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Fue José Luis Baltar, presidente del PP en Ourense, quien definió el XI Congreso del PPdeG como el de la "estabilidad y confirmación de un proyecto para Galicia". Sus palabras dicen lo que pretendió ser, lo que fue, pero no lo que muchos esperaban que fuese o que, por lo menos, pudiera ser: se habló del pasado y del presente del partido en Galicia haciendo hincapié en temas considerados trascendentales para la sociedad (defensa de la identidad a través de lo que el PP denomina "galleguismo constitucional e integrador", el Pacto Local, el bienestar y las oportunidades, o sus propios estatutos), pero sin abordar el tema que más interesa a los militantes y no vinculados con el partido: su futuro. Lo definió Baltar: ESTABILIDAD, porque mientras Fraga lleve el timón el PPdeG seguirá dando una imagen de unión con su líder indiscutible e indiscutido, aunque esa cohesión interna apenas exista ya ni siquiera alrededor de los considerados "barones" del partido. Fue, sin embargo, el congreso de la estabilidad del líder, de las ideas (con ponencias que asumieron e incorporaron la mayoría de las enmiendas presentadas y que fueron aprobadas por unanimidad), del discurso (centrado en las ideas y proyectos sin hacer leña del árbol caído en torno a una oposición perdedora de los pasados comicios autonómicos) y de las formas (más de mil afiliados rebosaron la capacidad del Auditorio de Galicia en un deseo de estar entre los suyos). Y CONFIRMACIÓN, porque se han cumplido los pronósticos "reservados" y nadie se ha salido del guión; porque las palabras de los diferentes líderes del partido incidieron en la idea de que el PPdeG se ha asentado como partido de referencia de la mayoría social gallega, porque se ratificaron las posturas del PPdeG en torno a temas que suscitaron agrias polémicas como la idea de galleguismo, la presencia de Galicia en la UE y la apertura de diálogo institucional con la oposición, y porque se cumplieron las expectativas de esta reunión: un encuentro concebido a imagen y semejanza del reciente congreso nacional con el que mantiene algunos puntos de conexión: en ambos casos el PP gana unas elecciones (generales y autonómicas) por mayoría absoluta, y en ambos casos sus líderes (Aznar, por razones personales y de coherencia política, y Fraga por ley de vida) ponen fecha de caducidad a sus mandatos, pero no quieren abrir la caja de pandora de su respectiva sucesión. Por supuesto, no se cumplieron las advertencias de Rajoy y el XI Congreso del PPdeG se quedó en eso: una mera cita de "autoafirmación", o lo que es lo mismo, en lo que Baltar prefirió llamar "estabilidad y confirmación". |
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