mariposa dio lugar a toda una serie de sinergias políticas posteriores en las que estos jóvenes universitarios tuvieron mucho que ver. Y uno de ellos fue el doctor Castedo Expósito, como así lo demostró cuando se propuso buscar nuevas metas para su especialización en una de las mejores universidades del mundo científico: Cambridge. Hasta allí llegaría el ortegano acompañado por su mujer Minia Ribas Barceló y su primer hijo, Luis, en 1966. Con ellos habrá de compartir las becas que el Ministerio de Educación y Ciencia y la Fundación Juan March le habían concedido. Durante los tres años siguientes Luis se dedicará a desarrollar su proyecto de investigación sobre la síntesis total de alcaloides indólicos bajo la supervisión del doctor Harley-Mason. Una labor que realizará en el prestigioso Departamento de Química dirigido por el Premio Nobel Lord Todd.

Tras verificar muchas fórmulas y experimentos, Luis retomará el camino de regreso a Galicia con su mujer y sus, ahora, dos hijos, Luis e Ignacio. Ya en Santiago, ejercerá, primero, como profesor adjunto contratado, en 1970, y, dos años después, como profesor agregado interino en su antigua facultad, un puesto que no mantendrá por mucho tiempo ya que, ahora sí, tendrá edad suficiente para poder opositar, aunque esta vez no lo hará a una plaza de la enseñanza primaria sino de la superior, donde obtendrá la plaza de profesor agregado de Química Orgánica Biológica en la Universidad de Bilbao en 1972. Y nuevamente el joven profesor tendrá que hacer sus maletas para dirigir su destino hacia la capital vizcaína donde pasará los tres años siguientes, tras los que regresó definitivamente a Galicia, desarrollando, a partir de entonces, todas sus tareas profesionales en la Facultad de Ciencias Químicas como catedrático del área de Química Orgánica.

Todos aquellos años previos de formación y experimentación científica le sirvieron a Luis Castedo para perfeccionarse como químico, a la vez que para adquirir nuevos contactos con otros colegas que serán muy beneficiosos para su futuro. De su paso por la universidad inglesa, Luis se trajo los nuevos conocimientos en las técnicas instrumentales más avanzadas del momento para el estudio de la Química, algo que le sirvió para crear y configurar uno de los grupos de investigación más dinámicos de España, que hoy cuenta en su haber con una producción científica ingente, que ha visto desarrollada a través de 79 tesis doctorales y de cerca de 500 publicaciones en las revistas científicas más prestigiosas del mundo.

Pese a todo sus éxitos profesionales, su prestigio y sus capacidades no quedaron confinadas al ámbito científico, sino que también fueron apreciados por personas ajenas, como fue el caso de la conselleira de Educación, María Jesús Sainz, que lo requirió para hacerse cargo de la Dirección Xeral de Ordenación Universitaria e Política Científica de la Xunta de Galicia, un puesto en el que será ratificado por sus sucesores Xavier Suárez Vence y Aniceto Núñez García, a pesar de que estos no pertenecían a partidos afines a su mentora. Esto fue debido, sobre todo, a que el cargo estaba hecho a la medida de todo un conocedor de los entresijos de la universidad gallega y de los vericuetos de las españolas y extranjeras como era él. De hecho, el doctor Castedo le imprimió un importante impulso al desarrollo científico de Galicia desde este cargo, poniendo en valor su teoría de que la investigación es la mejor inversión social que se puede realizar. Una teoría ya contrastada por las universidades más punteras del mundo durante las pasadas décadas, y que gracias a ello habían logrado transformaciones y avances muy importantes en sus respectivos países.

Otro hecho trascendental de su periodo en la Xunta de Galicia fue la transferencia de las competencias universitarias del Estado a la Comunidad autónoma. Un relevante acontecimiento que se produjo durante la presidencia de Gerardo Fernández Albor, y con Carlos Pajares como rector de la USC. Esta nueva facultad posibilitará que durante el siguiente gobierno de la Xunta, presidido por Fernando González Laxe, se pueda tramitar una ley universitaria propia, que será conocida por el acrónimo de LOSUGA (Ley de Ordenación del Sistema Universitario de Galicia), y en la que Luis Castedo tendrá un papel muy relevante.

Entre las consecuencias más sobresalientes surgidas del nuevo marco legal estuvo el proceso de implantación de las universidades de Vigo y A  Coruña, y con ellas de numerosos campus a lo largo y ancho de toda Galicia que permitieron acercar la enseñanza superior a un grupo muy importante de jóvenes. De hecho, hasta el momento en que se crearon las nuevas universidades, la población  universitaria del campus compostelano oscilaba entre los 35.000 y los 40.000 estudiantes, una cifra que a partir de entonces se verá superada con creces hasta casi alcanzar los cien mil alumnos.

Esta no fue la única incursión que el profesor Castedo hizo en el mundo de la política, ya que, desde muy joven, había estado compatibilizando su labor docente con otros cargos importantes de las universidades para las que trabajó, como los de director del Departamento de Química en la Universidad de Bilbao y del Departamento de Química Orgánica en la USC, o de director del Colegio Universitario de Ourense y decano de la Facultad de Química de la USC, así como también aceptó la presidencia del Grupo de Química Orgánica de la Real Sociedad Española de Química.

Gracias a su buen hacer, Luis Castedo obtuvo un reconocimiento social y científico, que le fueron avalados con la concesión, entre otros, del Premio de Investigación, que otorga la Real Sociedad Española de Química; el Premio Galicia de Investigación Antonio Casares y Rodrigo, considerado el máximo galardón al que puede aspirar un investigador gallego, y que le entregó Manuel Fraga en 2003; el de Colexiado Distinguido, que le fue adjudicado en 2009 por el Colexio Oficial de Químicos de Galicia; el Premio GEPRONAT, establecido para recompensar la excelencia en la investigación de los productos naturales, y que él recogió en 2012, o el más emotivo, el de doctor honoris causa que le ofreció en 2009 su siempre respetada y admirada Universidad de Bilbao, ahora renombrada oficialmente como Universidad del País Vasco.
Hay que destacar, además, su gran capacidad en la formación de sus colegas, como lo acredita el hecho de que de su grupo hayan salido más de 20 catedráticos de universidad, que durante sus años de ejercicio han obtenido importantes premios, así como su liderazgo en la presidencia de diversos congresos científicos y del Grupo Especializado de Química Orgánica de la RSEQ o su participación en conferencias internacionales en universidades de Estados Unidos, Alemania, Francia, Suecia, Holanda, Bélgica, Chile, Argentina, Portugal, Reino Unido, Irlanda, Colombia (Bogotá), España y México .

Por otra parte, su amplia reputación internacional también le supuso su incorporación a consejos editoriales de publicaciones tan prestigiosas como European Journal of Organic Chemistry, Current Organic Chemistry, Letters of Organic Chemistry, Current Organic Synthesis, Arkivoc, Natural Products Research y The Open Organic Journal, además de ser acreditado como miembro de la Royal Society of Chemistry, la American Chemistry Society y la Real Sociedad Española de Química, o elegido como evaluador de proyectos científicos nacionales e internacionales.

Desde el año 2009, el ilustre ortegano ha venido celebrando sus días de vida jubilar, primero, como profesor emérito y, después, como profesor ad honorem, en la Facultade de Química, en la que sigue subrayando su galleguidad por los nombres autóctonos que en su día atribuyó a los alcaloides descubiertos, y que al resto de los gallegos nos suenan tan familiares como arosinina, luguina, celtina, celtisina, breoganina, oxocompostelina, noiaína e viguina, así como catalina, ribasina y ribasidina. Como el mismo reconoció, esta fue su peculiar forma de dar a conocer Galicia en el ámbito científico fuera de nuestras fronteras.

En el aspecto familiar, además de los dos hijos ya nombrados, la familia Castedo-Ribas ha tenido otras dos hijas. El mayor, Luis, nació en Santiago de Compostela; estudió Ingeniería de Telecomunicaciones en la Universidad Politécnica de Madrid, en donde también realizó su doctorado. Pero su deseo de regresar a Galicia le hizo trasladarse a la Universidad de A Coruña, en donde ejerce de catedrático en la Facultad de Informática. En 2011, presentó su candidatura al cargo de rector de su universidad, pasando a la segunda vuelta en competencia con el actual rector, con el que perdió la pugna por menos del 1% de votos emitidos. Está casado con la doctora canaria en Derecho, Milagrosa Ferrera López, que ejerce de profesora de la UNED en Viveiro y A Coruña, y que compatibiliza con su bufete. El matrimonio tiene un hijo.
El segundo hijo del doctor Castedo es Ignacio, que nació durante su estancia postdoctoral en Cambridge; estudió arquitectura en la Universidad de A Coruña y, en la actualidad, ejerce de arquitecto en Londres.
La siguiente es Catalina, que, al igual que su hermano Luis, nació en Santiago de Compostela, donde cursó Empresariales y Administración de Empresas (ADE). Tras pasar varios años en distintas compañías de Irlanda y Holanda, acabó trasladándose a Madrid, donde trabaja para la empresa de bebidas espirituosas Diageo.

Su cuarta y última hija es Elena, que nació en Guecho (Vizcaya); se formó en la Facultad de Odontología de la USC, donde se especializó en Ortodoncia. Actualmente desempeña su profesión en su clínica de Santiago de Compostela. Está casada con Eloy Morán Méndez, auditor del Consello de Contas de Galicia, con quien tiene dos hijos, una niña y un niño.
Por último, hay que indicar que el matrimonio de los padres de Luis le dieron dos hermanos, Maruja, que falleció a la temprana edad de tres años, y Juan Manuel que ingresó, en 1959, en la Compañía Telefónica, para, ocho años después, ascender al puesto de jefe de Centro, en Ferrol, y en 1974 ocupar el de delegado provincial en la capital de las Burgas. Posteriormente, en 1983, fue nombrado subdirector de la Zona Noroeste, con domicilio en Zaragoza, y seis años más tarde, terminó su itinerario profesional como subdirector provincial de Vizcaya, pasando a residir en Bilbao, donde se jubiló y todavía vive. Su único hijo se llama Juan Fernando, es médico en un hospital de Vitoria y está casado con Idoia, médico de familia en el País Vasco, con la que tiene dos hijos.

Otros méritos
Padrino de 3 premios Nobeles que participaron en el programa ConCiencia (Barry Sharpless, Roger D. Kornberg y Ada E. Yonath).
Presidente del Comité de Asesores Expertos de Ciencias Experimentales de la ACSUG
Miembro del Comité Evaluador de la Agencia Valenciana.
Ayuda Iberdrola del progama Profesores Visitantes Iberdrola Ciencia y Tecnología (1998).
Medalla del ICSN (CNRS) (Francia) (2000).
Medalla de Honor del Instituto Universitario de Bio-Orgánica Antonio González, Universidad de La Laguna (Tenerife).
Insignia de Oro de la Universidad de Santiago de Compostela, 2009.
Insignia Fonseca de la Universidad de Santiago de Compostela, 2009.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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