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Recuerdo a J.L.Martín Vigil

viernes, 13 de enero de 2012
RECUERDO A JOSÉ LUIS MARTÍN VIGIL
(P. MARTÍN S.J.)

Curso 1948-1949 – Colegio del Apóstol Santiago
PP Jesuitas. Bellavista – Teis – Vigo

Entre las novedades que deparó el curso respecto al anterior aparecería un nuevo “maestrillo” el P. Martín que hacía tandem con “Pinocho” Valverde, más joven pero fallecido con anterioridad.

El nuevo maestrillo se encargó de las clases de Matemáticas y Literatura del curso. Yo cursaba 5º de Bachillerato y por tanto, la Trigonometría por un lado y la Literatura Española y Universal por otro obligaban a tenerlo en el estrado dando clase todos los días.

Venía con la aureola de haber servido en la guerra como teniente: “Necesito voluntarios para tomar aquella loma donde hay un nido de ametralladoras”. Nadie se mueve. “Es para acompañar al teniente” Todos dieron un paso adelante.

Las clases de Matemáticas tenían como objetivo fundamental solucionar problemas concernientes al “tiro curvo”. Un disparo de cañón a una velocidad equis y un destino distante y metros ¿de cuántos grados será el arco que desarrolla en su trayectoria? Siempre el tiro curvo.

De Literatura hay que recordar el machaqueo que daba tanto del Siglo de Oro Español como del francés sin olvidar a Shakespeare y su admiración por el arte en Italia. Los Dante, Petrarca, Bocaccio eran unos números en el paquete que disfrutaba comentando con verdadera delectación próximo al éxtasis.

Generoso en los exámenes pero objetivo en las notas no tenía mayores preferencias aunque desde el principio se le notó una admiración especial hacía uno de los alumnos más conflictivos del curso; probablemente el más trasto. Estaba perfectamente identificado y se identificó como el protagonista de su primera novela “La vida sale al encuentro”. Ya en la segunda “La muerte está en camino” la resaca colegial no ejerce mayor influencia.

Aquel individuo más alto de lo habitual aunque no muy alto, delgado, terriblemente miope con unas gafas gruesas y una pupila bailarina, pelo rizado y trato fácil y grato, el día 3 de junio de 1949, cuando el estreptococo se instaló en mi válvula aórtica produciendo una endocarditis que obligó a mi madre a venir a recogerme para ponerme en cura, vino al coche donde iba a viajar y “cuídate, cúrate y no te preocupes por las notas porque yo ya te las he puesto, estás aprobado por curso y no te voy a examinar”.

Fue la última vez que lo vi. A causa de la enfermedad no acudí al colegio el curso 49-50 pero el 50-51 cuando retorné a cursar sexto de Bachillerato ya lo habían destinado a Gijón a la Universidad Laboral.

En Vigo no dejó la menor estela de sus tendencias. Expulsaron de modo inmediato a dos alumnos que estaban juntos en un servicio, al parecer fumando pero nadie tuvo la menor duda de que el P. Martín pasó por Vigo de modo impoluto e intachable. Lamento no haber conocido la fecha de su deceso hace, al parecer un año, para asistir a sus exequias aunque a lo peor no las hubo. Pero mi recuerdo de él que no va a torcer ninguna noticia rosa o amarilla es que fue una gran persona, un excelente profesor y un exitoso escritor.

Y un mérito enorme: haber vivido más de noventa años y superado un ictus cerebral. Es de las personas que, con certeza, descansa en paz.
Goás Chao, Domingo
Goás Chao, Domingo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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