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Orteganos: Ramón Bascoy Pérez

martes, 11 de febrero de 2014
Autor de la obra 'La comarca del Ortegal en el II milenio antes de Jesucristo'.

Ramón Bascoy nació en Ortigueira el 23 de octubre de 1899. Fue hijo del secretario del Ayuntamiento de Ortigueira, Donato Bascoy Villasuso y de su esposa Dolores Pérez Villarnovo.
Su infancia va a transcurrir en Ortigueira, realizando sus primeros estudios en la escuela que ya entonces dirigía el maestro José María Lage Martínez. Y donde a buen seguro escribiría en el primer periódico escolar español, denominado inicialmente El Gallego y que, a partir del segundo número, recibiría el nombre más ajustado de El Escolar, donde también lo hicieron Pita Romero y otros destacados orteganos.
Una vez superados sus estudios de Bachiller, el joven Ramón se trasladará a Madrid , en 1915, con el fin de preparar las difíciles oposiciones al acreditado Cuerpo de Correos. Durante su estancia en la capital, residirá junto a otros jóvenes de diferentes lugares de España en una pensión que hará de segundo hogar para todos ellos. Allí el comunicativo y emprendedor ortegano iniciará unas fructíferas relaciones que terminarán cuajando en unas amistades para toda la vida. Sin embargo, los momentos de diversión son pocos todos ellos, que deben estar muy centrados en unos estudios con los que pueden lograr un puesto que les permita una vida plena.
El 8 de agosto del año siguiente, Ramón se enfrenta a su primera prueba, un ejercicio sobre la Geografía postal de España y la legislación del servicio interior de Correos. Como siempre, los opositores son muchos, las plazas pocas y el examen duro, pero la mente de Bascoy había retenido todas las claves de los temas, por lo que lo pasó sin grandes dificultades. Tras él llegó el segundo, esta vez sobre legislación internacional, contabilidad especial de Correos y geografía postal universal. Tres huesos duros, a los que se les añadía el inconveniente de que le tocó nombrar los ciudades de la Rusia presoviética, que entonces se distinguía entre europea y asiática, y estos estaban escritos en su idioma original, aunque con la grafía latina y no cirílica, menos mal. Con su superación, Ramón tenía ya un pie en su nuevo trabajo, pero para poder ingresar como funcionario del Ministerio de Gobernación, en donde residía el organismo postal, necesitaba superar todavía un tercer ejercicio, el de lengua francesa, idioma que en aquellos inicios del siglo XX era el que dominaba el correo internacional y que pronto dejaría su lugar al inglés. Además, en esta última fase, se debería pasar por los exámenes de contabilidad mercantil y teneduría de libros. Las casi tres semanas que transcurrieran tras su último examen, le dieron tiempo a repasar todos sus conocimientos y así poder conseguir finalmente superar la prueba el 18 de septiembre.
El ingreso de Ramón en el funcionariado español se producirá más de un año después, el 7 de diciembre de 1917. Las cosas de palacio siempre fueron despacio, incluso para los propios funcionarios. Pero esta vez, al menos, no tendrá que desplazarse a Madrid para tomar posesión de su plaza, que tendrá lugar en la oficina principal de Correos A Coruña.
Pocos años después de empezar su actividad laboral, el Estado le llamará para cumplir con lo que entonces se consideraba un deber inexcusable, y que hoy tiene carácter voluntario: el servicio militar. En octubre de 1921, su regimiento es movilizado desde Ferrol. Un lugar al que volverá ya como funcionario postal, y del que nuevamente deberá partir para un nuevo puesto. Esta vez en la estafeta de Correos de Valdepeñas de Jaén. Tenía entonces 26 años y su vida discurría con grandes avatares. Un buen momento en el que entrará en estrecha relación con una joven de la localidad, Lola de Luna Aparicio, que tras seis años de noviazgo se convertirá en su esposa merced a las bendiciones del cura y pariente de la familia de la novia Antonio Casás Iglesias, que para cumplir con los contrayentes ha de trasladarse desde su parroquia coruñesa de Barallobre hasta la jienense.
El joven matrimonio tuvo a su primera hija el 13 de febrero de 1933, por lo que su bautismo se celebró en plenos carnavales. Este hecho que provocó que, al desplazarse hacia la catedral de la capital de la provincia aceitunera, la indumentaria de los asistentes se confundiera con los grupos de gente disfrazada que pululaban por las calles, lo que irritó seriamente al abuelo de la criatura. Una situación paradójica que posteriormente se transformaría para la familia en una anécdota graciosa, que siempre fue recibida con hilaridad de sus oyentes.
Durante el tiempo que Ramón Bascoy permaneció en Jaén, además de ocuparse de su trabajo, se dedicará a dar clases particulares a los opositores a Correos durante su tiempo libre. Según su hija Mariluz, todos sus alumnos lograron aprobar los exámenes de sus respectivas convocatorias. Esta tarea de preparador de carteros, además de reportarle a Ramón un sobresueldo, también le pondrá en el camino de editar sus apuntes, algo que hará en 1932 con la colaboración de su amigo y compañero en tareas postales Julio Nieto Viñas. Su primera obra de carácter profesional se publicará con el título de Tratado de legislación de Correos. Servicio postal internacional ajustado al programa para ingreso en el Cuerpo Tratado de Legislación de Correos. Tras este primer manual, ambos colegas sacarán al año siguiente otra libro que lo complementará, y que titularán Legislación internacional de Correos: Cien ejercicios, ejemplos y problemas razonados de aplicación práctica de los Convenios y acuerdos internacionales.
El primero de sus trabajos será considerado como una obra muy interesante por el Ministerio de Comunicaciones del III Reich, por lo que ordenará que se traduzca al alemán para la formación de sus profesionales.
El asesinato de Calvo Sotelo, el 13 de julio de 1936, marcará un antes y un después en la vida de la familia Bascoy de Luna, pues los tres miembros regresarán a Ortigueira, donde serán acogidos por sus los padres de Ramón a la espera de que se resuelva la inestabilidad social que trastoca la situación de la vida española en esos momentos. Días después, el Ejército nacional tomará las calles y entrará en conflicto con el Gobierno y la sociedad civil desembocando en la Guerra Civil. Durante sus primeros meses, la familia permanecerá en Ortigueira , pero luego se trasladará Oviedo, donde a Ramón le asignan su nuevo puesto.
Durante los años de la contienda, los traslados laborales de Ramón fueron casi continuos. De su destino en la capital del Principado, le siguió el de Burgos y a éste el de Sevilla. Tras acabar la guerra, se trasladó con la familia a Madrid, en donde, en 1941, y por sorpresa, nació su segunda hija, Mariluz.
Un año más tarde, Ramón y su fiel Julio Nieto publicarán su tercera obra en común, que titularon Legislación internacional de correos: Cien ejercicios, ejemplos y problemas razonados de aplicación práctica de los convenios y acuerdos internacionales vigentes. Esta no sería su última publicación en la que compartirían su autoría, ya que en 1950 editarán Historia universal del correo a la que sumarán los esfuerzos intelectuales de José Mª Dorna Estrada, Ángel Pérez Palacios y Emilio García Rojo. Esta recopilación histórica tuvo una muy buena acogida tanto entre los profesionales como entre las instituciones que le brindaron todo tipo de elogios. Entre los primeros hay que destacar al médico y académico Gregorio Marañón, al duque de Alba o José María Pemán, mientras que entre los segundos, sería reconocida por la RAE, el Instituto de Cultura Hispánica, el Instituto Británico o el Instituto del Libro Español, entre otros muchos.
Todos años pasados en Madrid en la Dirección General de Correos, serán sólo interrumpidos por la estancias veraniegas en Ortigueira con su familia. Unas vacaciones que siempre se iniciaban el día 25 de julio con la visita previa al reverendo Casás, el cura que había oficiado su boda, y que seguía regentando la parroquia de Barallobre desde su casa rectoral. Su regreso a la mansión paterna se producía con el comienzo de las fiestas, en las que ya daban rienda suelta a sus largas y entretenidas comidas que se alargaban por tardes enteras, en que se iban desgranando todos los asuntos propios y ajenos que habían producido durante sus largas separaciones. A ellas se sumaban familiares y amigos llegados de todos los lugares, lo que hacía más amenas las tertulias.
El entretenimiento favorito de Ramón Bascoy durante sus días de descanso era ir de un lado para otro tomando nota de cuanto encontraba curioso o interesante, hoy en Cedeira, mañana en Viveiro, pasado en Ferrol… Pero también pasaba mucho de su tiempo escribiendo sobre la que iba a ser su obra más personal y reflexiva: La comarca del Ortegal en el II milenio antes de Jesucristo. Esta obra le fue publicada por David Fojo, primero por entregas en su semanario La Voz de Ortigueira, y más tarde en formato libro, del que editaría hasta seis volúmenes, a partir 1954.
La hipótesis de la que parte Bascoy es la de que “Ortigueira y su Comarca más concretamente el eje costero CEDEIRA-ORTEGAL-BARES fue una zona habitada durante siglos por griegos oriundos de Ortygia, llamada después Efeso, en el Asia Menor, que arribaron a estas costas en años del II milenio antes de Jesucristo. En virtud, no somos descendientes de fenicios, ni de celtas, ni de romanos, ni de suevos, ni de godos. Todos estos pueblos vivieron, en efecto, más o menos tiempo cada uno, en tierras de Galicia, pero nuestra Comarca existía con nombre propio y estaba ya habitada por griegos, bastantes siglos antes de que el más antiguo de aquellos pueblos hiciese su aparición en la historia”.
A través de sus seis volúmenes, Ramón Bascoy tratará de confirmas su presupuestos. Unos volúmenes que el lector podrá diferenciar, primero visualmente, por su color, y después por su contenido, tras su lectura, y que se corresponden con la siguiente estructura. El primero, de color naranja, recoge las hipótesis sobre las que versará la obra, y que partirá de poner en el mapa a Ortigueira por medio de 83 exposiciones y señalando como uno de sus argumentos más decisivos para él un antiguo escudo de la villa que no se corresponde con el actual, y del que extraerá sus propias conclusiones.
El segundo volumen, de color verde, se despliega todo tipo de argumentos basados en las concepciones mítico-religiosas imperantes en la zona que, según él, tienen sus orígenes en lo remotos tiempos de los colonizadores griegos del II milenio.
El tercer tomo, de color marrón, abunda en dos aspectos físicos importantes para las explicaciones de Bascoy, por un lado la figura pétrea de la Muller Mariña, que según él no es una escultura natural sino una representación cincelada por el hombre, y el Coido (Koido, para él) de Bares.
El cuarto volumen, de color azul, fija su atención en las navegaciones de los barcos primitivos hacia el cabo Ortegal y la Estaca de Bares, y que para Bascoy simbolizan la muerte y la vida para la cultura griega del momento estudiado.
El quinto, de color rojo, se refiere a los lugares más emblemáticos del Ortegal, viendo en ellos simbologías que analiza desde la perspectiva griega.
La metodología empleada por Bascoy siguió la línea de otros autores del siglo XIX, como Fulgosio o Vicetto, pero que en el momento en que él inició sus trabajos ya no era la más adecuada para los investigadores históricos de su tiempo. Éstos seguían unos cauces más empíricos y que ya no partían de estudios analíticos de la Filología o de la Heráldica de los topónimos. Entre estos se encontraba el también ortegano Federico Maciñeira, que había fallecido 11 años antes de la edición del primer volumen de Ramón Bascoy. Un investigador que introdujo muchos métodos experimentales para buscar las soluciones apropiadas a los enigmas con los que se fue encontrando, además de estudiar, compartir y contrastar científicamente sus hallazgos con otros estudiosos de la Historia y la Arqueología.
De cualquier modo, la obra de Ramón Bascoy tiene el mérito de haber recopilado muchas de las leyendas, mitos y ritos que se daban en la Comarca del Ortegal, lo que es un hecho destacable para aquellos investigadores que deseen obtener datos de la Antropología Cultural de la Comarca del Ortegal.
En 1962, el Gobierno le va a reconocer con su nombramiento de Jefe Superior de la Administración Civil por sus 42 de buenos servicios prestados en el Cuerpo de Correos, el más alto grado que hasta aquel momento se le concedía, y que le suponía un incremento de salario, además de una condecoración, y que entre sus funciones estaría la de asesoramiento en virtud de su larga trayectoria y experiencia.
Al año siguiente, su hija Lolín, que contaba por entonces 30 años, decidió entrar en la hermandad religiosa de los Sagrados Corazones. La decisión le supuso un gran disgusto, pero no se opuso, ya que desde la mayoría de edad de sus hijas siempre había respetado sus opciones, máxime, cuando éstas habían sido reflexionadas y estaban en coherencia con sus valores.
A pesar de ello, su ánimo se resiente y el día en que sui hija ingresa en la orden religiosa, 1 de febrero de 1964, a él le da un infarto a la salida del trabajo. Desde ese momento, Bascoy ha de dejar su trabajo para recuperarse en su casa, en donde acabará siendo asistido por uno de sus amigos y compañeros de sus años de opositor a Correos y que se ha convertido con el paso del tiempo en un gran cardiólogo y excelente amigo.
El tiempo de descanso lo aprovechará para poner en orden los apuntes que ha ido recopilando con la información que desea editar como el sexto tomo de su obre sobre la Comarca del Ortegal y que titulará Páginas de nuestra historia.
En 1966 decidió jubilarse, para ocupar los últimos años de su vida disfrutando de los largos paseos por Ortigueira, compartiendo conversaciones con sus amigos y recorriendo los lugares que siempre le causaron admiración. Pero la jubilación no acabó de llegarle, pues durante los días en que se encontraba tramitando el papeleo que le convertiría en un miembro del grupo de retirados le asaltó un nuevo infartó que acabó con su vida mientras dormía la noche del 17 al 18 de mayo.
Desde entonces sus restos reposan en el panteón familiar de los De Luna en el camposanto de La Virgen de la Almudena, en la capital de España.

Texto de José Manuel Suárez Sandomingo
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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