
El
fenómeno social del progresivo envejecimiento poblacional, hace que
actualmente, en Europa las
personas mayores representen
un porcentaje significativo de población, con
problemáticas diversas, a las que hay que dar necesariamente respuestas
creativas, partiendo de las necesidades reales de este colectivo.
La
atención a las personas mayores ha ido pasando de ser sólo un
asunto familiar, a ser también una responsabilidad social, que es tarea
de todos. En el momento actual, todas las personas de edad avanzada tienen
derecho a recibir la asistencia necesaria para poder llevar una vida digna.
La
situación ideal sería que la persona mayor viviese en su
domicilio, rodeada de sus familiares, amigos y allegados, disfrutando de las
cosas que su entorno habitual puede ofrecerle.
Teniendo en
cuenta esta premisa, se debería trabajar en la potenciación de
recursos intermedios (servicio de ayuda a domicilio, viviendas adaptadas,
centros de día, programas de formación y apoyo a familias,
acogimiento familiar, estancias temporales, voluntariado, etc.), que
posibiliten la permanencia de la persona mayor en su hogar durante el mayor
tiempo posible.
Sin embargo,
hay tener en cuenta que un porcentaje de personas mayores vive
institucionalizado y la creciente demanda de plazas (especialmente asistidas) y
la consiguiente existencia de
amplias listas de espera para ingresar en este tipo de plazas, hace pensar en
un paulatino incremento de centros de este tipo, si no se ofrecen a las
personas mayores otras alternativas para su asistencia y atención.
Las
expectativas actuales relativas al aumento de las situaciones de dependencia de
las personas mayores requieren de todos los agentes sociales y de los
profesionales un esfuerzo mantenido y contante en este área.
En el mejor
de los casos, aunque se avanzase notablemente en la aplicación de otras
alternativas de atención, quedará un porcentaje de personas
mayores, para las que por diversas
circunstancias (grado de deterioro físico y psíquico, carencia de
vivienda, falta de apoyo familiar,
soledad, etc.) la asistencia institucionalizada tiene sentido e incluso
será la única alternativa viable.
Refiriéndonos a la forma de
abordar la atención en residencias, no debemos olvidar que la persona no
sólo es “bio”, sino que también tiene una
dimensión psicológica y otra social, que afloran con más
fuerza, si cabe, en la persona mayor ingresada en una residencia, siendo
áreas sobre las cuales los profesionales del medio residencial deben
trabajar, para evitar, en lo posible, los efectos perversos que la
institucionalización puede producir.
A pesar de
que la atención preferente a los aspectos biológicos está
siendo equilibrada y de que el reconocimiento de la interacción
biopsicosocial obliga a dar paso a un amplio abanico de posibilidades de
intervención ante problemas
que tradicionalmente han recibido un tratamiento unidireccional, sigue
existiendo una descompensación entre las necesidades de las personas
mayores y las respuestas que se dan a éstas desde el ámbito de la
intervención psicosocial.
Así
pues, el trabajo interdisciplinar es una condición esencial para la
superación de una concepción meramente asistencialista y
compartimentalizada de la atención a las personas mayores.
En el medio residencial, además de ser imprescindible una coordinación entre los distintos
departamentos y profesionales, que supone que no se estorben entre sí,
que sean compatibles, es necesaria una complementación, que va
más allá y se refiere al apoyo entre unos programas y otros, unas
intervenciones y otras, y que debe ser flexible, adaptándose a las
necesidades de los residentes.
CONTINUARÁ............
por Dña. Begoña Celeiro Lolo