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Et lux perpetua luceat mei

martes, 26 de marzo de 2013
Pues sí, queridos amigos, había dejado los pasados meses de publicar, que no de escribir, porque entendí que hacerlo, en nuestra España de los últimos tiempos, era un acto de soberbia contra el pueblo lector, ese precisamente que se cree soberano y es un esclavito no solo del gobierno, de los políticos, sino de los que a lo peor los embaucan como son ese enjambre de mercenarios de la pluma, lápiz o bolígrafo que por el simple hecho de titularse periodistas se creen con el derecho a hablar y escribir de cualquier tema que se les presente, pontificando, ignorando la mayoría una sola idea de lo que dicen con lo cual su misión de informar, la vulneran tratando, en su ignorancia, de formar a la “opinión pública” entendiendo por tal lo que se refiere a los que a diario se dedican a la “toma de la Bastilla” porque su incapacidad de formar, no estándolo ellos mismos, deforman a sus lectores, oyentes o videntes.

Hoy me tomo la libertad de escribir unas líneas solicitando disculpas y perdón por ocupar un espacio que otras plumas más autorizadas atraerían más y mejores lectores pero, aviso para navegantes, salvo escarceos puntuales, no recaeré fácilmente en la tentación de reincidir así que tranquilas las plumas en cola para publicar que las esperas por mi causa no llegarán a tener la entidad de las que impone la seguridad social para intervenciones quirúrgicas, ni siquiera para consultas.

La razón de estas líneas estriba en que de sus propios labios he oído al jesuita Papa Francisco decir “Non lasciatevi rubare la speranza” frase que, como en un “De Profundis” a un moribundo, la soflama papal “No os dejéis robar la esperanza” me invadió si es que aun la tengo, al núcleo de mi conciencia.

A quienes tuvimos entre otras muchas dichas terrenales la de poder meditar ante su sepulcro en Ravena la frase del Dante en boca de Caronte, el fluvial transportista de los condenados al Averno “Lasciate qui ogni speranza”, “Perded toda esperanza” (todos los que aquí llegáis), las palabras del Pontífice italo-argentino, suenan bien. Como a primavera musical de Vivaldi o a un concierto “allegro vivace” de Liszt, como a otro nacimiento pictórico cual también el de la primavera de Botticelli, enfin, en su puesto, en función de su ratio officii, es decir, por razón de su cargo. Él, portavoz del otro El, que es El que es, nos amonesta para que no permitamos que nos roben la esperanza.

Y nos lo dice alguien que viene de un país donde tener fe debe ser un milagro, esperanza como no sea en la vida eterna, de difícil comprensión y gracias si quizá solo cerca de media población argentina vive de la caridad.

En verano va a acudir a las JMJ a Brasil. Son precisamente los argentinos quienes califican al país brasileño como el de la “eterna esperanza”. Brasil desde hace décadas trata de convencer a sus ciudadanos con el grito de “Brasil para frente”, de que tengan esperanza…y parece que la siguen teniendo al menos para vivir en ella aunque no se sepa cómo. Pero seguirán teniendo esperanza y más tras la visita del papa este verano.

Los porteños gracias al general Perón y a sus sucesores pues en Argentina todos, derecha, centro e izquierda son peronistas, están infestados especialmente en la capital de “villas miseria” en donde el Papa Francisco desarrolló su cristiana misión.

Les pide a los jóvenes que no se dejen robar la esperanza.

Cuando Camus ponía en boca del emperador romano Calígula la terrible frase según la cual “los hombres mueren y no son felices” estaba refiriéndose en mi modesto entender aparte de otras causas a la desesperanza.

Ahora Santidad, me viene a la mente aquella grandiosa poesía del vate caribeño centroamericano Rubén Darío titulada “Los Motivos del Lobo” donde describe al patrocinador de tu apelativo como: “el varón que tiene el corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís…frente a un torvo animal” que ni más ni menos era el Lobo de Gubbia. Como muy bien sabes, Santidad, ambos interlocutores, Francisco y el lobo llegaron a un trato según el cual el fiero animal dejaba de atacar a los vecinos del pueblo, sus bienes y ganados y, en trueque, aquellos darían alimento especialmente en el crudo invierno al animal de suerte que no tuviese el hermano lobo que sufrir ni padecer hambre. Pero al cabo de algún tiempo, Santo Padre Francisco, el hermano lobo volvió a las andadas y cuando el pueblo protestó al Mínimo y este a su vez conminó al lobo, recibió la única respuesta real y verdadera. Era maltratado, atacado, acosado y abandonado a su suerte por los vecinos con lo que la fiera precisó retornar a sus fechorías para sobrevivir.

Yo, personalmente, Papa Francisco, he oído a más de una persona originaria del continente austral, del Cono Sur, que el Señor en su segunda venida premiaría a los que ahora sufren y padecen y castigaría por toda la eternidad a los que en esta vida les produjeron a aquellos tales sufrimientos y padecimientos. Tal parecía ser la lección aprendida o interpretada. Sinceramente esa especie de talión que, como decía San Agustín, es la justicia de los injustos, no me parece, modestamente, que deba ser la esperanza de los desesperados.

De todas formas Papa Francisco estoy contigo en que los jóvenes no se dejen robar la esperanza.

Pero déjame decirte con la mayor humildad que tanto en tu continente de origen como en el paralelo negro como hoy, por desgracia en nuestra España, hace ya mucho tiempo que a muchos nos han robado la esperanza. Y tu lo sabes porque en la mayoría de los países del continente centro y sudamericano, como del Caribe, África y en Europa entre otros en España, los gobernantes, políticos y sindicalistas, en general pero de modo principal, nos han robado la fe, la esperanza y la justicia y los pueblos malviven de la caridad que resignadamente sobrellevan con prudencia y templanza porque fortaleza solo les resta la de los moribundos.

De todos modos, gracias Papa Francisco por tu voz que esperamos no clame en el desierto del espíritu de las nuevas generaciones y te aseguramos, algunos, nuestro pleno apoyo con nuestros nietos pero a las generaciones explotadas para las que no habrá reintegro de la esperanza esquilmada, déjanos por favor, acoger el recado sabio de tu abuela ya que nuestro sudario no solo no tiene bolsillos sino que a mucha gente, demasiada, la han dejado sin sudario siquiera.

Gracias en todo caso Papa Francisco y por favor no omitas un recuerdo, una oración por favor por los sin sudario que también, para bien, se acuerdan de tí.
Goás Chao, Domingo
Goás Chao, Domingo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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